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No tiene empacho en reivindicar haber formado parte con 28 años del equipo gubernamental que a inicio de los años 90 desarticuló los consejos de salarios, porque está convencido de que “solo defienden a los que tienen empleo”. Proyecta que eso se notará cuando culmine el actual ciclo expansivo de la economía y suba la desocupación, y cree que antes de que eso ocurra se deberá hacer un ajuste para equlibrar las cuentas públicas, debido a que se desaprovechó “el viento de cola más potente” en un siglo. Subsecretario de Economía durante el gobierno nacionalista (1991-1995) y socio del estudio económico-financiero Licandro-Díaz, Gustavo Licandro dialogó con El Observador sobre la coyuntura económica.

¿Cómo observa la situación macroeconómica del país?

Hay que poner la casa en orden antes de que la fiesta termine. Desde el año 2005 el gasto público crece por encima del crecimiento tendencial del país. Una expansión fuerte, similar al aumento de la recaudación precisamente en años con un crecimiento económico muy alto. Los salarios, los gastos corrientes no salariales, y los subsidios han aumentado a un ritmo superior al crecimiento tendencial del país, que podemos situar entre 3% y 3,5% anual, muy inferior al casi 6% de crecimiento promedio de estos años. La política fiscal ha sido procíclica y el país ha perdido ocho o nueve años en los que se pudo estructurar un fondo para políticas contracíclicas que realmente habría reducido la vulnerabilidad del país. En estos años pasados hemos tenido el viento de cola más potente de los últimos 100 años, a juzgar por la evolución del precio de los commodities y, sin embargo, estamos con un resultado fiscal deficitario del orden de 3% del PIB cuando deberíamos gozar de un superávit de aproximadamente 2,5% del PIB. O al menos equilibrio fiscal eliminando algunos impuestos.

¿Y respecto a la inflación y la competitividad?

La inflación es un fenómeno monetario. El IPC mide la inflación y en el mediano y largo plazo deberían coincidir, si este último está bien diseñado. Cosa que sucede en Uruguay. Pero en el corto plazo el IPC refleja movimientos de precios relativos ya que es una canasta fija de productos y servicios y no refleja el comportamiento de los consumidores. Entonces refleja cambios en los precios relativos y eso no es precisamente inflación. Por su estructura, el IPC tiene un alto componente de bienes y servicios que no son transables con el exterior. Sus precios no dependen de los mercados internacionales ni del tipo de cambio. Esencialmente dependen del comportamiento de los salarios. Como representan aproximadamente entre 70% y 75% del IPC y han aumentado significativamente, ponen un piso a la inflación muy alto. Para evitar tocar los dos dígitos de inflación y dado que las políticas fiscal y salarial son poco conservadoras, la administración recurre a altas tasas de interés en moneda nacional para colocar instrumentos de corto plazo que exacerban el ingreso de capitales en el país. Luego viene lo que algunos repetimos como loros desde hace unos años: entran dólares, se venden, se colocan en títulos en pesos y el efecto obvio es que el tipo de cambio baja, asumiendo un alto gasto parafiscal (intereses) para acumular reservas brutas. Al final, y aunque no fuera lo deseado, lo que se logra es actuar sobre los precios de los ítems componentes del IPC que son transables con el exterior. Por esto mismo es que, hasta que no se ponga control en el comportamiento de los salarios y el gasto, es muy escaso el margen del gobierno para permitir que el dólar suba. Al final todo esto tiene mucho que ver con la competitividad. Tenemos una de las monedas más fuertes del mundo.

¿Qué opinión tiene acerca del manejo del endeudamiento público?

El lugar común, donde la mayoría se ha colocado, es el elogio. Tengo algunas dudas. En primer lugar parte de la pesificación de la deuda pública se ha basado en tasas en moneda nacional muy elevadas. Particularmente las tasas de interés de los instrumentos a corto plazo arbitran muy arriba, precisamente por la apreciación del peso respecto a todas las principales monedas del resto del mundo. Lo ha reconocido el propio gobierno cuando se refiere al alto costo fiscal que se asume para acumular reservas internacionales. Parte del ingreso de capitales se invierte principalmente en títulos de deuda de corto plazo. El día que anticipen o perciban dificultades mayores en Argentina o una suba de tasas internacionales, no tenga duda que los tenedores del exterior deshacen su posición en estos títulos de corto plazo y eso exacerbará la volatilidad del mercado cambiario en Uruguay. En otras palabras, la pesificación no es exclusivamente por confianza, también responde al estímulo de altas tasas en pesos.Además el costo fiscal de colocar deuda a corto plazo en dólares para acumular reservas es muy elevado, algo mayor al 1,5% del PIB. Creo que es un costo alto para acumular reservas que, cuando se necesiten, posiblemente parte de ellas ya no estén disponibles.
Esto nos devuelve al tema fiscal. Es necesario un ajuste fiscal cuando todavía estamos gozando una fase positiva del ciclo económico. Frenar el incremento del gasto público ahora no generará dificultades al país. Al contrario, permitiría contener el nivel de gasto interno y mejorar el resultado de la cuenta corriente del balance de pagos. Sin embargo, hacerlo en momentos de menor nivel de crecimiento, que inexorablemente vendrán, será negativo porque acentuará los problemas provocados por la menor actividad.Esta Rendición de Cuentas debería ser para bajar gasto público o aprobar los instrumentos para hacerlo. Caso contrario, hay que esperar que lo haga el próximo gobierno. Y eso será malgastar un primer año de gobierno.

¿Cree que los consejos de salarios retroalimentan los problemas inflacionarios?

Cuando la marea está alta, las piedras no estorban para navegar. Eso equivale al espectacular viento de cola que ha tenido el país en estos años. Con precios de commodities subiendo, con ingreso de capitales y con fuerte crecimiento, algunas imprudencias han pasado inadvertidas. Pero cuando la fase hiper expansiva del ciclo económico pase –y hoy nadie duda que eso sucederá– seguramente veremos resultados negativos innecesarios. Es el caso de los consejos de salarios, que ha introducido una enorme rigidez al mercado laboral. Sin los consejos salariales, los salarios reales igualmente habrían subido y el desempleo habría bajado por el crecimiento de la economía. Habría mayor flexibilidad y los aumentos no serían tan uniformes y tan ajenos a la productividad. Pero el problema mayor es el que vendrá cuando el país vuelva a su “cauce normal” en cuanto a crecimiento. No dude que el desempleo aumentará fuertemente. La falta de competitividad más la rigidez impuesta por los consejos de salarios provocará desempleo. Los consejos de salarios sólo defienden a quienes tienen empleo. Pero son los enemigos declarados de los desempleados que se quedan del lado de afuera y ‘a la intemperie’. Es posible que empecemos a percibirlo como problema de fines del año que viene en adelante. Pero debería preocuparnos desde ahora.

Con o sin consejos de salarios hay que volver a la negociación por empresa. Cuando se puso punto final al funcionamiento de los consejos de salarios el desempleo llegó a niveles bajísimos, solo superados en estos últimos años y los salarios reales aumentaron sensiblemente, contra todos los pronósticos. No hay que tener miedo a que cada uno defienda sus intereses. Seguramente lo harán mejor que el sector público. No recuerdo quién decía que debemos preocuparnos cuando escuchamos “soy del gobierno y vengo a ayudarte”. Además, de la forma en que se negocian los salarios y de otras medidas laborales al menos discutibles, el mercado laboral está influido por los subsidios sociales que no cumplen con su objetivo de sacar a las personas definitivamente de la pobreza, ya que no genera ningún estímulo al hábito de trabajo o a la responsabilidad. Duran lo que el propio subsidio. Si usted paga por no hacer nada, eso es promover la haraganería y la pereza. Pereza no es pobreza, pero por ahí se empieza.

Durante el gobierno nacionalista hubo un fuerte debate acerca de “atraso cambiario”, similar a hoy. ¿Son comparables?

En absoluto. El tipo real de cambio es menor a 2001.
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