"Siempre hay que pensar qué plus se puede dar"
D´La Ribera abrió su quinto local y Marcel Rodríguez explica su plan de expansión a través de franquicias
Todo nació con la intención de buscarle una excusa laboral a la radicación de sus suegros en Montevideo. Como ingeniero en sistemas, Marcel Rodríguez no tenía conocimientos de cocina. Sin embargo, su suegro sí y, además, sabía cómo poner en marcha un negocio. En 2005 abrieron el primer local de D´ la Ribera Empanadas, sobre la avenida Rivera casi Soca, en el barrio Pocitos.
¿Cuando y cómo empezó el emprendimiento?
En 2004, con la intención de unir a la familia. Mi esposa es de Paysandú, y ella se vino a Montevideo. Los padres la extrañaban bastante porque es hija única. En determinado momento, se dio la oportunidad de que mis suegros vinieran a instalarse en Montevideo y teníamos que ver la forma de instrumentarlo en lo laboral. Empezamos a explorar distintas opciones, y decidimos encarar este proyecto. En 2005 abrimos el primer local, en la calle Rivera casi Soca.
¿Cómo fue la elección del nombre de la empresa?
Se tiraron varios nombres. Quisimos darle un toque diferente que ejemplifique el lugar en donde estamos, en la avenida Rivera, pero que no fuera explícitamente el nombre de la calle. Entonces, surgió D´la Ribera porque ribera viene de rio, y estamos cerca de un río, y a su vez hace referencia a la calle Rivera.
¿Cual fue la oportunidad de mercado que vieron?
El rubro hace 10 años en Montevideo estaba muy lejos de lo que es hoy. Cuando se optaba por delivery predominaba la pizza. Ahora la empanada se posicionó como el segundo rubro. Buscamos como característica medular hacer solo empanadas y solo horneadas.
El mercado apuntaba a otra cosa porque la elaboración era frita. Hoy por hoy, la mayoría de las propuestas son empanadas al horno. Buscamos marcar la tendencia.
¿Cómo fue lanzarse después de la crisis económica?
Se venía de un momento complicado. En 2004 se avizoraba que lo que había pasado iba a quedar atrás. Se asumían determinados riesgos: estábamos focalizados en el monoproducto y muchas personas nos asesoraban diversificarnos y, por otro lado, se iba a contramano del mercado en cuanto a la propuesta de ofrecer solo empandas horneadas. Es más fácil hacer lo que está arraigado y lo que al mercado le gusta. Podés darle un toque de innovación, pero esto no era un toque de innovación, era un cambio.
¿Cómo se eligió la zona?
Si algo teníamos claro era que se tenía que compensar el hecho de estar focalizado en el monoproducto con un lugar que llegara a una cantidad importante de gente.
Por lo tanto, no transamos en un lugar fuera de Pocitos.
¿Por qué abrieron más locales?
El local de Buceo se dio porque teníamos una zona de envíos delimitada por Luis Alberto de Herrera y recibíamos muchos llamados de Buceo y Malvín. En 2010 incorporamos tecnología para mejorar el rendimiento en la elaboración. Eso nos dio una capacidad ociosa de producción, más allá que internamente nos ordenó mucho y nos permitió aumentar la productividad del personal. Por eso en 2011, abrimos el tercer local.
Decidieron generar en franquicias
La incógnita era si seguíamos creciendo en base a abrir locales propios o ir a un esquema de franquicias. En 2011 contratamos a consultora internacional para que nos asesorara. Decidimos ir por las franquicias porque era la mejor opción abrir locales independientes con sus dueños manejando el negocio. Es así que franquiciamos el local del Buceo y abrimos el tercer local a través de una franquicia en Luis Alberto de Herrera y Bulevar Artigas. El cuarto local fue en el Prado y vino casi de la mano con el tercero, en 2012.
¿Qué se le brinda al franquiciado?
El territorio en exclusividad y el derecho de uso de la marca. Además, prácticamente el único proveedor que tiene es D´la Ribera porque le damos desde las empanadas hasta el packaging. Le brindamos el know how para el manejo del local, la capacitación del personal y al propio franquiciado.
¿Cuáles son los planes para este año y 2015?
Creemos que en Montevideo podemos llegar fácilmente a ocho locales porque hay zonas a las que llegamos con delivery pero estamos distantes y hay otras a las que no llegamos. Hay mucho para seguir avanzando. Son 13 barrios de Montevideo los que están cubiertos más los que cubre el local que abrimos en la Costa de Oro, en Lagomar, para el área de Shangrilá, San José de Carrasco, Lagomar, El Bosque y Solymar. En la Costa de Oro por ahora no vamos a seguir creciendo, nuestra intención es marcar presencia, poder estar ahí pero sin el objetivo inminente de seguir creciendo.
¿En otros puntos del país?
Todavía no es algo que estemos evaluando, aunque recibimos muchas consultas de personas del interior a las que le gustaría llevar la marca, por lo cual no descarto nada. No es un objetivo primario nuestro, pero podría darse como franquicia.
¿Qué le diría a quien está a punto de emprender?
Se tiene que tener claro cuál es el producto o servicio que se quiere dar y cómo pensás diferenciarte de la oferta existente, siempre partiendo de la base que no tenés porqué apuntar a un producto totalmente innovador. Se puede ser exitoso vendiendo algo que ya otros han intentado vender o están vendiendo. Pero tenés que pensar cuál es el plus que le podés dar.
Por otro lado, hay que hacerlo con mucha pasión.
Tenés que trabajar mucho en cuánto a la dedicación de horas y te tiene que gustar el rubro o te tiene que atrapar algo del proyecto.