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Eran las cinco de la mañana del viernes 19 de enero de 2007 cuando Natalia Martínez y sus tres amigas salieron del boliche La Rinconada, en Piriápolis. Sus compañeras estaban listas para volver a sus casas y fueron a buscar el auto. Natalia se quedó conversando con el portero de la discoteca. La joven demoraba demasiado y sus amigas fueron a buscarla, pero había desaparecido. Según se supo con posterioridad, tras abandonar la discoteca, Natalia conversó brevemente con el empresario Leonardo Radakovich –quien viajaba en su BMW junto a un amigo– y le habría dicho que estaba aburrida y que no quería irse con las amigas. Tras la charla, el empresario continuó su camino. Natalia apareció muerta 22 días después en una zona boscosa de laguna del Sauce.

Según se estableció posteriormente, el asesino de Natalia Martínez era R.B.B., un joven conocido de la víctima, a cuyo coche ella subió. Pero hasta que el hecho se esclareció, Radakovich fue señalado de manera inquisitoria por los medios de comunicación y por algunos vecinos. “Tantas veces te lo repiten que genera sospechas. Te ponían ‘el presuntamente implicado’, pero te filmaban el negocio, donde vivías, todo”, recuerda Radakovich.

Cuando el crimen se resolvió y R.B.B. fue condenado por homicidio con nueve años de prisión, Radakovich dijo que iba a hacer juicio a los medios de comunicación que lo habían hostigado y comentó que el hecho lo había afectado al punto de hacerle perder la afiliación a un club de bochas. Hoy, cinco años después de lo ocurrido, el empresario comenta que luego la situación se calmó y que optó por no hacer juicio porque “la prensa va ser juzgada por la gente” y no le sirve “la plata”.

El empresario manifiesta que continúa con su vida de forma normal y que por eso sigue viviendo en Piriápolis, a pesar de poseer otras propiedades en la costa. “A mí nunca me afectó tanto como la gente se imagina. Me han pasado cosas mucho más serias que esto, como cuando era chico, que sufría muchísimo por enfermedad”, señala. Radakovich afirma que no tuvo contacto posterior con la familia de Natalia: “Ellos tenían casi la certeza de que era yo, porque tanto te dicen…”.

Sin embargo, el empresario considera que la persona que está presa por la muerte de Natalia no es culpable y que éste ha sido víctima de la prensa y de la opinión pública, como él mismo lo fue al principio de la investigación.

“Lo metieron preso tantos años porque no llevó a la gurisa al hospital. Yo siempre pensé que ella sufrió un accidente. Si no fuera por la repercusión, le hubieran dado tres meses. La muerte por sobredosis es lo más probable. La persona que agarraron tiene el perfil de un tipo no violento. ¿Por qué ir a tirar a una gurisa a un lugar lleno de gente, teniendo 40 kilómetros de campo? Eso es una persona que no razona mucho. Estaría borracho y tiene un cierto retardo. La opinión pública en este país te ejecuta”, comenta.

Tanto la familia de la víctima (compuesta por su madre y hermana, ya que el padre se suicidó seis meses después de la muerte de Natalia, durante el Día del Padre), como R.B.B. prefirieron no hacer declaraciones, ya que la defensa del acusado presentó una apelación.
En el caso nunca se pudo comprobar el motivo exacto de la muerte de Martínez. Asfixia mecánica, estrangulamiento, uso de un tóxico o “muerte por inhibición” fueron todas posibles causas apuntadas por los médicos forenses. Sin embargo, R.B.B. –quien confesó y luego se retractó diciendo que Martínez murió de una crisis de asma y él se asustó– fue imputado alegando “ánimo de ocultación del cadáver” y tras encontrarse un trozo de cuerda con el que habían estado atadas las muñecas de la víctima.

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