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La celebración de los 100 años de creación del centro de investigación agrícola La Estanzuela, en Colonia, se convirtió en un hecho inédito, no solo por la visión de sus pioneros –primero el gobierno al decidir su creación y luego el trabajo del equipo liderado por Alberto Boerger–, sino también porque 100 años después ha generado un compromiso en quienes recibieron ese legado de forma que esa herramienta atraviesa ahora las paredes de la ciencia para convertirse en un instrumento de interés para la sociedad.

Ese clima se vivió el pasado jueves 24 en el acto cumplido en la esa estación experimental del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), al recibir una concurrencia numerosa encabezada por autoridades nacionales y de los ministros de Agricultura del Cono Sur.

“Son 100 años que hay que recordar, pero que hay que trabajarlos para valorarlos mejor, para que no sean la receta para reiterar 100 después, dijo el historiador Gerardo Caetano”, uno de los oradores.

“No nos perdonarían aquellos pioneros que supieron mirar 100 años hacia adelante” una recordación “que fuera nostálgica”, dijo Caetano.

Opinó que “no nos perdonarían” aquellos pioneros, si 100 después del nacimiento de La Estanzuela “hiciéramos una historia hacia atrás, entre otras cosas porque estos 100 años nos ubican con uno de los asuntos fundamentales de la aventura uruguaya, de esos 100 de hoy y de los próximos 100 años. Una clave sin la cual el Uruguay no hubiera llegado a ser, pero sobre todo la mejor versión del Uruguay que viene, del Uruguay que tenemos que legar a nuestros hijos y nuestros nietos”.

Caetano enfatizó en que son 100 años del vínculo entre la investigación y el desarrollo en Uruguay como motor de la necesidad de construir una comunidad científica y tecnológica, que apueste a la innovación. Y que desde allí se vincule con la matriz productiva para pelear por la competitividad, no desde las ventajas comparativas, sino desde las ventajas que apuesta cualquier país que está en condiciones de saltar al desarrollo.

El historiador dijo que no hay ninguna sociedad en el mundo que se haya desarrollado sin apostar a la investigación para el desarrollo, sin apostar a esa clave de agregación de valor.

Cosechar y sembrar

Para el director del INIA, Álvaro Roel, la institución aprende de su propia historia y tiene la particularidad de que el instituto cumple 25 años, pero cuenta con 100 años de historia, en lo que fuera y sigue siendo La Estanzuela, como una de sus estaciones experimentales. “A nosotros nos toca cosechar lo que otros sembraron y la enorme responsabilidad de seguir sembrando para que otros puedan cosechar”, dijo el jerarca.

El contexto actual es muy diferente al de 100 atrás y al de 25 años atrás cuando se creó el INIA y encuentra a esta institución con uno de sus principales valores, que es la capacidad de repensarse y analizarse, opinó Roel.

Admitió que existe una necesidad cada vez mayor de alimentos en el mundo, “pero también sabemos que estamos en las pocas zonas del mundo que todavía tienen capacidades de aumentar la producción en condición exportadora y por lo tanto somos capaces de alimentar a más gente”.

Roel contó que la institución, fiel a su rica historia y en busca del mejor cumplimiento de su misión, ha finalizado un proceso de ajuste organizacional con el fin de fortalecer y robustecer los aspectos vinculados con la generación de la investigación, la transferencia y la comunicación.

Roel mencionó el fortalecimiento del campo natural y de las capacidades en riego, así como la articulación de proyectos con participación de instituciones externas nacionales e internacionales, por US$ 10 millones. l

El valor del vehículo tecnológico

Ahora la competitividad no se basa solo en las ventajas comparativas de los recursos naturales, sino que es una característica que se construye en las oportunidades de agregado de valor, de seguir incrementando la productividad, atender los requerimientos de calidad de los consumidores y asegurar la inocuidad de los productos.

Estos factores son, entre otros, los desafíos que resultan de los 100 años de trayectoria de la estación experimental La Estanzuela, del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), que generan compromisos a futuro mucho más fuertes para las próximas décadas, según la opinión manejada por el director de ese centro de investigación, Enrique Fernández.

Hay otra oportunidad que es el valor del vehículo tecnológico, de la innovación como instrumento para incorporar valor, debiéndose tener en cuenta las industrias que se mueven en torno a ello y lo que derrama hacia el resto de la sociedad en mano de obra, inversión e infraestructura, dijo Fernández durante un discurso en el acto del jueves 24.

Salud animal

El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) concretó este año la incorporación de la salud animal a las tareas específicas de la institución, según anunció su titular, Álvaro Roel. El jerarca dijo a El Observador que ya se contrató a un experto extranjero en esta especialidad, que próximamente serán contratados los restantes investigadores y que la actividad se cumplirá en INIA La Estanzuela. El tema fue largamente reclamado por la profesión veterinaria.

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