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El periódico El Nacional de Venezuela informó que un fiscal de EEUU investigaba al presidente del Parlamento, Diosdado Cabello, por presunto narcotráfico. Esto no gustó a las autoridades y los directivos de ese periódico y de otros dos que dieron la noticia fueron denunciados por la Justicia. Esto encontró a Miguel Otero, director de El Nacional, en un viaje del que todavía no pudo regresar y que lo hizo pasar por Uruguay.

¿Dónde está viviendo?

Salí hace tres meses y medio del país por una invitación del gobierno de Israel para una visita de diez días. En ese momento dictaron medidas cautelares contra mí y son prácticamente una sentencia: prohibición de salida, régimen de presentación y congelación de bienes. Si regreso no puedo salir. Además tengo amenaza de otros juicios por magnicidio, venta de armas, financiamiento de paramilitares, blanqueo de capitales y traición a la patria, todos con medidas cautelares son de prisión indefinida. Decidí no regresar mientras no estén dadas las condiciones para garantizar que no voy a estar preso.

¿Se fue con una valija de diez días y no volvió más?

Claro. Desde Venezuela me han llevado cosas, eso no es un problema. Tengo seis hijos, ellos han viajado, nos vimos en otros lugares como Miami o Madrid. Lo que sucede es que la presidenta del Tribunal Supremo dijo que Diosdado Cabello es inocente y quien lo ataque a él, ataca a la patria. Consideraron que yo soy un traidor de la patria, un crimen que implica 30 años de prisión. Ante esa amenaza, prefiero no volver.

¿Qué pasó con las otras 21 personas que también fueron acusadas por divulgar esa información?

Denunciaron a los directores de los diarios El Nacional, La Patilla y Tal Cual. El jefe de Tal Cual es Teodoro Petkoff, que ya no tiene periódico sino solo la página web. Está enfermo y no está dando la batalla. El de La Patilla es Alberto Ravell, que está en Colombia y ahí tiene un canal televisivo.

De los 22 demandados, 17 estamos fuera del país y muchos no van a regresar ni de casualidad. Para que se inicie el juicio tiene que haber una audiencia preliminar donde estén los 22, eso no existe (...). Es una retaliación, una manera de usar los tribunales para cerrar periódicos.

¿Cómo sobrevive El Nacional?

No es fácil. Estamos en modo sobrevivencia. Hay 12 periódicos del continente que nos han prestado papel; las demandas son contra la directiva pero no afectan a la operación periodística. Hace seis años éramos 1.100 y ahora somos 300. Tenemos una paginación recortada, una circulación restringida, no tenemos suplementos y hemos reducido otros productos. Tenemos el periódico básico, como en 1.943. Pero somos un producto único y eso hace que la gente nos compre. Y hemos cuadruplicado el tráfico en la web, lo que reporta ingresos adicionales.

¿Qué ve en el futuro? ¿Cuándo volvería al país?

No tengo la menor idea. Este gobierno no va a durar mucho tiempo porque hay una crisis de gran nivel. Está al borde del precipicio y falta que alguien le dé un empujoncito. El nivel de destrucción, crisis, descomposición y rechazo de la gente hacia el régimen lo pone en una situación muy delicada (...). El continente no es tan consciente de lo que puede pasar allá, que puede afectar a todos y no solo a Venezuela. Nos hemos sentido muy abandonados por los demócratas internacionales, que no entendieron que en nuestro país no hay una democracia. Quizá la chequera generosa de Chávez hizo que hubiera silencio. Pero esa chequera ya no existe. Y Venezuela está llegando a un momento de crisis muy grande: puede haber una desgracia colectiva.

¿Por qué define al gobierno como una dictadura?

Primero, porque no hay poderes independientes: todos los mandatos públicos están secuestrados por el Ejecutivo. Además, porque hay 70 presos políticos, 2.000 personas en régimen de presentación y denuncias de torturas presentadas ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU. Todo es opaco y las decisiones que toma el gobierno son arbitrarias. Claro, hay elecciones, como en Corea del Norte, donde el presidente ganó con 99,9% de los votos. Aquí en diciembre habrá elecciones legislativas y el gobierno no acepta la observación internacional. Al principio, el chavismo ganaba las elecciones pero cuando las empezaron a perder comenzaron a hacer trampa. El hecho de que haya comicios no es el único indicador de una democracia: no hay elecciones limpias: las que ganó Maduro fueron absolutamente fraudulentas.

¿Por qué dice esto?

El registro electoral permanente, que es el listado de los que votan, es manejado por funcionarios cubanos y sin ninguna posibilidad de que se hagan auditorías. Los que manejan las mesas de votación y toda la estructura electoral son empleados del gobierno. Los testigos también lo son. Han multiplicado y dispersado el número de mesas para que las haya en sitios donde no puede haber testigos. Así, la mayoría de las mesas solo tiene testigos y empleados del gobierno. También hay un impresionante nivel de represión de los votantes. Por ejemplo, pusieron captahuellas y le hacen creer a la gente que saben por quién van a votar y así los amenazan. Además, figura que se ha votado en el lugar de gente que hace 15 o 20 años que no vive en el país. No hay observadores internacionales; ahora la OEA y la UE piden escrutar los comicios de diciembre y el gobierno se niega.

¿Qué diferencias hay entre Maduro y Chávez?


Maduro no tiene ni el liderazgo ni el poder de Chávez, que era un líder carismático que realmente mejoró las condiciones de los más vulnerables. Era inteligente, atraía mucho a la gente. Maduro no tiene liderazgo, lo pusieron ahí los cubanos, no lo eligieron internamente sino después de una negociación. Pero tampoco tiene el poder: no tiene la chequera y tiene que compartir el poder con los distintos grupos que hay en el país. No tiene ni la voluntad ni la capacidad para modificar el modelo, que es absolutamente catastrófico, y ha producido lo que estamos viviendo.
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