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"Es absolutamente conveniente que los ninis vayan al Ejército"

Hernando Hernández dijo que el problema de la inseguridad es que no se interviene en todas las etapas del individuo

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30 de julio de 2018 a las 05:00

Hernando Hernández (59) interrumpe el diálogo para señalar a través de la ventana a dos jóvenes indigentes que, encapuchados por la llovizna, sacan bolsas de basura de un contenedor en el corazón de Punta Carretas. Son las 8 de la mañana y Hernández, presidente de la Asociación de Profesionales de Seguridad de Uruguay (ASIS) y experto y consultor en seguridad privada, encuentra en esa pareja la perfecta ilustración de su punto de vista.

Pero también se indigna, porque dice que la sociedad "no se inmuta" con esa escena y con tantas otras similares: "¿Y qué significa que no nos inmutemos? Que las normas de autocontrol están funcionando". Y una cosa lleva a la otra, dice.

El autocontrol, el respeto a la autoridad y el cumplimiento de la ley, en todas las etapas de la trayectoria del individuo y en todos los ámbitos sociales, son la clave a que han apuntado, y con éxito, países del primer mundo y algunos del tercero. En entrevista con El Observador, Hernández explica qué propuestas concretas cree que deberían aplicarse para mejora la política de seguridad en Uruguay, cuando las autoridades discuten la incidencia de la aplicación del nuevo proceso penal en el aumento de la delincuencia.

La inseguridad es un problema mundial.

Sí, pero no es igual en todas partes. A partir de los años 90' muchos países de primer mundo lograron bajar los delitos. Por ejemplo, Estados Unidos e Inglaterra, pero también Colombia y Argentina, en donde se están enfocando en una perspectiva multidisciplinaria del problema.

Hay países que tienen a largo plazo una tendencia a la mejora y otros que tienden a empeorar. El problema de Uruguay es que se sitúa en el segundo grupo. Si miramos la curva de los delitos en los últimos 25, 30 años, se ve cómo han crecido los homicidios y los asaltos. ¿Cuál es el problema? Que nos autojustificamos como sociedad de que estamos ante un problema que existe en todo el mundo, y eso no es verdad.

Además, estamos hablando de plazos extensos y no haciendo un enfoque pequeños de unos meses, como hacen las autoridades que discuten si incidió o no el nuevo Código del Proceso Penal. Es como si en vez de mirar toda mi carrera profesional, me fije si me porté mal con la maestra en un examen.

¿Hacia dónde cree que deberían mirar las autoridades?

Hay países que se enfocan exclusivamente en analizar y profundizar en las causas del delito, y destinan todo su tiempo físico y energía mental estudiando si la pobreza es la causa de la inseguridad o no. Pero este enfoque por sí solo no soluciona el problema.

¿Cómo se explica el delito entonces?

Cuando pensamos en el agresor hay ciertas cosas comprobadas. Una es la falta de autocontrol. Si a un joven, pudiente o no pudiente, con problemas o sin ellos, no le enseñamos a autocontrolarse y él piensa que todo lo que quiere lo debe tener, ya que está bajo el impulso de la sociedad de consumo, puede llevarlo a cometer delitos. Y ahí es cuando mezclamos la seguridad con la educación desde cualquier punto de vista, porque el autocontrol es clave en un perfil violento. La formación de un adolescente implica aprender a controlar los impulsos, marcarle límites, que retenga la autoridad y aprenda a respetar.

¿Por dónde se empieza?

Enseñando y transmitiendo hábitos de trabajo, por ejemplo. En este momento, estoy mirando a dos personas que comen del contenedor de basura y nuestra sociedad no se inmuta. ¿Y qué significa que no nos inmutemos? Que las normas de autocontrol están funcionando. Necesitamos ayudar a estas dos personas para que mejoren su vida, pero para eso les tenemos que transmitir nociones de limpieza, respeto a sí mismo, y que no les guste a ellos que los veamos comiendo de la basura. Les tendría que importar y sin embargo no nos importa ni a nosotros. Es así como la cadena de descontrol social avanza.

En Inglaterra, desde los 80, entre las tareas de la policía está controlar los desórdenes callejeros, que implican hasta prohibir orinar en la calle. Eso no quiere decir que no haya delitos ni terrorismo. Ocurren igual. Pero tienen todo más controlado, porque el enfoque es el adecuado académicamente. Logran controlar los espacios públicos y privados, y atienden el delito en sus etapas iniciales.

¿Por qué entiende que no se aborda el problema desde esta perspectiva?

Porque se mezclan prejuicios ideológicos con la seguridad. Es un tema que hay que enfrentar, sin dejar de intentar que todos tengan las mismas oportunidades. Pero el problema es que las normas de comportamiento social están muy difusas en este país, y las figuras de autoridad son muy difíciles de encontrar. Tantos los espacios públicos como privados suelen estar desorganizados. Eso pasa en los cuartos de los jóvenes, que están desordenados, o en los lugares de trabajo. Y eso propicia que haya robos, porque el que tiene tendencia a robar, si ve todo desordenado es mas probable que se anime, porque no hay una autoridad detrás. Es que el control implica un mensaje subliminal a los habitantes del espacio.

Hay que recordar que no existen personas totalmente buenas y otras totalmente malas. Todos tenemos ciertos límites, unos dados por creencias religiosas, otras por experiencia familiares o de otro tipo, pero en suma tenemos latente un mal comportamiento y necesitamos tener la ayuda del control

Por eso no es un problema de solución binaria: no consiste en darles plata a los pobres y nada más, como tampoco ingresando con un tanque de guerra en zonas rojas. Se soluciona entendiendo que somos seres humanos, poniendo reglas y exigiendo.

¿Esta es la mirada de la ASIS?

Claro. La ASIS recoge las experiencias de todos los países del mundo, y eso significa la de todos los partidos políticos, todas las ideologías y religiones.

Hoy el mensaje que damos es que solamente tenemos el derecho para conseguir las cosas y tener todo lo que se quiera. Y si no se tienen los medios y no se trabaja, están los medios violentos y es así como comienza el delito.

¿Tiene algunas propuestas concreta?

Sí, que vayan al Ejército los denominados ninis es desde nuestro punto de vista absolutamente conveniente. Les transmitiríamos normas de trabajo, resto, autoconfianza.

También se debería seguir mejorando la seguridad privada, que es en el camino en que estamos. Esto permitiría a que la policía se enfoque en los temas importantes. Por ejemplo, ¿es necesario que un patrullero participe en un accidente de tránsito cuando simultáneamente en esa manzana hay un delito? ¿No sería mejor que la asistencia a un choque lo haga un vigilante privado y al policía haga el trabajo que le corresponde? Así ocurre en algunas partes de Estados Unidos.Es un tema de complementación. No se precisan más policías.

El ministro Eduardo Bonomi dijo exactamente lo contrario este miércoles: pidió restablecer el equilibrio entre policías y delincuentes.

Uruguay tiene una de las proporciones de policías más altas de Sudamérica (N.d. R. hay aproximadamente 28 mil). Pero se necesita el aporte de la seguridad privada.

¿Cree que Uruguay mejorará la seguridad?

Es posible, pero insisto: no se soluciona dándoles dinero a los pobres, ni palos. Ninguna de esas cosas funcionan.

Biografía

Además de ser elegido presidente de ASIS Uruguay este año, Hernando Hernández, mayor retirado del Ejército, integra un equipo de investigación sobre la seguridad que pertenece a este organismo. Participará del próximo congreso mundial de ASIS en Las Vegas, Estados Unidos, en la que expondrá sobre la materia. Es también coordinar académico de la empresa de seguridad privada Securitas, y docente en Argentina y Uruguay en seguridad personal.

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