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Una tira de la historieta Macanudo, del talentoso Liniers, muestra a tres hombres de traje, serios y circunspectos. El texto reza “Cada tres años pasa en Hollywood”. Uno de los hombres de repente salta y dice “¡Lo tengo! Un padre o madre y su hijo o hija intercambian cuerpos como por obra de magia y aprenden sobre las complejidades de la vida de cada uno”, y los otros lo aclaman “¡Es usted un genio!”, “¡Paguen US$ 10 millones a este hombre!”.

Y es que ya da para chistes. El subgénero de personajes que intercambian de personalidades reaparece a intervalos regulares y lo más curioso de todo es que se trata esencialmente de la misma película.

Eso no le quita que ya es un subgénero con nombre propio (Body swap, literalmente cambio de cuerpo) y hasta entrada en Wikipedia.

Contiene variantes diversas: cambio de cuerpo literal, cambio de cuerpo mental, cambio de cuerpo espiritual (créase o no, las reencarnaciones en el cuerpo equivocado han dado cabida a varias entregas), etc.

En el caso que aquí nos ocupa, Mitch (Ryan Reynolds) y Dave (Jason Bateman) fueron amigos en la niñez pero llevan años sin verse. Un encuentro casual los hace ponerse al día. Mientras que Mitch vive la vida loca, es un soltero exitoso y mujeriego, Dave siente que la vida se le ha pasado por delante, perdido en el trabajo y las obligaciones de ser un padre de familia. Esa noche de reencuentro termina en un mágico cruce de personalidades, que presupone disparará la comedia más disparatada. El solterón deberá enfrentar las responsabilidades del casado y viceversa, hasta que ambos terminen por descubrir que sus propias vidas no eran tan malas y que siempre es mejor mantener el status quo. Esta casi patología cinéfila de Hollywood carece de una explicación real. Podría uno cuestionarse si les resulta tan difícil imaginarse en los zapatos de otro, que hacen y hacen películas al respecto. Pero lo cierto es que con Si fueras yo, llega otro ejemplo de este poco ilustre camino que tiene varias luminarias en su haber. A saber:

Freaky Friday (1972, 1995, 2003)
De la novela original de Mary Rodgers probablemente se desprenda todo este subgénero. Al margen de su éxito literario en 1972, la misma escritora firmó una adaptación para cine en 1976 que puede considerarse el disparo de largada de todo esto. La historia versa sobre una madre y una hija que cambian de personalidades luego de envidiarse mutuamente la posición ajena (la autonomía de la madre, la libertad de la hija). Luego del tiempo que pasan en el cuerpo de la otra, aprenden a respetar la situación del otro para después volver a su vida normal. En sus (hasta ahora) tres versiones, la pareja madre-hija ha sido encarnada por Barbara Harris y Jodie Foster (1976), Shelley Long y Gaby Hoffman (1995) y Jamie Lee Curtis y Lindsay Lohan (2003).

Like Father, Like Son (1987)
Se repite aquí el esquema de Freaky Friday, pero sustituyéndolo por padre e hijo. En particular, la década de los 80 fue muy pródiga en comedias body swap (4 solo entre 1987 y 1988, entre ellas Vice Versa con la que comparte exactamente el argumento), pero esta se destaca al menos por contar con el gran comediante Dudley Moore en el rol del padre (luego es hijo) bien acompañado por Kirk Cameron.

Prelude to a Kiss (1992)
En la víspera de la boda entre Rita (Meg Ryan) y Peter (Alec Baldwin), un viejo pide para besar a la novia y ¡presto! cambio de personalidades entre la joven muchacha y el besucón, con el agravante de que el viejo estaba muriendo de cáncer. No ocupa aquí tanto espacio el dilema de entender al otro o revalorizarse a sí mismo, sino que el filme apuesta más a la reflexión un tanto amarga sobre el paso de la vida y aprovecharla, ya que la muerte llegará mucho antes de lo que esperas.

The Hot Chick (2002)
Una adolescente (Rachel Mac Adams) que es la encarnación viva de la chica exitosa estadounidense (porrista, la más popular de la escuela, con novio jugador de fútbol americano) termina cambiando de vida con un criminal treintañero en fuga. El chiste acá es que al criminal en cuestión le da vida Rob Schneider y que la comedia adopta un camino más guarro y adulto que el promedio de las comedias body swap, más acostumbradas a ser programadas en horario para toda la familia. No es tampoco un gran mérito, –y sin dudas, lejos está de hacerla una gran película– pero al menos es un aporte diferente.

Y no podemos olvidar que el recurso se ha incorporado por completo a la cultura popular y ha sido incluido una y otra vez en prácticamente todas las series de TV (desde La isla de Gilligan hasta Charmed), en todos los dibujos animados (Scooby Doo, Los Simpson, Padre de Familia) y hasta ha conformado pequeños subplots en películas que versaban sobre otra cosa (como es el caso de una de las recientes entregas de Shrek).

Lo más curioso es que, salvo la broma mínima o el acierto puntual, las comedias body swap nunca han dado una buena película como resultado, sino que casi siempre han aportado moralinas previsibles, dónde todo el mundo resulta por comprender al otro sanamente y a aprender a valorar lo propio. Y viendo los números en taquilla de estas películas —sin ir más lejos Si fueras yo debutó en Estados Unidos recaudando más de US$ 13 millones solo en su fin de semana de estreno— no parece que vayamos a dejar de sufrirlas
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