La consigna fue sencilla: “Crea una imagen del verano en Uruguay”. Las plataformas de inteligencia artificial generativa —ChatGPT, Gemini y Grok— devolvieron lo mismo que buena parte del imaginario colectivo: una playa, varias reposeras, algunas sombrillas, bañistas, rostros de descanso. Pero una encuesta de El Observador y académicos de la Universidad de la República revela que el 29% de los uruguayos no vacaciona en verano, y un 35% de los que sí lo hacen se toman solo una semana o menos.
Para la mitad de los menos educados —que son a su vez quienes menos ingresos perciben— la época estival no es sinónimo de receso. El 47% no se toman vacaciones entre diciembre y febrero.
Parece una obviedad, hasta podría titularse el hallazgo con un lugar común: “Dime cómo vacacionas y te diré de qué clase social eres”. Pero la medición intenta no quedarse en la simple confirmación de la hipótesis más básica, sino en la comprensión de otras razones que hay detrás: los tiempos de vacaciones, qué hicieron quienes no se fueron, y qué más nos dice el verano —o cómo se vive el mismo— sobre la sociedad uruguaya.
¿En qué se diferencian aquellos uruguayos que vacacionan en verano de aquellos que no? El voto —tanto en las elecciones nacionales como en el balotaje— no es determinante. Tampoco lo es la oposición Montevideo-interior. Ni siquiera la distancia entre edades. El sexo al nacer —se dice así porque desde la ley trans también hay que preguntar por la identidad de género— sí muestra una leve diferencia —que como se verá luego parece estar vinculado al trabajo no remunerado en ellas y el rol proveedor en ellos— y, sobre todo, hay un diferencial clave que resumió el slogan de campaña que llevó a Bill Clinton a la Presidencia de Estados Unidos: “Es la economía, estúpido”.
El sociólogo Fernando Filgueira —uno de los coordinadores de la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de la Universidad de la República que elaboró la encuesta junto a El Observador y el estadístico Juan Pablo Ferreira— lo recuerda con una anécdota.
En un congreso de organismos multilaterales en los que trabajaba, estuvo intercambiando con un representante de la Organización Internacional del Trabajo en Argentina. Era hijo de un metalúrgico que trataba de explicarle a Filgueira el alcance del peronismo, ese fenómeno populista que a veces cuesta entender del otro lado del Río de la Plata. Y su resumen fue algo así:
—Para mi familia era imposible vacacionar en esos lugares que comentaban los diarios en las coberturas del verano. Hasta que el peronismo hizo convenios con los sindicatos, con la intención de popularizar las vacaciones de los trabajadores en aquellos lugares a los que no se accedía, y terminamos con mi viejo comiendo en un hotel de Mar del Plata con manteles largos.
Hubo risas, pero Filgueira explica que en distintos momentos de la historia fue una preocupación de distintos gobiernos —de distintos colores— la extensión del derecho a veranear (y sobre todo el confort y la playa) en la temporada alta. Fue así que surgió la colonia de vacaciones de Primaria en la rambla de Malvín, los complejos o convenios de sindicatos, los programas de turismo social y hasta las escuelas de verano con excursiones incluidas.
Pero el dinero, por más que parezca opacado en las historias de Instagram que por estas fechas sesga el algoritmo, sigue siendo el diferencial para saber cómo se pasa en verano. Y sobre todo para desmitificar aquella idea de que “Montevideo está vacía”, solo a juzgar por lo que pasa al sur de avenida Italia.
El siguiente mapa divide a los 62 barrios de Montevideo según la cantidad de hogares con al menos una necesidad básica insatisfecha. Para ello se usó la clasificación del censo 2011, porque la disponibilidad de datos del censo 2023 no permiten todavía este ordenamiento. Y aunque en los promedios se esconde alguna diferencia, el escalonamiento es perfecto: cuantos más hogares con necesidades básicas insatisfechas en el barrio, menos salen de vacaciones en verano.
Hay quienes tienen licencias obligadas durante el verano. Pasa con los docentes, con la feria judicial o de la construcción. Pero incluso entre quienes no están en esos grupos y tampoco se toman vacaciones en verano, dos tercios aprovecharon para pasear en los días de más calor del año. La mitad de ellos lo hicieron “algunos pocos fines de semana”.
Entre el otro tercio, ese que no se tomó vacaciones y tampoco salió siquiera algunos días de paseo, la mitad justificó que la razón fue económica.
Sin importar el bolsillo, ¿por qué no se toman vacaciones en verano ese 29% de los uruguayos que no lo hace? Las razones parecen estar bastante divididas cuando se mira el global, pero la cosa cambia cuando se observa el sexo al nacer.
Más de un tercio de los varones que no se toman vacaciones en verano “tiene días para hacerlo, pero decide no tomarlos”. Entre las mujeres, un tercio de las que no toma un receso estival dice no trabajar en forma remunerada y las “responsabilidades en el hogar o con la familia no le permiten tomarme días libres”. Es la famosa brecha del uso del tiempo y las diferencias en el trabajo no remunerado.
El informe de la última Encuesta de Uso del Tiempo lo había señalado: en Uruguay las mujeres dedican casi dos tercios de su carga de trabajo a las tareas no remuneradas. En los varones cae a solo un tercio del tiempo.
El tiempo, ¿es tirano?
Siete de cada diez uruguayos —según la encuesta de El Observador, la UMAD y Ferreira— vacacionan en verano. Pero, ¿cuánto tiempo se toman de descanso? El siguiente gráfico muestra que el 69% lo hizo dos semanas o menos. El 35% lo hizo una semana o menos.
Y ahí empieza para algunos (y sobre todo algunas) otra incompatibilidad con el cuidado. Los estudiantes uruguayos tienen, en promedio, 12 semanas de vacaciones de verano. Es el doble de receso estival que sus pares de Reino Unido, Suiza o Alemania.
La forma en que se diseñan las vacaciones de los escolares y liceales tiene su impacto, y sobre todo su brecha de clase social. Un estudio de la Facultad de Psicología de Uruguay evidencia que, durante ese “largo” paréntesis lectivo, los alumnos descienden sus habilidades matemáticas. Y entre los hijos de madres con menos nivel educativo —léase en esos hogares con menos estímulos para el aprendizaje— el “reseteo del verano” es todavía mucho mayor.
La exdirectora y consejera de Primaria, Irupé Buzzetti, había dicho a El Observador que el calendario escolar está más pensando en función de los adultos que del interés superior del niño. De los docentes en el extenso verano. De los comerciantes o el turismo en los días de carnaval o Turismo (que suelen caer a menos de un mes de iniciado los cursos).
De los siete de cada diez uruguayos que se toman vacaciones en verano, a su vez, hay un 10% que descansó en su casa. ¿Quiénes son? Otra vez lo que mueve es el dinero: casi la mitad de ellos no acabó la enseñanza obligatoria y cuenta con menos recursos. “Es la economía, estúpido”.
¿Cómo se hizo la encuesta?
El Observador, la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de Ciencias Sociales (Udelar), y el docente en Estadística Juan Pablo Ferreira aplican a nivel masivo en Uruguay un monitoreo de la opinión pública con encuestas no probabilísticas que permiten inferencias a través de modelos alternativos.
Aquí puede ver algunas de las notas realizadas mediante estas técnicas.
Este proyecto de encuestas —anónimas y cuyos datos no son usados con otros fines que académicos y periodísticos— es una apuesta a la innovación en la aplicación de nuevos modelos de investigación social, la confección de trabajos comunicacionales de calidad e independientes (no reciben apoyo de empresas ni de políticos), y la elaboración de documentos académicos que permiten generar conocimiento.
Para este sondeo puntual fueron encuestados 2.190 voluntarios.
A continuación los detalles metodológicos: