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Pedro Dalton, quien alguna vez se llamó Alejandro Fernández, es el roquero que bucea como puede en la resaca del mundo literario. Su posición de outsider le permite desarrollar con absoluta libertad un expresionismo narcótico que lo invade todo: su poesía, su novela, sus dibujos, pinturas y fotomontajes. Mientras graba los coros psicodélicos del próximo disco de Buenos Muchachos que saldrá a la calle en agosto, Dalton se hace cargo del culto que crece en torno a su figura.

En la contratapa de la primera edición de Mentira el cielo, decís que empezaste a escribir poesía cuando dejaste de escribir para Buenos Muchachos.
Sí, pero creo que empecé a escribir poesía antes de escribir para los Buenos. Por el 89 o el 90 estaba tocando con Neanderthal y empecé a escribir arriba de canciones de Tom Waits. Después con los Buenos empecé a escribir letras y ahí agarré libretitas de poesía.

En tu literatura, tanto en poesía como narrativa, hay dos influencias bien marcadas que son Charles Bukowski y Raymond Carver.

Ponele que sí. Son las dos principales. También me gustaba mucho Sam Shepard. Había leído Luna halcón y me gustaba mucho. El primer libro que leí de Bukowski fue Música de cañerías. Al principio me parecía muy frío. Era un libro salado, un tipo de escritura que me costó un cacho entender, porque los cuentos terminaban en nada. Pero cuando leí Peleando a la contra, conocí la poesía de Bukowski y me pareció alucinante. A partir de eso conocí a Carver. Me siento muy parecido a Carver, es como mi referente, porque no tengo el humor de Bukowski.

Hoy quizá seas uno de los escritores uruguayos más representativos del realismo sucio, que cultivaron en Estados Unidos estos dos escritores. ¿Qué llegó más tarde a nuestro país: esa realidad o su expresión literaria?
La verdad que no sé. Recién ahora estoy leyendo escritores uruguayos de los de ahora. Quedé colgado con Leandro Delgado, que no me parece que tuviera mucho que ver con Bukowski. Cuentos de tripas corazón me partió la bocha, sobre todo su precisión. Y de Javier Alfonso me gusta pila el manejo de los diálogos, de una naturalidad impecable. Intenté muchas veces escribir diálogos como hablamos nosotros y siempre me da una cosa de rechazo, porque es muy diferente escucharlos que leerlos. Creo que el loco logra producir la sensación de que escuchás lo que leés. Me hubiese gustado que los diálogos de La cara del ángel sonaran como los de Alfonso.

¿Estás vinculado a ellos?
A Leandro lo conocí el día que presentó su último libro. A Alfonso no lo conozco.

Gustavo Escanlar fue uno de los primeros críticos que posicionó tu poesía. ¿Cómo te llevabas con él?
Tuve un quilombo por una nota, yo estaba reenojado con él. Una noche lo encontré, se lo dije en la cara tranquilamente y quedó todo bien. Después me hizo un par de notas más y tuvimos algunas charlas. Yo me llevaba bien con él. Teníamos buena onda. Él apreciaba mucho lo que yo hacía. Era un tipo que tenía una sensibilidad muy afín a nosotros. Pertenecemos a la generación que sacaba revistas posdictadura.

La violencia, el sexo y las drogas son temas literarios recurrentes en tus escritos y en las generaciones posdictadura. ¿Te sientes parte de esa generación literaria?
Yo me siento perteneciente a mi generación, que es la generación que vivió hasta los 15 años en dictadura. Después en la apertura se mezclaron un poco las cosas.


Pero en tu literatura, como en la de la generación que te sigue, la dictadura no se presenta como un problema vigente.

Es cierto que mis poemas no hablan de la dictadura.

Tu poesía habla de otro Uruguay. La sensibilidad presente en tus obras es muy parecida a la de Daniel Mella, Alfonso y otros escritores jóvenes.
Justo ahora estoy leyendo Derretimiento de Mella. Me gusta mucho. Pero en la literatura no me siento perteneciente a ninguna generación ni me identifico con ninguna línea de escritores. Desconozco el ambiente, no voy a los eventos, no conozco a los escritores. Recién estoy empezando a publicar. Estoy muy por fuera, estoy más en el mundo del rock.


A pesar de eso, es difícil conseguir tus libros, porque se agotan rápido.
Son ediciones de 300 libros y algunos se regalan.

¿Todavía no te sentís escritor?
Todavía no. Me falta escribir más. Empecé a escribir La cara del ángel en el 96 y la terminé hace poco por manija de Leandro Costa (ex director de Artefato; hoy de Amuleto), quien además me ayudó mucho a empaparme de la poesía más moderna. Y ahora estoy un poco lejos de la literatura porque estamos con la grabación del disco.

Este es un momento climático de la banda.

Es un momento de mucha alegría. Estamos felices, lo cual por suerte no es peligroso.

En el medio de la grabación, los hermanos Dalton fueron teloneros de Charly García. ¿Cómo fue?
Estuvo bueno. Llenamos el Velódromo.


Tanto en Buenos muchachos, como en tus pinturas y textos se expresa una misma sensibilidad.
Es como una necesidad de expresión. Me levanto un día y si tengo ganas de escribir, escribo; si tengo ganas de dibujar, dibujo; y si tengo ganas de tocar, toco. Lo manejo de forma muy libre. Cuando corto con algo empiezo con lo otro y a veces hago más de una cosa a la vez.

Se está generando cierto culto en torno a tu figura. ¿Sos consciente de eso?
Soy consciente de que hay cierto culto, porque desde hace un tiempo me hacen notas como personaje y no como cantante de Buenos Muchachos. Asusta un cacho primero. Pero ponerme a pensar en eso puede que trastoque lo que hago. Entonces no pienso, lo hago y listo. Me hago cargo de lo que hago y lo publico. Cuando expuse en Buenos Aires tampoco me sentía un dibujante, sino un tipo que hizo un montón de dibujos y los expuso. En Freeway trabajo haciendo ilustraciones digitales en base a fotos, tratamientos que les hago arriba, recorte y pegue, tipo collages. Pero lo hago sin pensar en eso del culto.

Un montón de arte
Parte de la obra pictórica de Dalton se puede consultar en revista Freeway o en myspace.com/pedro_dalton. Cuatro libros de poesía y un montón de ojos en la cabeza, publicado por Estuario en noviembre de 2010, reúne su poesía édita, Mentira el cielo y No solo de hambre vive el hombre, y dos libros más inéditos, Poemas contundentes y Más de eso. Su única novela, La cara del ángel, editada por Cachimba del Piojo en 2009, comienza así. “Tengo 39 años. Mi cara tiene marcas que delatan, en lugar de vejez, noches. En dictadura vivir era clandestino. Pero existía un gubernamental error: las anfetaminas para adelgazar eran tan popular como las curitas Hansaplast, así que los gordos andaban como locos por la calle, y nosotros también. Pasábamos días enteros encerrados en cuartos con persianas bajas, destilando las bolas y bebiendo. Llegábamos a estados demenciales con bajones al segundo o tercer día, monstruosos. No nos importaba. No nos importaba hasta que Alejo, el líder de la banda, se convirtió en carne picada entre los fierros del auto cuando se fue de la despedida de soltero de nuestro amigo José”.

Arte en discos
La pintura más conocida de Pedro Dalton es “El impulso”, de la que un fragmento se convirtió en la tapa del último disco con canciones inéditas de La Vela Puerca. El diálogo con la música se da también en su literatura, en la que la referencia a canciones y discos emerge página tras página en cada una de las obras que han sido publicadas hasta el momento. Actualmente, Pedro Dalton reparte su tiempo entre la poesía, la ilustración y la música, quizá en una forma más balanceada en la que lo hacía anteriormente.

El sábado 10 de setiembre se presenta Buenos Muchachos en el Teatro de Verano Ramón Collazo. No será la presentación del disco que se lanzará en agosto, aunque habrá canciones nuevas. El concierto se llama Puro humo y las entradas ya están a la venta.

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