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El presidente de la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay (AEBU), Gustavo Pérez, cuestionó algunos de los cambios que instrumentó el Frente Amplio en el proyecto de inclusión financiera que había redactado originalmente el Ministerio de Economía, como elevar el tope en la tasa de interés que se podrá cobrar para un crédito de nómina. Dijo que los bancos no cuentan con infraestructura física para atender a más usuarios y que, incluso, hoy tienen dificultades para responder a sus propios clientes. Quiere que las instituciones bancarias abran más puntos de atención al público donde trabajen no más de dos funcionarios. Lo que sigue es un resumen de la entrevista que Pérez concedió a El Observador.

¿Les preocupa que las cooperativas queden con ciertos “privilegios” con la última redacción del proyecto de inclusión financiera?
AEBU comparte la filosofía del proyecto porque además de tender a formalizar la economía e instrumentar la rebaja del IVA, también generaba condiciones para que se abarate el crédito. Sin embargo, lamentablemente se decidió elevar el tope de la tasa de interés (del 10% al 20% sobre la tasa promedio del mercado) que pueden cobrar las cooperativas y Anda para otorgar sus préstamos. ¿Por qué se bajaba la tasa en los créditos de nómina? Porque se reduce el riesgo al acceder al descuento director del salario. Por tanto, en la medida en que se baja el riesgo se generan las condiciones para disminuir las tasas de interés. Además, todos sabemos que muchas cooperativas compensan una menor tasa de interés con el cobro de otras prestaciones en la cuota social. Y justamente los préstamos que dan las cooperativas es el que está dirigido a la población que tiene menos posibilidades y termina accediendo a financiamiento caro porque no tiene acceso a los bancos. Desde ese punto de vista, compartíamos el espíritu original del proyecto que redactó Economía. Es claro, que hubo un proceso llevado a cabo por las cooperativas y Anda en el sentido de expresar su preocupación para que este proyecto no les afectara la actividad. Personalmente, pensamos que la ley tal como estaba no afecta su negocio, sino que les daba herramientas más que suficientes para seguir adelante.

¿Los bancos privados también han cuestionado este proyecto de ley y advierten por un incremento de sus costos. ¿Por qué piensa que se da esta apatía por un proyecto que puede incorporar a casi medio millón de nuevo clientes?
La actitud inicial de los bancos ha sido la típica de un lobbista. Cuando se lanza algo cuestionan para luego negociar y obtener algo cambio. Para los bancos, no debería ser un problema sino todo lo contrario. Se va generar un mayor mercado que no es solo salario y crédito de nómina. Eso sí –y quizá por eso levantaron la guardia–, se va incentivar la competencia. En la medida en que sea el trabajador y no la empresa el que escoja dónde va a cobrar su salario, ahí se va a desarrollar un nivel de competencia importante. En ese sentido, nos preocupan los riesgos de mercantilización del salario, donde se ofrezcan regalos o condiciones que luego no se mantienen para captar nuevos clientes. Por ejemplo, en Argentina hay una campaña publicitaria de un banco –que no está presente en Uruguay- que ofrece una tasa de interés de 0%. Eso es claramente una publicidad engañosa ya que en el mercado no existe una tasa 0%. Creo que hay bancos en Uruguay que se les está complicando para la libre competencia y que por eso hacen presiones al interior de la Asociación de Bancos Privados. Sin embargo, hoy no vemos con los márgenes que los bancos están teniendo y las perspectivas de mediano plazo de crecimiento de la economía, alza del consumo e importaciones, que este proyecto de ley pueda afectarlos. Por eso la ley debe ser explícita en asegurar que los bancos ofrezcan los mismos servicios a todos los clientes, independientemente del nivel de ingreso del trabajador.

Es moneda corriente escuchar quejas por el nivel de atención en los bancos públicos y privados. ¿Qué pasará cuando ingresen ciento de miles de nuevos usuarios al sistema? ¿Las instituciones están preparadas?
Ese es uno de los problemas centrales de este proceso. Cómo se va a atender a este nuevo mercado en la medida en que los bancos no demuestran tener ninguna inquietud sobre el tema. Los bancos deben hacer un esfuerzo de incremento de capilaridad con un mayor número de redes. Es claro que tampoco se puede crecer con mayor infraestructura porque es oneroso y no es real, pero sí apuntar a minibancos que no manejen dinero, por ejemplo, donde haya uno o dos funcionarios en distintos barrios. De esta manera, el usuario podría recibir una atención de calidad. Que si vive en el barrio equis no tenga necesariamente que trasladarse a Ciudad Vieja o el Centro. Por ese motivo, AEBU propuso que luego de aprobada la ley se analice cómo se va implementar, porque puede estar la tentación de prestar esta atención con agentes no bancarios. Por ejemplo, canalizar toda la atención por los corresponsales financieros que no son agentes bancarios. Esto no es lo ideal porque el nuevo cliente va a necesitar un asesoramiento y conocer del funcionamiento del sistema. Por ejemplo, un corresponsal que puede tener un pool de ofertas de dos o tres entidades distintas puede generarle una situación confusa al usuario. Evidentemente no puede existir una población bancaria en cada poblado del país. Este es un tema que nos preocupa y creemos que al día de hoy los bancos no están preparados. Pueden sí tener una plataforma tecnológica pero no tienen infraestructura. Se debe pensar que hay una población que no está habituada a trabajar con un banco, que quiere hablar en algún momento con un ser humano, y no hacer gestiones por vía electrónica o que lo atienda una operadora. Evidentemente, no todas las soluciones caben para el mismo tipo de cliente. Esto se debería estar haciendo hoy antes que se apruebe la ley.

¿Cómo está Uruguay frente a otros países en niveles de atención al público?
En Uruguay no es la percepción o la sensación térmica que tenga cada uno. Los números indican que hoy, sin compararnos con los países desarrollados, Uruguay es de los países de la región que tiene los peores índices de bancarización, también de sucursales bancarias y ATM (cajeros automáticos) por habitante. Con un agravante, tiene los peores números, además, en caso de los cajeros los tiene concentrados entre la franja que va de Colonia a Maldonado. Hoy alguien que veranea en Rocha o las termas tiene que hacer 30 o 40 kilómetros para encontrar un cajero. Ni que hablar de zonas rurales. Por tanto, tenemos malos números respecto a la región y todavía concentrados. Seguramente los usuarios de Montevideo también ven carencias en algunas zonas porque los servicios están concentrados en la franja costera. Los bancos, así como están hoy, tienen dificultades hasta para atender a sus propios clientes. Esto se va a agravar en la medida en que ingresen nuevos usuarios en los próximos meses.

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