Opinión > ANÁLISIS / EDUARDO BLASINA

El planeta con fiebre

Europa agobiada por el calor, Australia por la sequía, más señales de una situación muy grave

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12 de agosto de 2018 a las 05:00

El invierno pasado la cosecha de trigo de Uruguay fue muy mala. No hubo frío. El verano pasado las cosechas de Argentina y Uruguay fueron arrasadas por la sequía y el calor. Todavía a los agricultores uruguayos les cuesta reponerse del golpazo que significó el bajo rendimiento de trigo y cebada en el invierno y de soja y maíz en el verano.

Ahora el drama le toca a los europeos. Atenuado en lo económico porque aquellas economías se permiten ayudar a los productores cuando les va mal. El calor excesivo y en algunos casos la sequía ha dañado a los cultivos desde Alemania a Rusia, pasando por Ucrania. Unas 20 millones de toneladas de trigo perdidas.

Mientras eso sucede, California tiene los peores incendios de la historia, obligando al escéptico Trump a declarar situación de catástrofe. Y en Japón las mayores temperaturas alguna vez registradas. En el hemisferio Sur los australianos no tienen un problema de calor, están en pleno invierno, pero la sequía estructural que padecen se ha agravado y tanto los vacunos como los propios ovinos, tan resistentes a la sequía, están pereciendo y recibiendo granos porque de pasto, no queda ni el rastro. El mundo sigue enviándonos señales a nosotros, la especie inteligente, que se llama a sí misma el homo sapiens.

La insustentabilidad es un problema cada vez más grave. Al comienzo de esta semana la organización Huella global (Global footprint) diagnosticó que al 1° de agosto la humanidad ya ha consumido todo lo que el planeta puede proveerle de una manera sostenible. Todo lo que consumimos después del 1° de agosto se consigue a costas de amenazar o dañar la producción futura.

Cuando estas cosas suceden se expresan en los precios. Y en el caso del trigo y la cebada han tenido ya una suba significativa.
En cierta forma se reedita parcialmente lo sucedido en 2008 o en 2011. Una provisión baja de grano en stock, una situación de demanda que no para de crecer, un abastecedor muy importante como Australia que se va quedando seco como un corcho y los precios que empiezan a subir. Esta vez la suba es menor. En los 10 años transcurridos, el pico de precios de 2008 ha aumentado el área agrícola global, se ha talado más selva en Brasil, Paraguay y el norte de Argentina. También han aumentado los rendimientos, más tecnología se aplica y la agricultura es de mucha más precisión que antes.

La carrera entre la tecnología y el esfuerzo que se le pide a este pequeño planeta para alimentar a 7.500 millones de personas con un nivel de ingreso cada vez mayor y con una demanda cada vez más alta, es de resultado incierto. La variable clima es impredecible pero podemos intuir que será cada vez más determinante de pérdidas en los cultivos.

Vale recordar que la Mesopotamia de Irak supo ser un vergel que inspiró el concepto de paraíso y permitió el primer desarrollo agrícola del homo sapiens. El Yemen supo ser el lugar donde tenía los jardines la reina de Saba, un lugar casi selvático. Hoy es la propia imagen del infierno, aridez, fanatismo, hambre y guerra interminable. Las olas de calor de este verano boreal han marcado nuevos récords de temperatura en América, Europa y Asia.

Mientras en Uruguay no nos damos cuenta que la abundancia de agua que tenemos vale ya mucho más que la de cualquier otro recurso en este siglo en el que la humanidad se debate por no colapsar bajo el peso de un desarrollo insustentable. Los modelos económicos tradicionales consideran al clima como una variable irrelevante. La contradicción del capitalismo no es entre trabajadores y empresarios. Es entre un sistema que hasta ahora ha privilegiado exclusivamente la rentabilidad y que solo muy recientemente ha incorporado a la responsabilidad empresarial y la ecología como una variable relevante y generalmente no comprendida por los analistas económicos.

Este 1° de agosto se cumplió lo que la organización Global footprint network, o la red global sobre la huella humana, llama el overshooting day, el día en el que empezamos a consumir por encima de lo que el planeta nos puede dar sosteniblemente. En 212 días los humanos consumimos lo que sosteniblemente el planeta puede darnos en un año. Los restantes 153 son sacrificando potencial productivo futuro, suelos, biodiversidad, clima futuro.

Como planteó uno de los mejores discos de rock del siglo XX, el Close to the Edge de Yes, ya en 1972, y como ya lo había postulado en su disco anterior, el Fragile, la humanidad está cerca del abismo, la red de suelos, clima, ecosistema sobre la que generamos cada año las 750 millones de toneladas de trigo con las que a duras penas alimentamos a parte de los 7.500 millones de humanos, es tremendamente vulnerable. Y está cada vez más deteriorada, mientras el consumo sigue creciendo.

Malthus nos lo advirtió hace más de 200 años, la demanda por recursos tiende a crecer estructuralmente y en algún momento los recursos se vuelven limitantes. Luego de sus escritos el avance de la tecnología dio una sensación de que eso se superaba. Muchos economistas creen todavía eso. La tecnología ha permitido grandes mejoras en el rendimiento de los cultivos. Es una solución posible pero no garantizada.

Quienes creen que los precios de los alimentos se mueven impulsados meramente por las variables monetarias como si fueran una tasa de interés o el precio de un bono, se pierden la variable principal que seguirá moviendo los precios: un clima que se ha alterado. La Tierra tiene fiebre, la fiebre no para de subir y los europeos lo han sentido en estas últimas semanas como nunca antes. Desde el empuje anterior generado por la demanda de China y otra ola de calor que agravó las cosas en 2011 el mundo aumentó las áreas agrícolas y tanto EEUU como Brasil lograron una sucesión impresionante de grandes cosechas. El mundo está mejor abastecido, pero consume más y el deterioro ambiental no para.

El Global footprint network ubica a Uruguay como una de las zonas de reserva para el mundo, mientras ubica como ya altamente deteriorados tanto al Medio Oriente como a China, las zonas donde la agricultura se ha hecho ininterrumpidamente durante milenios. Agrónomos uruguayos inventaron hace unos 50 años sistemas productivos que combinan la agricultura con las pasturas, permitiendo armonizar el objetivo de alimentar a una población siempre creciente en el mundo con la protección de la delgada capa de suelos. Y mantiene las últimas zonas de campo natural de clima templado del hemisferio Sur.

Solo falta convencernos de que apostando a una producción estable, limpia y que no genere una "huella" que deban pagar las generaciones futuras es un camino que será aprobado y premiado en el mundo entero. Y que es un pilar del desarrollo que tenemos alta chance de alcanzar como sociedad.


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