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Buena parte de las paredes de la oficina que tiene Atilio Cazajoús en el “superlocal” de la empresa de repuestos que fundó en 1968, sobre la calle Galicia, está tapizada con fotos suyas junto a diferentes personalidades. Schumacher, Scolari, Fangio, Beckenbauer y Havelange se hacen un lugar junto a políticos locales. Pero si a Cazajoús le preguntan cuál es su preferida, toma un portarretratos y muestra una foto donde se lo ve con el actual presidente no ejecutivo del consejo de administración de Santander Uruguay, Jorge Jourdan, y el reconocido futbolista brasileño Pelé. “Siempre tuve admiración por el negro”, dice. Lo suyo no es la oficina. Prefiere estar en el local. “A mí me dicen ‘el empresario Atilio’. No. Yo soy comerciante”, asegura enfático quien construyó de cero una empresa que hoy tiene ocho locales, opera en zona franca en Florida y emplea a 160 personas a quienes machaca la frase “acá el ‘no hay’ no existe”.

¿Qué diferencia hay entre comerciante y empresario?
No tuve la escuela, la tienen mis hijos, que vienen de la facultad. Me hice acá. El empresario tiene estudios. Soy co-mer-cian-te (destacando cada sílaba). El empresario tiene otras herramientas. Tú me viste, me sacaron (fotos) en el mostrador. Viste que era : “Mirá que vino Lamas”; “abrí la cuenta acá”; “¿cómo andás?; ¿cómo están tus hijos?”; “mirá que ya tengo el repuesto”. Ése es el comerciante. El empresario está acá en esta oficina, en la que no estoy nunca. Vengo a última hora para reunirme con los vendedores exteriores.

Empezó la empresa porque su padre le dijo…
“Andate”. Era empleado en una casa de tornillos, un empleado gerente, casi un poquito dueño. Estaba mi hermano también y mi padre me dijo que no había para los dos y que me fuera. Como mi padre conocía el tema de repuestos, me dijo: “Ponéte una casa de repuestos”. No sabía nada y empecé en la calle Yaguarón, con una bicicleta y un muchacho, Lalo.

¿Cómo ha repercutido en el negocio la aparición de los vehículos chinos?
Nos ha traído más ventas pero un dolor de cabeza bárbaro. Por eso son mis viajes a China. Con el primer auto chino que vino arrancamos nosotros. Fuimos pioneros. Le agarramos la mano, porque tengo un equipo de gente que me acompaña hace 30 y pico de años. Y los jóvenes, ni hablar, vuelan. Y los chinos son terribles, son muchos. Tengo buenos proveedores en China. Tengo crédito allí; ¡si me tendrán confianza! El hecho es poner la plata, invertir y querer.

¿Y el aumento del parque automotor?
Es bueno. Es bueno para mis colegas, para los talleres, para las automotoras, para las aseguradoras, para ANCAP, para la intendencia, pero es malo para el ministro de Transporte, porque las calles son las mismas. No sé qué espera la intendencia para hacer lo que hicieron en Europa: garajes subterráneos. Atrás del Solís hay una playa de estacionamiento enorme, vacía. Dala a los particulares y meté autos para abajo.

¿Usted elige la manera en la que se publicita la empresa?
Tengo una agencia que me ayuda. Pero meto la mano en todo: hasta con el reclame del chino en televisión. No me gusta, lo voy a cambiar.

¿No le gusta el reclame del chino?
No, espantoso. El primer chino era bueno, pero se fue. Y ahora hay un chino que no me gusta.

¿Cómo surgió el famoso eslogan?
En otro local, en la otra cuadra, la gente se me escapaba. Un día vino un jubilado del puerto, el señor Núñez. Lo vi simpático, bonachón, y me dijo “¿no tiene un laburo para mí?”. Le dije: “Núñez, se me escapa la gente, ponete ahí”. Él se ponía de portero y era cómico porque no solamente les decía a los muchachos: “¡Uno más para atender!”, también me los llevaba de la mano para adentro. Un día vino un periodista, Lalo Fernández, y me dijo: “Poné eso” (en la publicidad), y ahí quedó.

¿Su familia también está involucrada en Cymaco?
La (hija) grande, María, es la de los pesos. Francisco (su hijo menor) está con el aceite y mete cuchara. Y es bravo trabajar con los hijos. El día que haya un libro (llamado) Cómo trabajar con los hijos, lo compro. Pero va todo bien, la empresa sigue creciendo. Todo el mundo dice que nunca voy a dejar de trabajar, pero sí. Trabajo solo de tarde, los sábados no trabajo más. Tengo que tomar la decisión de volar y dejarle espacio a los jóvenes.

¿Le cuesta tomar esa decisión?
Es brava. (El negocio) es mi cuarto hijo.
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