ver más

El camino de Alex Saúl en el mundo de la moda es largo y no todas han sido rosas, se encarga de aclarar. Junto a su mujer, Elianne Litwin, fundaron en 2001 la boutique multimarca Magma, pero la historia con la vestimenta viene de tiempo atrás. Ella es contadora y él viene de una familia emprendedora de la industria textil. La combinación les permitió trabajar ordenadamente y crecer. Cuando las marcas argentinas comenzaron a desembarcar en Uruguay, eligieron a Chocolate para instalarla en Punta Carretas Shopping, pero la inminente crisis argentina los obligó a pensar en una alternativa: Magma. Hoy tienen cinco locales y un outlet. El crecimiento lo visualizan hacia el exterior, pero Saúl reconoce que aún no están convencidos, porque primero está su calidad de vida.

¿En qué se inspiraron para abrir una boutique multimarca?
Cuando empezamos no había muchas en el mundo y no existían en Uruguay. Las multimarcas aparecen por la misma fecha que la nuestra. El único secreto fue tratar de hacer algo diferente, no mirar para el costado. Inclusive a veces parecemos necios porque no miramos ni vidrieras, ni precios. No sé si está bien o mal, pero fue lo que decidimos.

¿Qué implicó para ustedes abrir poco antes de la crisis de 2002?
Empezamos porque era obligatorio intentar anticiparse a la crisis. Teníamos la marca Chocolate en Uruguay y pensamos que podía ser peligroso, porque corríamos el riesgo de no tener mercadería.

Entonces decidimos abrir un negocio por las dudas, y nos vino bien. En ese momento había muchas condiciones que nos permitían traer cosas muy buenas (del exterior).

Viene de una familia emprendedora ¿Qué aprendió con ella?
De chico iba a la fábrica de mi padre y miraba como mezclaban los colores, las hilanderías, después lo hice de estudiante y trabajando. Es una ventaja, hay gente con talento y otros aprendemos. Pero el aprendizaje más grande fue que nunca me planteé no tener una empresa. Fui educado para ser emprendedor. Tuve muchas ofertas cuando mi padre cerró la fábrica, con sueldos que triplicaban lo que ganaba. Y no acepté.

Y su aprendizaje lo comparte, por ejemplo, a través del programa Empresario-Emprendedor
Uno no es nadie solo. Puede haber algo en los genes, pero también aporta la sociedad y lo mínimo que puedo hacer es tratar de devolverlo. En Uruguay las personas esconden el éxito porque tienen miedo de que los miren mal; es un país mediocrizado y no estoy dispuesto a vivir en un país así. Por eso con mi mujer decimos ayudar a emprendedores, hay que intentar que los que empiezan tengan una motivación real, que no sea solo el dinero. Les digo que hagan lo que les gusta y en lo que se sientan que son los mejores, que ganar dinero es una consecuencia de hacer las cosas bien.

Seguí leyendo