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"Creo que el FA en 10 años hizo todo lo que podía hacer (mucho) y ya no tiene más agenda. Para seguir progresando hay que cambiar de timón” dice un post publicado en Twitter por el economista Ignacio Munyo al otro día de las elecciones internas en las que el gran batacazo lo dio el nacionalista Luis Lacalle Pou a quien este joven joven profesional asesora al igual que a Pedro Bordaberry.

Para hablar en nombre propio y no de nadie, Munyo recibió a El Observador en la Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo en la que dirige el Centro de Economía,Sociedad y Empresa.

Para este economista, la alternancia de los partidos políticos en el poder y sobre todo lo hecho en una década por la izquierda permite afirmar que “gane quien gane” las próximas elecciones “las reglas económicas no van a cambiar”. A continuación una síntesis de la entrevista.

¿Cómo evalúa la situación económica del país y qué tanto puede cambiar el futuro de corto y mediano plazo a causa del proceso electoral y del contexto mundial y regional?

Hoy en día, dada la situación económica del país y que hemos pasado por gobiernos de todos los partidos políticos, es muchísimo más relevante el contexto internacional que el cambio de gobierno. Con altísima seguridad se puede decir que gane quien gane, las reglas económicas no van a cambiar. El país ha madurado como para decir que la estabilidad no se discute. Lo que si se tiene que discutir es cómo hacer las cosas pero no qué hacer. Ya no se discute que tenemos que tener una inflación baja. Son factores externos los que realmente pueden hacer cambiar el panorama. Lo más importante es que la situación internacional, que hace un par de años se pensaba que podía ser complicada para el próximo gobierno, se ha ido disipando. Se puede decir que para los próximos cinco años el panorama es optimista aunque claramente no comparable con la década de oro soñada que tuvimos entre 2004 y 2013. El factor internacional importante que permite mirar con más tranquilidad los próximos años, lo que generaba mucha preocupación, era la suba de la tasa de interés o el límite de la política monetaria de incentivos en Estados Unidos. Esto, que podía generar un corte brusco en la corriente de capitales hacia la región, ya no está.

Las tasas en Estados Unidos van a continuar sumergidas un par de años más y también en Europa donde están muy preocupados por las presiones deflacionarias. Todo eso hace esperar que los flujos de capitales hacia los mercados emergentes, incluido Uruguay, si bien pueden no crecer, no se va a caer y si se frenan en los niveles actuales, son altísimos en porcentaje del PIB.

Hay otro factor favorable que también tiene que ver con el contexto internacional y es es el precio de los commodities. Es poco probable que siga creciendo mucho pero también es poco probable que caiga porque a pesar de la desaceleración de China, que ha pegado en algunos precios como los metales, el tipo de bienes que produce Uruguay ha estado más inmune porque la expansión china se está basando ahora en el consumo y eso es justamente lo que produce Uruguay, alimentos y alimentos un poquito más elaborados. La perspectiva para los precios de los los bienes que produce Uruguay es altamente positiva.

Entonces, el panorama internacional que tiene el próximo gobierno por esos dos lados es muy positivo. El tercer factor internacional es Argentina pero es cada vez menos relevante para Uruguay. Cada vez nos pega mucho más lo que está pasando en China que lo que está pasando en Argentina. Hemos sufrido sí por el turismo que cayó, pero las exportaciones son cada vez menos, en el entorno de 5%. Es cuestión de reorientar esos sectores. Así que a nivel internacional tenemos buenos augurios.

¿Se perdió una década para hacer reformas de fondo?

No se puede hablar de década perdida. Hemos hecho muchas cosas y podríamos haber hecho muchas más. No alcanza con decir siempre se puede estar peor y c ompararse con países de la región. Uruguay ha mantenido una línea económica que empezó ya a fines de los ‘70, siguió en los ‘80 con el comienzo de la democracia y en los ‘90. Y esa línea económica ya no se discute. Han gobernado todos los partidos políticos, todas las fracciones y todos han mantenido las reglas, obviamente que existen matices. La inflación está un poco más alta porque no es un objetivo prioritario de la administración Mujica controlarla porque se ha dado prioridad a una expansión importante del gasto público. A diferencia de buena parte de los analistas, creo que el crecimiento salarial no ha sido el factor de presión de la inflación en los últimos años.

Pero los trabajadores temen que si gobierna Lacalle Pou o Bordaberry se acaben los Consejos de Salarios...

Eso no va a ser así, lo han dicho los candidatos. Los salarios no han sido el principal factor de tensión sobre la inflación porque crecieron como la productividad media de la economía. Fue el aumento del gasto público y por eso tenemos déficit fiscal porque la prioridad del gobierno ha sido una expansión del gasto público y el contexto ayuda a porque las tasas de interés son bajas.¿Cuál es el problema? Si algún día se termina te agarra con una deuda que es baja en relación a lo que era, pero no en términos relativos a nivel internacional y todavía tiene 50% de dolarización.

¿Hay que ir a una regla fiscal?

Es muy difícil mantener la disciplina fiscal por el riesgo político de un ministro (de Economía).Hay que ajustar el gasto tres puntos del PBI. Creo que se puede bajar y una vez que se logra eso converger hacia una regla fiscal como la chilena. Uruguay creció en los últimos años por encima de su tendencia y si hubiera gastado en torno al 3,5% y no al 6% como gastó, tendría un colchón de tranquilidad gigantezco. Eso es imposible si no existe una institucionalidad porque no hay ningún ministro en esta tierra capaz de aguantar las presiones de gastar cuando todavía tenemos necesidades sociales que cumplir, cuando no hay una ley que me lo prohíba hacer. La situación ha cambiado.

Hemos tenido 10 años de un gobierno que tuvo que atender una situación social delicada y ha mejorado mucho, en gran parte por el aumento de los ingresos por el crecimiento de la economía. Creo que llegó un momento de hacer un cambio de timón porque es una nueva realidad que para poder atacarla se necesita eficiencia.

El nuevo contexto es positivo pero sin los márgenes que tuvimos antes. Se acabó la holgura, el “maná del cielo” y es hora de empezar a ver detalles, ajustar los márgenes porque no tenemos la libertad de gastar sin contrapartidas. No podemos darnos lujos que antes nos dábamos porque hay una nueva realidad, positiva, sí, pero mucho más ajustada y en donde la eficiencia, la profesionalidad y el ingenio pasan a ser mucho más importante.

¿En qué concretamente?

Hay que construir sobre lo que se tiene, lograr una síntesis de lo que fueron las cosas muy positivas de los últimos 10 años y agregar cosas nuevas para seguir creciendo. El país necesita un nuevo impulso que el Frente Amplio no se lo puede dar. A lo que me refiero con falta de agenda es a que se agotó un modelo que hizo mucho, pero se quedó sin agenda y es hora de dar lugar a nuevas generaciones para atacar a fondo problemas que no fueron abordados. Para empezar, en la madre de todas las reformas, la del Estado, no se ha hecho absolutamente nada. Desde el primer día habría que introducir incentivos en la ley de Presupuesto para que el sector público sea más eficiente, organismo por organismo. Otro capítulo es el de las empresas públicas que históricamente representan un ingreso al Estado de un uno por ciento del PBI y hoy le cuestan 1,5%.

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