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Mucho se ha dicho sobre la relación entre el presidente José Mujica y el entrante Tabaré Vázquez en el gobierno que está comenzando. Es lógico creer –y así lo ha declarado el líder del MPP- que hará valer su peso político cada vez más grande, pero que tampoco tensará tanto la piola como para romperla.

Durante el primer gobierno de izquierda, Mujica cumplió ese rol. Se tragó la ideología para recibir a George W. Bush contra su voluntad y cedió en votar leyes con las que no estaba de acuerdo, aunque incidió para aprobar otras que sí defendía. Pero no solo tuvo esa actitud. Evitó la renuncia de Danilo Astori al Ministerio de Economía en 2005 y en decenas de oportunidades lideró negociaciones que permitieron a la izquierda llegar a acuerdos en asuntos complicados.

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En definitiva, le dio gobernabilidad al Frente Amplio en su primer gobierno nacional. Es probable que a su administración le faltara un Mujica que articulara con toda la coalición de izquierdas para lograr una mejor gestión.

Pero el Mujica de 2015 es muy diferente al de 2005. En primer lugar por su peso político en el Parlamento. Si bien durante tres elecciones consecutivas lideró el sector más votado, en esta legislatura tendrá la mitad de la bancada de diputados frenteamplista.

El cambio más relevante estará en aspectos más intangibles, como la personalidad, el carácter y hasta el ego.

A Mujica la presidencia le cambió muchas de esas cosas. “Al país lo conocen por Suárez y después por Mujica”, dijo esta semana en El Observador, al destacar su impacto a nivel mundial. Es real, Mujica puso a Uruguay en el mapa para mucha gente. Es cierta también su popularidad. Como presidente, alimentó un personaje (no digo creó porque ya lo había empezado a construir) que fue el que le permitió ese nivel de exposición. Y es difícil salir de los reflectores.

Mujica está dando muestra de ello por estas horas. Se supone que con el cambio de gobierno, el protagonismo pasa al gobierno entrante, a los que llegan con proyectos y planes a futuro. Pero no. En este fin de semana de transición los focos de las cámaras siguen apuntando al presidente saliente. Este viernes hizo un acto –al que es probable que haya concurrido más gente que la que irá al cambio de mando del domingo-, el sábado inauguró una obra en Colonia con la presidenta de Brasil y el domingo hará un poco de teatro teniendo al cineasta Emir Kusturica detrás de él y conduciendo su Fusca para llegar e irse de la Plaza Independencia.

Como si todo eso fuera poco, el lunes, día que se supone la agenda debe estar marcada por las ideas y anuncios de Vázquez, Mujica inaugurará en la mañana la escuela agraria frente a su chacra de Rincón del Cerro. Y el martes asumirá su banca en el Senado.

La adicción que Mujica confesó tener a la militancia (¿al poder?), también parece ser una adicción a los reflectores. Por tanto, la movida de Vázquez entre domingo y lunes tendrá que ser muy fuerte para vencer la capacidad de Mujica de marcar la agenda.
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