Con un facón atravesado en la espalda, Milo J baila sobre el escenario del Antel Arena. “Tengo unos tatuajes bajo de la piel / que no cicatrizaron y otros se reencarnan / no me siento propio y al ver el ocaso / quise ir más despacio /que el tiempo no falta”, canta en Bajo de la piel, el tema que abre el álbum y con el que inició el primero de dos conciertos con entradas agotadas en Montevideo.
Un camino de vida, muerte y resurrección.
El coro murguero de Agarrate Catalina lo sostiene, lo respalda y lo impulsa, como si las voces de la murga le soplaran la espalda mientras inicia el camino a través de su propia oscuridad. Vestido con una campera marrón que exhibe una brillante cicatriz de bronce sobre el corazón, Milo J canta el enojo, el dolor y el amor. Muestra los dientes de oro y una voz profunda en Solifican12. Una pequeña margarita florece en su mano derecha, mientras una cinta roja protege la izquierda.
“Buen día, Montevideo”, le dijo al público que gritaba su nombre. Milo J va en busca de la luz, con un show que tendrá la capacidad de emocionar a los más jóvenes y los más grandes con la misma intensidad a lo largo de dos horas.
WhatsApp Image 2026-04-26 at 13.44.15 (2)
A los 19 años, Milo J parece habitado por otras vidas. Otros sonidos, otras sensibilidades, otras almas. El encuentro justo entre la memoria personal y la memoria colectiva: la proyección de una historia en común, que parece querer olvidar o enterrar en medio de la tierra santa, debajo de la luna. Una memoria colectiva que se niega a morir.
Voces originarias, cantos indígenas. Un registro en kichwa o guaraní que se hilvana con las letras que escribió para un proyecto que define como “el mejor” disco que hizo en su vida.
Un trabajo de artesanos que ahora es llevado adelante por una banda con siete músicos que instrumentan desde una batería a un bombo leguero, flauta, violín, teclados, guitarras criollas, bajo o charango. Una materialidad sobre la que danzan las voces dulces de los coros sin cuerpo, el diálogo melancólico entre dos guitarras o la explosión lúdica de los percusionistas. Pero, sobre todo, el evidente disfrute de un grupo de músicos versátiles.
La soledad, el amor, la muerte, la reencarnación, el dolor, la pérdida y la identidad. Bailar con el diablo o buscar la luz, Milo J regala las 15 canciones de su nuevo álbum, pero también un repaso de su carrera durante más de dos horas. Canciones como Carencias de cordura, A vos, No hago trap, M.A.I, Olimpo, No soy Eterno y Paraíso (Daña), entre las colaboraciones con Bizarrap que lanzaron en 2023, hacen saltar al público.
WhatsApp Image 2026-04-26 at 13.44.17
“No vine solo”, dice Milo antes de que el coro de Agarrate Catalina vuelva a entrar –después de un sample de Giros en la voz de Nicki Nicole– para Ama de mi sol mientras el público extiende los brazos al cielo y canta con la voz a toda potencia. Le gritan que lo aman, lo impulsan hacia adelante. Niños y adolescentes lo miran de ojos enormes, con una silueta montañosa detrás, delimitada por el reflejo del sol en el comienzo o el final del día.
Entre el bien y el mal hay una oración
y dos pasos para atrás
Me aburrí de hacer trap, negro, quiero hacer folklore cantaba Milo J en Daña (Elvira) y ahora toma otro sentido, antes de dejar flamear una bandera de Santiago del Estero, la tierra a la que fue a buscar la inspiración folklórica, sobre el pabellón argentino.
Hay algo religioso, ritualistico que lo atraviesa todo. Milo J es un canal. Un encuentro entre las voces del presente y los ecos de la inmortalidad, las generaciones jóvenes y los artistas que quizás nunca oyeron cantar.
Un alma pasada, me estoy manifestando
WhatsApp Image 2026-04-26 at 13.44.15
Niños y adolescentes cantando, a través de la voz de Milo, las voces de Horacio Guarany en Niño o Violeta Parra en Llora Llora como en un ritual de transmisión cultural. El coro del público lo acompaña mientras se hamaca en un vaivén casi arrullador, en uno de los momentos de mayor ternura de la noche.
¿Cómo estarán?
En la ensenada, el viejo ceibal
Los jazmineros y orquídeas en flor
Donde cantó dulcemente el zorzal
Quiero volver
A contemplarme en tus ojos cambá
Y que me beses como te besé
Bajo la sombra del jacarandá
Luciérnagas, la canción que escribió sobre la pérdida de su abuela y la que le ofreció a Silvio Rodríguez, se convierte en un hito. En la noche, entre las voces de tanta gente, suena cristalina la voz del trovador.
Yo no veo tu cara en el ataúd,
veo un ser de luz desaparecer
Y como si no fuera suficiente, aparece como una invocación la voz de Mercedes Sosa. Un intercambio póstumo entre Milo J y una institución latinoamericana: una colaboración postmortem de Jangadero. “Es Mercedes Sosa loco, ¡que se escuche!”, le pide al público que corea con él en uno de los momentos más hermosos de show.
WhatsApp Image 2026-04-26 at 13.44.16 (2)
Pero no se confunda, querido lector: no se trata de un viaje nostálgico. Es un proyecto que mira al pasado para resignificar el presente. Un presente que marca junto Trueno en Gil y mira al futuro con nuevas voces como AKRIILA, Paula Prieto o Radamel, con quien comparte una versión de Zamba para un bohemio guitarrero que luego se convertirá en El Invisible con Los Carbajal.
Un sonido auténtico, honesto. Vivo.
“¿Vamos a pudrirla un poco, o qué?”, le adelanta el público antes de continuar con otras canciones de su repertorio como Fruto y Milagrosa.
Vuelve la murga y las voces elevan en Cuando el agua hirviendo y una versión de Negra murguera –la canción de Bersuit Vergarabat– mientras un hombre baila murga con su hija sobre los hombros. Rara Vez y la BZRP Music Sessions #57/66, la canción con la que inició un vínculo con la murga uruguaya que la lleva a girar con el cantante argentino allá de dónde vaya haciendo los coros del proyecto.
Hoy me voy al sol, porque Dios me llamó desde el downtown.
Debo despertar, porque no se acalora mi alma.
“Son parte de la mejor gira que hice en mi vida, del mejor disco que hice en mi vida”, dice el músico.
El final, el silencio. Milo J deja atrás el escenario y la sensación que resuena es la de algo trascendental. Una ofrenda a un público que lo ve crecer.