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El nombre científico es Carpobrotus edulis, pero se la conoce como garra o uña de león. Es una especie rastrera, que crece en las dunas que se atraviesan para llegar hasta la playa. Pertenece a la familia de las suculentas, un tipo de planta carnosa que almacena agua en el interior. Parecen inofensivas, pero constituyen un problema ambiental, porque bloquean el crecimiento de flora autóctona.

Es fácil distinguir la garra de león por su forma triangular, parecida a un gajo verde. Si se parte a la mitad, asoman gotas de un líquido acuoso. Está ubicada en montículos o médanos y se extiende con rapidez en distintas direcciones, a través de raíces que quedan cubiertas por las hojas. Hay lugares en que las extensiones son tan tupidas que parecen un manto verde.

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Son oriundas de Sudáfrica, pero han viajado por todo el mundo, y en algún momento llegaron a Uruguay. En el pasado, cuando los temas ambientales no generaban la preocupación de hoy, se convirtieron en una solución a un problema puntual: impedían que la arena de las dunas se extendiera más allá de la playa y se volcara en calles y caminos, lo que podía generar problemas de circulación.

Las plantaciones de Carpobrotus edulis se colocaron entonces como barrera de contención: la arena quedaba en su lugar, aplastada por la densa alfombra vegetal. Pero, con el tiempo, se constató que esa solución de apariencia tan práctica tenía efectos negativos sobre los ecosistemas de las dunas.

Dunas movedizas

Virginia Villarino es licenciada en Geografía, Ciencias Antropológicas y directora de Ambiente de la Intendencia de Maldonado. Forma parte de un grupo de trabajo que pone especial atención a la preservación de los recursos naturales, y que impulsa una serie de planes que van desde el cuidado de los humedales hasta la creación de un Sello verde para distinguir empresas que realizan prácticas amigables con el ambiente, entre otras iniciativas.

La preocupación por los perjuicios de las garras de león aumentó con inquietudes de vecinos, en particular en playas de los alrededores de Piriápolis. Se inició entonces lo que se llama “reconstrucción del cordón dunar”, una medida que consiste en retirar las Carpobrotus edulis y plantar en su lugar especies autóctonas.

“El año pasado lo hicimos Playa Hermosa, Playa Verde, y este en Balneario Solís, Playa Verde y Las Grutas. Ahora vamos a reforzar Playa Verde, Playa Hermosa y a partir de setiembre la parada 32 de la Playa Brava de Punta del Este”, dijo Villarino a El Observador.

Sin el retiro de la “exótica invasora”, la duna no puede ser reconstruida como es debido. Entonces funcionarios municipales, acompañados de vecinos, guardavidas y a veces militares, realizan largas jornadas para quitar las especies invasoras.

La garra de león se extrae de forma manual, tirando con fuerza para arrancarla. Una vez cortada, debe quedar unas horas sobre una lona para que pierda el agua, sino es imposible moverla por su peso. Es un trabajo arduo, que requiere de la participación de no menos de diez personas. Cuando se deshidrata, los restos vegetales van a parar al vertedero de residuos ubicado en la zona este del departamento.

Especies nativas

Sacar las Carpobrotus edulis de las dunas no es un capricho ambiental. Se trata de una especie invasora que compite con las otras plantas; les consume el agua y los minerales de las dunas, e impide que reciban sol. Por eso deben ser retiradas del lugar al que llegaron por voluntad del hombre y no de la naturaleza.

“Nosotros estamos construidos sobre campos de dunas, las dunas se mueven. Somos nosotros los que estamos en el lugar equivocado. Aclarando eso, cuando la duna camina o avanza sobre zona urbana, genera temas con el tránsito, puede haber accidentes, entonces en algún momento se eligió la garra de león para frenarlo. Pero eso hay que hacerlo con un manejo adaptativo: los vas sacando selectivamente y pones especies nativas”, explicó Villarino.

En las dunas intervenidas se coloca pasto dibujante -vegetación rastrera de la región- a partir de plantines que se cultivan en un vivero del Arboretum Lussich, y de donaciones que realizan el Área Protegida de Laguna Garzón, un vivero de Playa Verde y un vecino de Piriápolis que colabora con la causa.

Grupos de guardavidas que conocen al detalle las playas, recorren la costa y detectan cuáles son los lugares más complejos. En función de gravedad de la afectación de la duna se define el orden de trabajo. A veces son los propios pobladores quienes alertan sobre el avance de la especie invasora en algún punto costero.

Las intervenciones tienen que estar prontas en octubre o noviembre a más tardar, porque esas áreas no pueden ser transitadas durante el verano mientras las plantas crecen.

A las plantaciones de especies autóctonas, agregó Villarino, se suma la colocación de cercas captoras, realizadas con hojas de palma que se obtienen en las podas. Con ellas se intenta frenar la salida de arena de la playa utilizando un elemento de origen natural. El trabajo completo insume unas 20 horas.

El vivero del Arboretum

A mediados de diciembre de 2023, el Ministerio de Ambiente y la Intendencia de Maldonado firmaron un convenio para promover en el Arboretum Lussich un proyecto de recuperación del ecosistema del cordón dunar de la costa.

Leticia Bentancur, coordinadora del Arboretum, explicó a El Observador que el ministerio colaboró con la construcción de un vivero y se comenzó a trabajar en la reproducción de especies psamófilas, que son adaptables a suelos arenosos.

En marzo del año pasado se colocó pasto dibujante en dunas de en Playa Grande y unos meses después, en un trabajo conjunto con estudiantes de Jardinería y Espacios Verdes, se logró la reproducción de 1.112 plantines de especies psamófilas.

“El 25 de setiembre de 2025 celebramos un nuevo paso en la reconstrucción de las dunas en la zona de Las Grutas, como ya lo habíamos hecho dos meses antes en Playa Verde. Este es un proyecto que nos llena de orgullo, porque no solo estamos plantando, estamos recuperando vida”, explicó Bentancur.

El vivero consiste en una estructura externa de madera y láminas plásticas, que en su interior tiene largas estructuras cubiertas de bandejas de madera para germinar las plantas, que luego se trasladan a macetas más grande para continuar su desarrollo.

“Hemos reproducido en nuestro vivero más de 2.000 plantas psamófilas, de las cuales 1.500 fueron colocadas en Las Grutas, para que vuelvan a fijar la arena y devolver el equilibrio a la costa. El Ministerio de Ambiente hizo entrega de nuevas semillas y almacigueras, que fueron sembradas en mayo y se encuentran en crecimiento. Serán implantadas en las dunas antes del inicio de la temporada, dando continuidad a las acciones de restauración y recuperación costera”, agregó.

Las dunas son un ecosistema frágil, pero esencial para sostener las playas, porque resguardan la biodiversidad y la protegen de los embates del frío y del mar.

En 1896, Antonio Lussich adquirió las 1.800 hectáreas sobre la sierra de La Ballena de Maldonado. Con los años, junto a su señora, Ángela Portillo, crearon el arboretum, un enorme bosque de especies autóctonas y extranjeras, en una zona rocosa y sin árboles.

La propuesta de Lussich, dijo Bentacur, “apuntaba a la conservación y encuentro con la naturaleza”. “Hoy, más de un siglo después, nosotros tenemos la responsabilidad de continuar esa tarea”, reflexionó.

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