El Peñarol de Gregorio Pérez tenía una extraña virtud. Salía a la cancha con un futbolista que tenía un GPS en el pie. Pablo Bengoechea metía la pelota en un radio donde el rival no podía pestañar. Ahí, en el área, Peñarol fue amo y señor. Su superioridad lo llevó a conquistar el segundo quinquenio en la historia del club.
¿Quién le pone límites a los inadaptados?
Insultan, salivan, agreden, son "dueños" de los ómnibus, obligan a cerrar comercios y ahora impidieron a un futbolista ejecutar un tiro de esquina