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¿Qué significa presidir AMRU?
Es una gran responsabilidad, me costó asumir este rol y no me siento presidenta de mis compañeras, me tocó afrontar esta tarea y agradezco la confianza que me dieron. Hay que estar lo más posible en la sede, firmar cheques (risas), reunirse con el contador... pero lo más valioso es estar atenta a todo lo que pase en el país con las mujeres rurales, en Bella Unión, en el sur o en el este, ver sus necesidades y de pronto correr para subirse a un avión y representar a AMRU en reuniones internacionales. Por suerte somos varias ya capacitadas y con pasaporte porque AMRU pertenece a asociaciones muy importantes, como Coprofam o Reaf, y participar en esos ámbitos es fundamental.

¿Qué objetivo, de los trazados para esta gestión, destacaría?
En estos dos años vamos a desarrollar un plan de fortalecimiento institucional, con apoyo del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). Ellos aportan el financiamiento y nuestra contraparte es, en el territorio, fortalecer a los grupos que están más lejos, con información, apoyo y capacitaciones.

¿Qué datos estadísticos podría aportar sobre la mujer rural?
Son el 2% de la población del país. El 44% de la población rural son mujeres. No a todas se las considera asalariadas, trabajan a la par o más que el hombre, pero su trabajo no está registrado, ni remunerado en muchos casos. La mujer es la primera en levantarse y la última en acostarse en muchos hogares. Es la persona más sensible en el campo, la primera en ver que un animal está herido, como que tiene cuatro ojos, es la primera que se da cuenta que la vaca va a parir, todo eso tiene un valor no siempre bien reconocido.

¿Qué actividad campera realizó?
Nací en el campo, estudie pero soy agrónoma frustrada. Mi padre decía cómo las mujeres iban a estudiar algo que era para los varones. Una de mis hijas, con empuje de la madre, es agrónoma, otra estudia veterinaria y otra es licenciada en enfermería. Siempre me gustó la tierra, cuidaba mis canteros con mis abuelas y aprendí mucho. Fui productora agroecológica 12 años, de verduras para supermercados en Nueva Helvecia y Colonia Valdense, pertenecía a la Asociación de Productores Orgánicos del Uruguay y fui secretaria de la primera cooperativa agroecológica que se fundó. Integré aquellos movimientos para que la gente conociera los transgénicos, con Redes Amigos de la Tierra y la Unidad de Innovación en Tecnología de Alimentos, se trajo a gente del exterior para asesorar, trabajamos con asociaciones de productores para crear conciencia y que luego cada uno proceda como quiera. En forma paralela he trabajo en el campo familiar, El Roble Viejo, en Rincón de Cufré (San José), haciendo chacra y tambo, con mi esposo al frente, se remite a Conaprole y he ido aprendiendo algo cada año. Hice un curso de ayudante de tambo, logré acercarme a las vacas que era algo a lo que le tenía temor y ahora me encanta todo lo relacionado con la cría de terneros. Estudié paisajismo y los proyectos de los jardines los hago acomodando los tiempos, a veces de noche sacándole horas al sueño, es algo que me apasiona.

¿Cómo arrancó en AMRU?
Integrando el grupo Canaán 2001, llamado así en alusión a la tierra prometida, queríamos frutos hermosos y grandes, ¡mis lechugas pesaban más de dos kilos! Hacíamos un manejo orgánico, con apoyo de los agrónomos Raquel Barg, que fue mi maestra, y Fernando Queirós.

¿Cómo ve a la mujer rural si la compara con la de hace 15 años, cuando ingresó a AMRU?
Cambió, tiene un perfil muy diferente. Había excepciones, pero en aquellos años se la identificaba por su gran capacidad para elaborar mermeladas o conservas, AMRU se creó para ayudarla por ejemplo a comercializar, se creó la marca Delicias Criollas y funcionó muy bien. Hoy quedan pocas mujeres en el campo y hacen de todo, lo mismo que los hombres, la mujer tiene poco tiempo para sentarse a tejer o hacer una mermelada, lo hacen cuando pueden, algunas, pero hoy tiene otra mentalidad, es más empresaria, muy activa, es profesional, ha elegido vivir en el campo y es la gran responsable del hogar y de su familia, como siempre, pero está arriba de los temas productivos. Hay mujeres dueñas de sus tierras, de sus ganados. Y si es empleada, por poner un ejemplo, en un tambo son las mejores guacheras. Hace poco estuve en Bella Unión con mujeres cañeras, que hacen todo el proceso, con más de 40 °C estaban fumigando. Hoy las mujeres están mucho más interesadas, a cualquier edad, por capacitarse, lo vemos en los Cursos Adaptados al Medio en las escuelas rurales, donde se las ve aprendiendo carpintería, o computación. Y ni que hablar que las mujeres son muy buscadas para manejar maquinaria, por ser muy cuidadosas y eficientes.

¿Cómo ve al sector?
Tengo una hija y un yerno agrónomos. Están trabajando muy bien. Otra hija trabaja en ASSE y está contenta. Para los estudiantes está más o menos, hay baches grandes en las facultades, cambios de programas sobre la ruta que los hacen trastabillar. En lo agropecuario no hay un combustible con un costo que empuje. Llenar el tanque del tractor es complicado. Nuestros gastos son iguales a los de todos y no podemos agrandarnos porque no compensa lo mucho más que vamos a gastar. Meter 30 vacas más hay que pensarlo tres veces. La energía eléctrica subió mucho. Vamos hacia más grandes extensiones, con el productor chico afectado para mantenerse. Eso a AMRU le preocupa. Este es, justamente, el año internacional de la agricultura familiar, y en ese sentido se está trabajando fuerte y lindo en Uruguay en una comisión integrada por el MGAP y varias instituciones. Eso es valioso, como el apoyo de FAO que tuvimos para formar líderes rurales capacitados en temas como recambio generacional, soberanía alimentaria y producción familiar.
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