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Es un bicho político y uno de los principales operadores del astorismo. Reconoce que muchas veces le dan ganas de salir con más frecuencia a pronunciarse sobre aspectos políticos, pero su condición de ministro, en parte, se lo impide. De todos modos, en entrevista con El Observador se sacó las ganas y dijo, entre otras cosas, que en la izquierda hay una “guetización” a la hora de discutir.

¿Qué diagnóstico hace de la realidad del Frente Amplio?
Estamos en un buen momento de gobierno con indicadores que hablan de un país creciendo y avanzando. Pero eso es sumamente contradictorio con el estado de ánimo de muchos sectores frenteamplistas importantísimos. ¿Cuánto pesa eso? No lo sé, pero no es menor y no podemos hacernos los distraídos. Esto es un mensaje que los frenteamplistas nos enviaron en mayo a través del voto en blanco en las municipales. La lucha por posiciones es también una parte negativa del diagnóstico; es claro que todos los sectores queremos tener el mayor caudal de adhesión posible, pero cuando eso se transforma casi en un objetivo en sí mismo tenemos problemas. Eso está pasando.

¿Pero ve incrementada la lucha interna en este gobierno?
Es que nosotros vivimos otra etapa que es cambiar de elenco gubernamental del mismo partido. Y eso significa situaciones humanas muy comprensibles. Es probable que muchos de los que estaban y no quedaron sientan que su esfuerzo no se tuvo en cuenta y es probable que otros consideren que había 10.000 mejores que los que asumimos cargos. Eso va generando algún sentimiento complejo.

¿Por qué el FA está estancado?
Hay mucha reunión pero poca discusión política. ¿Cómo salimos de esto? Yo comparto las propuestas de reestructura, pero son insuficientes totalmente. Hacer retoques a la organización sin discutir el cuerpo de ideas es hacer cosmética y corremos el riesgo de estafar a los frenteamplistas. No se trata de discutir los principios; la discusión es la selección de caminos para hacer realidad los principios. Por eso, nosotros planteamos que hay que debatir la renovación ideológica. Antes había un mundo bipolar que ya no existe. La democracia es hoy un escenario inalterable, pero no hace mucho en la izquierda pensábamos que era algo burgués y nosotros íbamos a no sé qué otro escenario superior. Antes pensábamos que un poco de inflación no hacía mal. Era un viejo discurso de la izquierda. Ahora nos dimos cuenta que la inflación y el equilibrio fiscal no son cuestiones de derecha ni de izquierda.

¿A qué se debe la falta de debate real en la izquierda?
Yo vengo de un gremio, la Federación Uruguaya de la Salud, donde discutíamos horas pero después íbamos todos juntos a tomar una. Hoy hay una especie de guetización donde solo hablamos con los que pensamos igual. Esa guetización, que también se da en el resto de la sociedad, no nos hace bien.

¿Qué riesgos corre el FA si no recupera la unidad de acción como modo de operar?
Si yo quiero vencer en vez de convencer, tengo problemas y voy a poner en riesgo la unidad de acción. Falta debate, decisión democrática y acatamiento disciplinado. Tienen que conjugarse los tres pilares para que tenga efecto. Yo veo que el neoliberalismo no nos ganó en lo económico, pero en muchas cabecitas, incluida la mía, nos ha penetrado. Es exacerbar el individualismo o el corporativismo y eso tiene mucha cuestión neoliberal. Aunque declaramos lo contrario, cuando uno tiene actitudes de vida así, está haciendo lo que dice que está combatiendo y eso nos pasa. Si no se recupera el accionar unitario, el FA se pone en riesgo. El respaldo al gobierno es imprescindible (pero) a veces parece que las principales oposiciones vienen desde dentro de casa.

¿Por qué pasa eso?
Nuestros debates son amplificados y es lógico. Que los blancos y los colorados estén pensando en 2014 y discutiendo candidaturas es su irremediable destino porque, con todo respeto, no tienen demasiado espacio para hacer otra cosa. Pero nosotros no podemos, al tercer mes del gobierno, estar discutiendo quién va a ser el candidato. ¿Eso significa que somos tan tontos de no pensar en 2014? No, pero no hay mejor garantía que hacer un buen gobierno. En el FA hay una intención permanente de marcar perfil. El perfilismo es una enfermedad que nos entró a todos. Estamos muy obsesionados con el 2014 y nos estamos olvidando del 2011; ese es nuestro principal problema.

¿El FA tiene garantizado ganar en 2014 si Vázquez es el candidato?
El FA tiene que garantizar el triunfo a partir de la gestión que haga. Pensar que independientemente de lo que hagamos va a venir alguien que nos va a salvar, es el peor error que podemos cometer. Lo digo por Tabaré o cualquier otro. Eso sería pensar que tenemos licencia para hacer lo que queramos y no es así. Si el gobierno del FA es un desastre, cosa que estamos trabajando para que no pase, hay que ver si alguien tiene ganas de presentarse. Los candidatos son muy importantes, pero no hubiéramos ganado las pasadas elecciones si Tabaré y su equipo no hubieran hecho una gestión exitosa. La gente nos hubiera castigado así pusiéramos al mejor candidato del mundo.

¿Cómo influye que existan dos equipos económicos, el MEF por un lado y la OPP por otro?
Yo no siento que haya dos equipos; hay uno solo. Que haya ideas está bien. El hecho de que exista un Ministerio de Economía no quiere decir que el patrimonio de ideas salga solo de allí. Yo no veo que haya un jueguito de ver quién es más de izquierda. Si lo hubiera, en eso, en el Frente Líber Seregni, realmente nos sentimos muy cómodos. Yo me siento muy de izquierda porque transformo la realidad.
En estos dos gobiernos hay un denominador común: Astori fue el ministro de Economía en el gobierno pasado y todos los frenteamplistas concluyeron que la política económica había sido exitosa. ¿Qué es ser más radical? ¿Hacer todo del Estado? ¿Que el ferrocarril no funcione pero sea todo del Estado? Yo tengo mis dudas.
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