No debe haber casi ninguna persona que, luego de comer, no comience a sentir que los ojos se le cierran. Es un proceso del cuerpo casi inevitable que, muchas veces, invita a tomarse un descanso y dormir; por lo menos unos minutos.
La explicación a esto es que el sistema digestivo, al tener que procesar la comida, mueve grandes cantidades de sangre a zonas importantes del cuerpo para que puedan cumplir su función. Pero al hacer esto, tiene un efecto contrario en el resto de los órganos, lo que lleva a que la persona esté más "apagada" de lo normal.
Sin embargo, una reciente investigación ha revelado una nueva hipótesis: cuando se ingiere alimento con alto contenido de carbohidratos (los cuales poseen un alto índice glucémico) se aumenta la producción de insulina, lo que provoca la absorción y uso de glucosa en la sangre Pero también hay otro resultado: el triptófano que entra en el cerebro. Este aminoácido (sustancia química orgánica que constituye el componente básico de las proteínas) es el responsable de producir serotonina, un neurotransmisor que ayuda a mantener la tranquilidad, la calma y el sueño.
Por lo tanto, la solución principal para no quedar dormido es no consumir comidas con muchos carbohidratos.