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Cada vez que regresa a Uruguay, dice no poder evitar revivir lo mejor del arte uruguayo. Entonces, una visita al Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) “se le torna inevitable”, como también recorrer diversas galerías de arte, según cuenta. Esta vez, sin embargo su agenda estuvo cargada. El ex director del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) entre 1995 y 2000 y, del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Mncars) desde entonces y hasta 2008, llegó el lunes pasado para presentar tres ponencias. Una fue en el Claeh, titulada Los museos en España hoy, otra fue sobre la poética portuaria de José Gurvich, en el MNAV, y la última, que tendrá lugar este viernes en el Museo Gurvich, será sobre una corriente de artistas españoles contemporáneos que reivindica la pintura metafísica italiana (ver recuadro). El Observador aprovechó su visita para saber, entre otras cuestiones, acerca de su mirada sobre España y Uruguay en tanto gestor cultural.

¿Cómo está repercutiendo la crisis europea en los museos españoles?

La crisis es muy real y en materia de cultura ha supuesto grandes recortes. Hay gente que piensa que hay demasiada galería, que hay muchos cascarones vacíos y en algunos casos creo que es verdad. Los bancos que tenían muchas fundaciones abocadas al arte han parado en gran medida sus actividades.

¿Qué caminos nuevos han encontrado los museos y las galerías para afrontar esta situación?

Ahora mismo no se ve mucha nueva estrategia. Se está tratando de salvar los muebles. Y es inevitable pensar que algunas colecciones podrían perderse de aquí a poco tiempo. Conozco varios museos que han decidido parar de comprar nuevos cuadros. Las exposiciones, por su parte tienden a durar mucho más tiempo. Sitios en los que antes se hacían cinco muestras al año, ahora solo hacen dos. En materia de coleccionismo privado, también se percibe una gran caída. Hay algunos que han parado de comprar desde hace años e incluso han tenido que vender. Por otro lado, se percibe otro tipo de coleccionistas que tiende a desprenderse de las obras españolas de la década de 1950 y apuntan a valores más seguros como el arte contemporáneo internacional de moda, que resulta más vendible.

Los artistas, por su parte, tienden a reorientarse, por ejemplo, generando obras múltiples, o inventando ediciones de grabados orientados a suscriptores para amortiguar sus gastos.

Pero, por otro lado, hay un aspecto muy positivo y es que hay consenso más allá del gobierno de turno, en torno a la necesidad de una red museística y a que lo artístico tenga independencia de lo político, algo que durante mucho tiempo no existió. En este sentido, nos parecemos más a un país normal en materia de arte como lo fue Francia de manera temprana.

¿Cuáles considera que fueron los últimos logros de España en materia museística y cuáles de ellos podrían importarse a Uruguay?

El primer logro de España en las últimas tres décadas fue haber recuperado el tiempo perdido. Pudo conseguirse un imposible como parecía competir internacionalmente sobre los grandes españoles de la escuela de París que durante años habían estado olvidados. (Hasta la década de 1970 encontrar pinturas en España de Pablo Picasso, Joan Miró, Juan Gris o Julio González, que habían hecho su carrera fuera de España, era casi una utopía). Otro logro que se dio en paralelo fue la diversificación de escenarios. En España ahora en materia de arte hay tantas razones para ir a Valencia, Bilbao o Tenerife como para ir a Madrid. Creo que Uruguay, perfectamente podría ver en qué otros lugares sería idóneo ampliar una propuesta museística más allá de Montevideo. Tengo la impresión de que aquí en materia cultural está todo muy centralizado. Montevideo capitaliza mucho. Lo que luego no puede pasar es que todos los museos quieran hacer lo mismo.

El intercambio artístico entre Uruguay y España tuvo una intensa tradición en épocas pasadas, ¿pero qué pasa ahora?

El interés por el arte latinoamericano auténtico diría que es reciente. Se agudizó en los últimos 20 años y hoy es potente. Ahora en España puede encontrarse una cantidad de exposiciones sobre artistas cubanos, mexicanos, estadounidenses. Sin embargo, diría que no se conoce el arte uruguayo más reciente. El último nombre que ha llegado es Ignacio Iturria. En materia de arte, Uruguay sigue identificado casi exclusivamente con Torres García, Rafael Barradas y la Escuela del Sur. Incluso Figari es una materia pendiente, como también lo son los artistas más contemporáneos.

¿Qué enfoque museístico percibe que falta en Uruguay en la actualidad?

Probablemente, a efectos del espectador uruguayo, Uruguay debería pegar un estirón en materia de su colección internacional. Creo que lo uruguayo está muy estudiado aquí, que tiene sus museos específicos y que se han exportado varias exposiciones interesantes como la de la Escuela de Sur. Pero considero que sería saludable que pudiera haber un acceso mayor a clásicos de la vanguardia internacional, o incluso de lo que se hace ahora mismo. Alguien que está en este proceso, y que tiene recursos para hacerlo es Brasil. Siempre que voy a San Pablo hay un artista internacional de peso

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