"No haría la gran Cristina pero hay que controlar"
La directora de Covey, Esperanza Romaríz, conversó sobre cómo los afectó dejar de exportar hacia Argentina, cómo se compite con los importados y la mudanza de la fábrica hacia el Polo Industrial de Pando
Muchos de los uruguayos que compran las conservadoras de Covey para que sus hijos lleven el almuerzo a la escuela no se imaginan que son fabricadas por una empresa uruguaya que nació originalmente como una fábrica de juguetes en 1965. La entrada de juguetes chinos obligó a Ferroco SA a cambiar de rubro y mutar a la fabricación de artículos de bazar, termos, conservadoras y heladeras de camping. Esperanza Romariz trabaja desde los 15 años en la empresa que fundaron su padre y su abuelo, y ha hecho de todo; desde armar los juguetes hasta manejar máquinas y facturar. Asumió el directorio en 2004 tras el fallecimiento de su padre, y confiesa que en ese momento no se sentía preparada. Con 28 empleados, una fábrica de 1.000 metros cuadrados y su propio taller de matricería, Covey es una empresa 100% uruguaya y familiar, ya que junto a Romariz trabajan tres hermanos más (uno presencialmente y dos eventualmente). Ahora el foco está puesto en la mudanza de la empresa hacia el Parque Industrial de Pando.
¿Cómo los afectó dejar de exportar a Argentina?
En su momento ahí colocábamos como el 40% de nuestra facturación. Cuando empezaron los problemas fuimos generando otras cosas; tuvimos la representación de los termos Aladdin un tiempo y empezamos a hacer más trabajos a façon porque eso era todo el año. De a poco fuimos colocando esa producción en distintos lados y empezamos a sacar modelos nuevos. Desde ese momento todos los años tenemos productos nuevos. Por ejemplo, este año sacamos moldes para galletas. Además, hicimos las urnas para las elecciones para un cliente que fue quien ganó la licitación. Es el interior de las heladeras a las que les modificamos la tapa para hacer la ranura donde entra el voto.
¿Cómo compiten con los productos importados?
Hoy estamos luchando en el Ministerio de Industria para que haya controles. Porque cuando yo tengo que exportar me piden un certificado de producto de un laboratorio reconocido y, por ejemplo, en el caso de Argentina, nos tiene que dar la autorización el Instituto Nacional de Alimentación. Entonces estaría bueno que también hubiera una exigencia de este tipo para los productos que entran a Uruguay. Yo no haría jamás la “gran Cristina”, porque creo que la importación es sana para que sigamos mejorando nuestros productos, pero tenemos que controlar lo que viene de afuera porque se hace difícil detectar una subfacturación y hasta situaciones de competencia desleal.
¿Cuál es el diferencial de sus productos?
En el caso de los termos, la aislación es de poliuretano: cuando se te cae el piso no se rompe. La marca cada vez está más posicionada y los clientes saben que es de calidad y que si tienen algún problema vamos a responder, a diferencia de comprar un producto importado. No tenemos venta directa al público porque no tenemos gente para eso, pero estamos en las grandes superficies y en mayoristas a través de distribuidores. El cliente final muchas veces no sabe que Covey es uruguayo, por eso estamos presentes desde hace tres años en la Rural del Prado y ponemos en el stand (un letrero que dice) “Covey es uruguayo”. El problema es que sale muy caro hacer publicidad, sobre todo para una pyme.
¿A qué responde la mudanza al Polo industrial de Pando?
Las industrias se tienen que ir fuera de Montevideo, entonces entre esperar a que nos echen y hacerlo tranquilos y con tiempo, elegimos lo segundo. Está bien que así sea, pero no deja de ser una movida muy importante. Lo bueno del polo es que podemos comprar el terreno y hay algunos beneficios. Además, vamos a tener luces led y elevadores eléctricos. La idea es mudarnos en dos años. Como va a ser hecho a nuestra medida, vamos a reducir costos y evitar los gastos ocultos que tenemos acá donde estamos, que no dejan de ser casas normales donde funciona una industria. Aún no sabemos cuánto dinero va a suponer mudarnos, pero la idea es tener también maquinaria nueva y así poder mejorar la capacidad de producción para exportar.
Hoy no están exportando...
El problema es que hemos tenido una pérdida de competitividad importante y esto no nos permite exportar. Por ejemplo, en 2011 aumentó mucho el costo de la mano de obra, es el gran problema que tienen las pymes en Uruguay. Esperamos que con la planta nueva esto mejore y podamos vender hacia afuera