El paradigma deportivo establece que para que uno gane, el otro tiene que perder. Esto no se aplica en el mundo de los negocios; es posible que ganen los dos.
El paradigma deportivo establece que para que uno gane, el otro tiene que perder. Esto no se aplica en el mundo de los negocios; es posible que ganen los dos.
Con esta filosofía en mente, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) impulsó una suerte de red informal de apoyo entre incubadoras locales, motivados por su convencimiento de que juntos pueden aportar más al ecosistema emprendedor. Se compone de incubadoras de empresas con propuestas y enfoques muy diversos: (con foco en proyectos de base tecnológica), KHEM (biotecnológicos en las áreas industrial, vegetal y nano-biotecnología), BIOESPINN (proyectos de alto impacto relacionados a la biotecnología en salud humana y animal), y recientemente a las multipropósito Sinergia Cowork y daVinci labs, las cuales no tienen un foco específico en un sector de actividad.
Estas instituciones son el primer eslabón de la cadena. Hay mucha mortalidad “infantil” en los emprendimientos. Por eso, las incubadoras ayudan para brindar un soporte más completo al emprendedor.
Lo hacen a través de espacios que tienen como fin el apoyo al desarrollo de proyectos que apuesten a la generación de valor, ventas y empleo de forma sostenible.
Para impulsar el ecosistema, esta red realiza periódicamente una reunión de coordinación en la que cada uno expone sus planes, proyectos, inquietudes y opiniones. Sin ánimo de competencia, sino de ayuda y apoyo mutuo.
Entienden que Uruguay puede convertirse en una nación startup como Israel o Silicon Valley. Pero, señalan que para concretarlo deben actuar como un equipo fuerte.
Las incubadoras en Uruguay no son algo nuevo. De hecho, Khem e Ingenio del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU) llevan casi 14 años en el mercado –asimismo, hay otras que organizaciones que aún no forman parte de la red–. No obstante, la ANII decidió impulsar este año el desarrollo y la creación de este tipo de instituciones en el país.
Esta iniciativa se enmarca en el Programa de Apoyo a Futuros Empresarios (PAFE) de la ANII, que tiene como objetivo contribuir a incrementar la inversión privada en actividades de innovación.
Uno de sus principales cometidos es el de generar nuevas capacidades de incubación o espacios de innovación, en Montevideo y en el interior.
Es así que subsidia proyectos de los emprendedores incubados por PAFE, que posean valor agregado diferencial. De hecho, acaba de cerrar un llamado para subsidiar incubadoras en el interior. En este momento se están evaluando las propuestas.
En definitiva, las instituciones seleccionadas reciben capacitación para el diseño, la puesta en marcha y el fortalecimiento a través de Ingenio.
Se ofrecen sus manuales de incubación y hasta un monto máximo de US$ 200.000 durante el transcurso del PAFE -que tendrá vigencia hasta el 2017-, y se les brindará los honorarios de un gerente y el de un asistente para la incubadora.
Además, de estos fondos los proyectos incubados podrán acceder al apoyo de ANII a través del instrumento de "Emprendedores innovadores" por USD 25.000.
Socios fundamentales
Según el director de la ANII, Santiago Dogliotti, Uruguay necesita más empresas y que la gente con ideas innovadoras se anime a armar sus negocios y salir al mercado. En este proceso, las incubadoras juegan un rol esencial.
“Esas son las que protegen a esos jóvenes que no tienen muy claro cómo empezar. Los ayudan a pulir sus ideas, a dar sus primeros pasos, a armarse. Por lo tanto, para nosotros son socios fundamentales.”, añadió a C&N Emprendedores.
En esta misma línea, la coordinadora de Incubadora del PAFE, Elena Pérez, puntualizó que en Uruguay se ha dado un impulso en la innovación y emprendedurismo, pero aún hay baches que se deben cubrir.
Se busca apoyar a aquellas que aporten valor en todo el ecosistema, por eso se eligió a instituciones que tienen foco en distintos rubros.
“Identificamos qué actores contribuyen a ciertas áreas e hicimos en matching entre la demanda que existe de un lado y la oferta por el otro”, afirmó Pérez.
Unir esfuerzos
Las reuniones se realizan, de forma rotativa, en las distintas incubadoras. Su fin es coordinar acciones, esfuerzos y para optimizar recursos. Cada una tiene un objetivo, enfoque y destinatario diferente y eso es lo que hace interesante a la red.
Esta acción ayuda al emprendedor uruguayo que tiene un abanico más amplio de opciones. A su vez, todos los representantes de las incubadoras recalcaron que si un emprendedor se postula para su programa y los directores consideran que se adecuaría mejor en determinada incubadora se le aconsejará presentarse allí.
“Se puede emprender desde Uruguay. Y este tipo de iniciativas lo reafirma”, concluyó el director de daVinci, Sergio Delgado.
La voz de la experiencia
Ingenio (ingenio.org.uy) ocupa el rol de asesorar, ayudar e impartir sus conocimientos de más de una década a las incubadoras que recién comienzan. Se creó en 2001 a partir de una iniciativa conjunta de LATU y la Universidad ORT Uruguay, con el apoyo financiero de Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin). Se trata de una incubadora de empresas de proyectos con base tecnológica que se ubica dentro del Parque Tecnológico de LATU. Ofrece incubación física y remota por un período promedio de dos años.
A los incubados se les cobra una cuota de bajo monto. Según su director, Rafael García, la suma no alcanza a cubrir los costos, pero ayuda a medir cuál es el compromiso del emprendedor con el proyecto.
Una vez que finaliza su proceso, si obtienen éxito, se les cobra regalías por un período igual al de incubación. El régimen es de ventanilla abierta. Por año se enfocan en 12 proyectos, pero estiman que al culminar 2014 la cifra va a ser un poco superior.
El director de Ingenio opinó que hay muchas instituciones que dan apoyo a emprendedores, pero las incubadoras ofrecen un soporte más integral. “Ser emprendedor no es fácil. En ocasiones, a nosotros nos toca poner el hombro cuando un emprendedor perdió algún negocio y necesita consuelo. Eso lo hacemos nosotros o el emprendedor de al lado”, describió.
Su principal diferencial es la “carretera recorrida”: . “Somos los más viejos –como incubadora física– y formar parte del LATU nos da muchas ventajas”. Ingenio tiene instituciones vecinas de gran porte como la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI), Cámara de Industrias del Uruguay (CIU), Artech y Ceibal. Esto genera un microclima para los emprendimientos que permite establecer relaciones beneficiosas.
Khem reestructurada
Khem fue la primera incubadora de empresas de base tecnológica en Uruguay. Se creó en 2001 como componente estratégico del Polo Tecnológico de Pando de la Facultad de Química para trabajar con proyectos de empresas jóvenes que surgían en sus laboratorios. En ese entonces, la incubación que se realizaba era virtual y recién hace unos meses se amplió a la física.
Hace unos años el Polo encaró una reestructura, que incluyó cambios en Khem. La reforma originó 300 metros cuadrados de laboratorios para la incubación de emprendimientos que se enfocan en las plataformas que existen en el Polo, como biotecnología, nanotecnología, tecnología de alimentos, medio ambiente y energía, entre otros.
Por el momento incuba a tres empresas y pretende culminar con seis a fin de año. A fin de mes cierra la próxima convocatoria.
El proceso de incubación es por dos años y la empresa que egresa tiene la posibilidad de radicarse en el parque o de construir sus instalaciones en su predio.
En el período la persona debe pagar un fee por los servicios. Además, si necesita usar un equipo de forma intensiva, tienen el beneficio de contratarlo a precio de costo.
Luego de que la emprendimiento se gradúa, va a tener que retribuir con regalías o participación en la empresa. Esto se definirá con cada proyecto.
Biotecnología roja
BIOESPINN es la incubadora de empresas de biotecnología del Instituto Pasteur (IP). Funcionaba en Ingenio, pero a partir de este año, opera como una organización independiente. Se ubica en el edificio del IP lo cual facilita el acceso a los servicios de las plataformas tecnológicas del Instituto.
Su foco está en desarrollo de nuevos negocios en las áreas de la biotecnología “roja” (biomedicina, biofarmacéutica, tecnologías médicas y veterinarias, vacunas, reactivos y diagnóstico) y la bioinformática.
Quienes reciban incubación recibirán el asesoramiento necesario desde el punto de vista administrativo y técnico-científico para el desarrollo de su negocio. Tendrán acceso al laboratorio y a equipos de última generación.
El proceso de incubación finalizará una vez que la nueva empresa logre independizarse. Puede durar hasta seis años. Los negocios biotecnológicos tienen la característica que la etapa de desarrollo es larga, según explicó el director de la incubadora, Héctor Gebelin. “Seis años para el desarrollo de algunos proyectos es poco tiempo”, agregó.
Por el momento hay dos proyectos incubándose. A su vez, hay dos más que se van a presentar ahora para ser evaluados por el comité.
Esta institución cobra un monto por el espacio y servicios. Si logra tener éxito, una vez que comience a facturar se les cobra regalías.
Nuevos jugadores
Recientemente ANII realizó un llamado para apoyar incubadoras multipropósito y, entre nueve propuestas que se presentaron, se seleccionó a Sinergia Cowork, y daVinci labs.
Según Elena Pérez, estas incubadoras cumplían con los objetivos que se buscaban y, a su vez, sumaban valor. “El Comité de Selección entendió que eran las mejores propuestas que había por el momento, no desmereciendo al resto, pero por un tema de recursos finitos no pudimos apoyar a todas”, explicó.
Sinergia es el primer espacio de coworking de Uruguay. Para generar su incubadora, se alía con Socialab, -una organización latinoamericana que busca ser un movimiento de transformación social-; y el programa “Think Movil” de Overboost.me, una aceleradora reconocida en siete países.
La incubadora multipropósito de Sinergia aspira a convertirse en el “nexo entre empresas, emprendedores y startups, aportándoles el entorno, la metodología y experiencia necesaria para desarrollarse”, contó el socio fundador de Sinergia CoWork, Maximiliano Pérez.
El proyecto trabaja con redes de instituciones e inversores a nivel regional, abriendo las puertas a nuevos negocios y oportunidades para los emprendedores.
La incubadora contará con un directorio de empresarios de trayectoria que actualmente operan como mentores de los emprendedores de Sinergia CoWork y tienen amplia experiencia asesorando emprendimientos.
La incubación será de seis meses, en la que se debe pagar un fee por los servicios y el espacio de coworking. Luego de ese período se evalúa la empresa para determinar la relación de valor entre que Sinergia haga otro aporte económico y acuerde una participación en la empresa.
En octubre se abrirá el llamado para los interesados en participar de la incubación.
Para todas las áreas
La incubadora daVinci labs surge de la colaboración entre Co-Work Latam, fundación daVinci y la sociedad de profesionales Xn Consultores.
Su objetivo es promover a emprendedores vinculados con distintas áreas productivas que se encuentran en etapas tempranas y están comprometidos a desarrollar empresas de alto impacto, dirigidas hacia el mercado internacional y con base tecnológica.
La incubación será en Co-Work y constará de entre seis a 12 meses. A cambio de la incubación se cobra un fee en el primer semestre, que se negocia con el emprendedor, y otro para el segundo semestre. Este se elimina si el emprendedor no se gradúa.
Los indicadores de la graduación son haber aumentado la facturación un mínimo de 20%, haber pasado un proceso de incubación de al menos seis meses, y tener un modelo de negocio perfeccionado.
No hay una cantidad pre-establecida de cuántos emprendimientos se van a incubar, ya que eso dependerá de los que consideren que están listos para hacerlo, según explicó el director, Sergio Delgado.
“Nos interesa mucho las características personales de los emprendedores, las personas”, aseguró. Remarcó la idea de compromiso por parte de los postulantes: “Estamos convencidos que cuando el emprendedor está comprometido con su proyecto va a hacer todo para cumplir los objetivos (propuestos por la incubadora)”.
Delgado resaltó que su diferencial es tener una oferta de excelencia y que tienen un vínculo con América Latina a través de Cowork. “Tenemos un equipo ejecutivo, un staff de mentores y partner de primer nivel, para justamente hacer que el negocio crezca y avance. Ese es nuestro compromiso”, dijo.
La convocatoria a postulantes de la primera generación cierra este 16 de noviembre.
Convertir a Uruguay en una nación startup
El director de daVinci labs, Sergio Delgado, aseguró que esta iniciativa es una apuesta para crear en Uruguay un startup nation - como se denomina al ecosistema israelí-, al que identificó como “su sueño”. Aseguró, además, que detrás de esta idea hay un compromiso país.
El que cada vez haya más casos de éxitos uruguayos genera que se contagie el espíritu emprendedor y provoca que la gente se anime a crear sus proyectos.
“Me encantaría que en el futuro, además de que jóvenes quieran ser Diego Forlán, aspiren a ser tal emprendedor”, ejemplificó Delgado.
Por su parte, la coordinadora de Incubadora del PAFE, Elena Pérez, opinó que sería muy bueno tener la condición de una nación startup en el país, pero no cree que lo ideal sea replicar un Silicon Valley o a Israel.
“Creo que nosotros debemos crear nuestro propio ecosistema, evidentemente en línea y ‘linkeado’ con estos otros ecosistemas que ya existen y con nuestras características. Por nuestra naturaleza, tenemos las condiciones de serlo, la calidad de vida lo permite”, aseguró. Agregó que se está en camino para convertirnos en una nación startup y que la Agencia está aportando su ‘granito de arena’ para lograrlo.
*(Con colaboración de Trinidad Rodríguez)