El proyecto para construir un barrio de alto poder adquisitivo en la zona de Bañados de Carrasco tiene un hermano mayor en Argentina: Nordelta.
Varios puntos los unen, entre ellos, se deben destacar dos: ambos fueron planificados por el desarrollador inmobiliario argentino Eduardo Constantini y ambos fueron diseñados para construirse en una zona de humedales.
De hecho, según supo El Observador, cuando la empresa impulsora del proyecto le presentó la iniciativa a la Intendencia de Montevideo, utilizó el caso de este megabarrio privado de Buenos Aires como ejemplo de éxito de obras sobre el entorno de este ecosistema.
Constantini tiene 79 años y es la quinta persona más rica de Argentina, según Forbes. Se dedica al mercado inmobiliario y financiero, además de ser fundador del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). En Uruguay desarrolló el barrio Las Garzas, una serie de lotes de gran tamaño con casas de campo y amenities al norte del puente de la Laguna Garzón en Rocha.
El año pasado presentó en conjunto a desarrolladores uruguayos este proyecto para intervenir 228 hectáreas del noreste montevideano bajo la sociedad anónima Bislun que, según los informes técnicos a los que accedió El Observador -firmados por la constructora Gómez Platero, entre otras compañías- implicarían una inversión de US$ 1.248 millones en 15 años.
Se pretende construir 3.000 viviendas de distinto tipo, desde edificios bajos a chacras en un terreno del doble de tamaño de la Ciudad Vieja.
Grande para Montevideo, pero chico si se lo compara con el terreno que ocupan los 25 barrios privados que integran actualmente Nordelta, conformado el barrio privado más grande de Latinoamérica. Allí viven actualmente 45.000 personas. Otro de los puntos que separan ambos desarrollos inmobiliarios es que el montevideano no sería un barrio cerrado, dado que no está permitido en la capital.
Pese a la diferencia de magnitud, ambos proyectos implican vecindarios ubicados en la periferia -curiosamente ambos en el noreste de la mancha urbana- que buscan independencia del resto de la ciudad, con espacios públicos, centros de estudio, lugares culturales y templos religiosos propios.
También se contempla en el proyecto uruguayo un plan de mitigación de la afectación al ecosistema. Mientras que en Nordelta existen los “corredores biológicos” que conectan los hábitats fragmentados y ayudan a mantener la resiliencia del ecosistema, en Bañados de Carrasco se prevé la creación de un “ecoparque metropolitano” en la franja lindera a los humedales.
De todas formas, las edificaciones en Nordelta están sobre antiguos ríos, arroyos y humedales que fueron acondicionados para hacerlos habitables, algo que no está contemplado en el proyecto uruguayo. Aquí se prevé construir en las cercanías a la cuenca del Arroyo Carrasco -que en esa zona incluye el arroyo Manga-.
Al igual que ocurre actualmente en este proyecto, cuando se planificó Nordelta a finales del siglo pasado, también hubo críticas por posibles afectación al ecosistema, incluyendo un aumento de la inundaciones en las zonas cercanas y corrimiento de la fauna nativa, como los carpinchos.
En Bañados de Carrasco, por su parte, existen al menos 83 especies de aves que viven en ese ecosistema y que -según Marcelo Pérez, doctor en Estudios Urbanos y coordinador del Programa Integral Metropolitano (PIM) de la Udelar- “se van a tener que correr”.
Tal como fue informado semanas atrás, el proyecto está en manos de la Junta Departamental de Montevideo que, como primer paso, debe declarar de interés la recategorización del suelo, pasando de "rural natural" a "urbano". En caso que se alcance la mayoría simple para aprobarlo, se realizarán los estudio ambientales y urbanísticos. Luego, si se considera viable el proyecto, la Junta deberá votar nuevamente, pero esta vez con necesidad de alcanzar una mayoría especial para, efectivamente, cambiar el tipo de suelo.