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Sentado al fondo de la cafefería del Teatro Solís, Delfi Galbiati tiene mucho menos de la impronta de los grandes reyes que tuvo que representar a lo largo de sus 40 años en el elenco oficial, y mucho más la del pícaro y melancólico Juan que ahora encarna en Príncipe Azul. Como las de este, sus locuciones suelen ir acompañadas de sonrisas y hasta estruendosas carcajadas, pero en su mirada hay un gran dejo de nostalgia de quien intuye que irremediablemente vendrán “otros tiempos” a los que deberá aprender a enfrentar.

¿Qué lo motiva a irse de la Comedia Nacional cuando todavía le faltan tres años para cumplir 70, la edad de retiro obligatorio?

Me voy porque ahora puedo beneficiarme de un incentivo que me sirve económicamente. Ya llevo casi 40 años en la institución y creo que fue tiempo suficiente.

¿Tuvo que ver en la elección del personaje con el que se retira?

No, en la Comedia no elegís obra ni papel, ni director. Sos un funcionario, obligado a hacer lo que te asignan. De cualquier manera, Príncipe Azul presenta a dos grandes personajes, a dos viejos melancólicos que me gustan mucho para retirarme. Además, es un privilegio poder compartir escenario con un “hermano” como Levón,

Muchos lo imaginábamos retirándose como un rey...

Es verdad que he tenido que representar a muchos reyes y condes, supongo porque tengo características para el teatro clásico. Me acuerdo que el año pasado, cuando hice de rey en Cuento de Invierno, un crítico de teatro escribió que yo estaba en piloto automático. Y a veces se da un poco eso. Nosotros, entre los actores veteranos, bromeamos mucho con la idea de ir al casillero del personaje tal y tal. Lawrence Olivier decía que un actor hace cinco grandes papeles en su vida y que todos los demás son variaciones. Y creo que tiene bastante razón.

¿Y cuáles fueron esos cinco papeles suyos?

Personajes tan disímiles como un hombre vencido y arruinado por el alcohol y la vida en Los Cuentos del Final de Carlos Manuel Varela, o el reo reventado de La Nona de Roberto Cossa, o el rey Agamenón o don Juan Tenorio. Todos los demás quizá fueron variaciones, pero no porque me repitiera sino porque fueron papeles que marcaron mi carrera y que hice con mucha pasión. Yo creo que si bien la originalidad existe, también tiene un límite.

¿Qué es lo que lo ilusiona más de la etapa que está a punto de iniciar?

Me ilusiona la posibilidad de decir “no”. Estar en la Comedia Nacional tiene la gran ventaja de permitirte ser un actor profesional, algo muy difícil en Uruguay. Te permite saber que todos los meses tendrás tu sueldo, como cualquier otro municipal, pero por otro lado estás obligado a actuar en lo que te digan, te identifiques o no con cada proyecto.

¿Se imagina regresando a la dinámica del teatro independiente?

Y... fue la manera como empecé. Nunca me olvidé de mis inicios. De hecho, ya he tenido algunos ofrecimientos.

¿Cuál se puede adelantar?

Tuve una propuesta por parte de Franklin Rodríguez para actuar en Visitando al Sr. Green, de Jeff Barón. Una obra contemporánea muy linda, que en Argentina fue llevada a escena por Pepe Soriano. Los otros están verdes todavía...

En estos 40 años que ha estado en la Comedia, ¿cuál considera que fue la época de oro de la institución y cuál fue su peor momento?

Es difícil determinarlo. Yo entré a la Comedia en marzo de 1973, apenas tres meses antes del triste junio. Uno de mis primeros recuerdos en la Comedia fue cuando estaba ensayando El misántropo de Moliére, en Sala Verdi. Un día, después de los ensayos, salimos a 18 de Julio y la encontramos tomada por los gases y los tanques. En esa época fue muy difícil hacer teatro. Antes de los estrenos venía gente a la oscuridad de la sala, para ver si avalaba la puesta. Pero simultáneamente era una época en la que todavía se conservaban los venerables viejos del teatro como Alberto Candeau, Maruja Santullo y Enrique Guarnero. Yo apenas era un actor tiernito y sentía estar tocando el cielo con las manos por compartir el teatro con ellos... Es increíble que a Candeau se lo recuerda más por ser la voz del Obelisco que por ser una gran figura del teatro nacional.

Usted también tiene un perfil militante, ¿cómo preferiría que lo recordaran?

Nadie se acuerda de los actores. Cuando te fuiste, te olvidaron. A los actores de teatro los recuerdan sus propios compañeros, pero el público se olvida. El teatro es el arte de lo efímero: disfrutalo hoy, y mañana quién sabe...

¿Qué repercusión tuvo su discurso ambientalista luego de una función de Cuento de Inverno en junio pasado?

(Sonríe). La verdad es que armé un poco de problema. Mario Ferreira me había pedido que como veterano del elenco dijera algunas palabras en esa fecha. Y yo respetuosamente dije todo lo que pensaba. Hablé en contra de las plantaciones de eucaliptos, de la soja transgénica, de la minería a cielo abierto, y ocasioné una nota al director de Cultura, Héctor Guido, por parte de un diputado oficialista que estaba en sala. Curiosamente, hace poco me llegó el informe jurídico de todo este episodio, que decía que me declaraban libre de toda culpa.

Ahora que va a tener más tiempo, ¿seguirá interesado en militar en estos temas?

Seguramente… Hoy me parece un disparate que quieran hacer el puente sobre la laguna Garzón. Podrían desviar la ruta 5 kilómetros hacia arriba. Después se habla de Uruguay Natural...

¿Cómo ve a la Comedia Nacional en este momento?

Creo que está pasando por un momento altamente positivo, fundamentalmente por la incorporación de nueve nuevos actores y por el cuidado permanente a la diversidad en el repertorio.

¿Con el paso del tiempo le cuesta más creer en el aplauso?

Para mí el aplauso sigue siendo la mejor recompensa que puedo tener. Los actores sabemos contemplarlo, podemos medir su intensidad, su ritmo, su fuerza.

¿Pero siente que tiene un público incondicional?

Sí, claro…pero igual lo valoro. Me llena de orgullo y amor.

¿Cómo se imagina el 3 de abril, al otro día de haber dejado de actuar para la Comedia?

Me imagino a mi señora diciéndome: “Ayyy Delfi, ¿por qué no te vas al gimnasio”. Hablando en serio, creo que estaré planificando con tranquilidad mis proyectos en el teatro independiente.

PERFIL

Prolífico. Desde su ingreso a la Comedia Nacional en 1973, actuó en más de cien títulos.
Despedida. Príncipe Azul, de Eugenio Griffero (actualmente en cartelera) y El Inspector, de Nikolái Gógol (que se repone en marzo), serán las dos obras con las que se despedirá de la Comedia Nacional.

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