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La semana pasada, como informó El Observador, la directora de la hoy denominada Unidad de Promoción, Intervención y Desarrollo Educativo (Upide) –ex UDI– Adriana Cristóforo, y la directora de Planificación Educativa de la ANEP, Graciela Almirón, presentaron al Codicen el plan de reestructura de la UDI, que fue aprobado por unanimidad del consejo. La UDI es la unidad que adquirió resonancia pública al constatarse la maniobra que llevaban a cabo algunos sicólogos, quienes marcaban tarjeta de entrada y salida, pero luego se retiraban a trabajar a mutualistas o consultorios privados. Por esta razón, el Codicen ya destituyó a cuatro profesionales.

La ex UDI es la dependencia de la ANEP que interviene y estudia los problemas de aprendizaje de los alumnos del sistema educativo, como puede ser la dislexia.

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El proyecto de reestructura, en el que están embarcadas las autoridades, comenzó a gestarse a fines de 2012, cuando se dispuso que la ex UDI pasara a la jurisdicción de la Dirección de Planificación Educativa de ANEP y quera fuera de la órbita de la Dirección de Programas de Salud.

El eje de la reestructura es trabajar desde una mirada educativa y no tanto desde la salud, como se hacía antes, con el objetivo de seguir a los alumnos en sus trayectorias educativas.
A continuación, un tramo de la entrevista que Cristóforo concedió a El Observador –junto con Almirón– para explicar la reforma.

¿En qué consiste la reestructura de la UDI?
AC: Primero que nada cambian los objetivos. Los objetivos ya no tienen que ver con diagnosticar las dificultades, sino intervenir sobre las situaciones donde aparece una dificultad. Eso supone un trabajo más cercano con las instituciones educativas y con los docentes.

¿Qué significa que la línea principal de la reestructura es trabajar con una mirada desde lo educativo y no desde la salud?

AC: Mirado desde el lugar de la salud, se entiende que cualquier dificultad en el aprendizaje responde a cuestiones de salud del niño o del adolescente. Mirada desde la educación, toda dificultad de aprendizaje, involucra al proceso, donde hay en juego cuestiones de aprendizaje y cuestiones de enseñanza. La actividad ya no se refiere al diagnóstico. Por eso se deja de llamar Unidad de Diagnóstico. No se trata de diagnosticar lo que pasa con el niño y el adolescente, sino de pensar qué está pasando con el proceso de aprendizaje y enseñanza.

¿O sea que antes todo se reducía al diagnóstico y ahora tratan de seguir al alumno?
AC: No, ahora vamos a mirar primero lo que pasa en la situación de aprendizaje (en el aula, en la institución educativa, con los docentes, con los equipos que tenga el centro) y si corresponde se trabajará con el chiquilín. Cuando decimos cambiar el eje de la salud a la educación, no estamos desconociendo que hay situaciones particulares, que comprometen los instrumentos para aprender, y ahí hay que trabajar con el niño o hacer un diagnóstico de los instrumentos para aprender.

¿Sería ayudar a estos alumnos a seguir su trayectoria educativa, pero no por el trayecto habitual?
AC: Sí.

¿Y antes cómo se hacía?
AC: Antes se hacía un diagnóstico y se orientaba. Por lo general, en el informe del diagnóstico iban orientaciones al docente.

¿Por qué ahora se hará diagnóstico solamente en algunos casos? ¿No está primero el diagnóstico y luego la intervención?
AC: Lo que pasa es que son diagnósticos distintos. El diagnóstico siempre es un instrumento de intervención, lo hacemos para algo. Y hay distintos niveles. Cuando vamos a la escuela, hablamos con los docentes, pensamos en equipo, estamos haciendo un diagnóstico de situación, para definir caminos de intervención. En ese primer nivel de diagnóstico, uno puede diseñar distintas estrategias, que pueden ir desde trabajar con el equipo docente, con otros programas de ANEP o hasta hacer un diagnóstico instrumental al alumno. Pero este no es el único camino.

¿Cómo se va a articular el trabajo con los docentes y con los centros educativos?
AC: Trabajando en los lugares. Implica sobre todo un trabajo distinto de los técnicos. Un trabajo que implique ir mucho más ir a territorio, estar mucho más en las instituciones y menos en la unidad.

¿Actualmente cuántos técnicos trabajan en la unidad?
AC: Tenemos 22 psicólogos, tres asistentes sociales, tres licenciadas en trabajo social, tres docentes con especialización en dificultades de aprendizaje, un abogado, una neuropediatra, una licenciada en psicomotricidad y una técnica en oftalmología.

¿Y cómo se distribuyen?
AC: Están distribuidos entre las tres sedes en Montevideo: la central (Fernández Crespo), sede oeste (escuela Nº 9 de La Teja) y sede este (escuela Nº 317 de Malvín Norte).

¿Y en el interior?
AC: De estos técnicos que te mencioné, hay algunos que trabajan en el interior: Rocha, Maldonado, Colonia, San José y Canelones. Son técnicos que viven ahí.

¿Y cuántos niños atienden por año?
AC. No tengo cifras. Asumí el 1º de abril.

¿Tienen cifras de cuántos niños tienen dislexia u otros problemas de aprendizaje?
AC: Ya te dije que hasta el momento no me he metido con las estadísticas.
GA: Para hacerte una afirmación de ese tipo tengo que hacer una investigación y no la tengo.

¿Pero en la UDI nunca se investigó?
GA: Nosotros no podemos hablar de los ‘nunca’, cuando yo ingresé a mediados del año pasado y Adriana el 1º de abril.

¿No tienen conocimiento de que exista una investigación de este tipo?
GA: No.

¿Cuál es la situación actual de los mil niños que vieron afectado su tratamiento con la maniobra de los psicólogos ñoquis?
GA: Probablemente estés hablando de número de expediente.

No, el año pasado el consejero Néstor Pereira dijo que a raíz de esta maniobra, unos mil niños habían visto atrasada su atención.
AC: No sé por qué dijo eso. No sé sobre la base de qué datos lo dijo.

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