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Definir la profesión de Sergio Delgado en pocas palabras no es simple. Es docente, licenciado en RRHH, está terminando la tesis de grado de psicología y cursando un MBA en la Universidad Católica. Además, tiene una agencia de marketing online, fundó Montevideo Valley, iniciativa que dio paso a la creación de la Fundación da Vinci –la cual hoy dirige–, es director de la incubadora da Vinci Labs y autor del libro Fundadores.uy, y hasta tiene un criadero de gatos Sagrados de Birmania, entre otros tantos proyectos que lidera. En definitiva, es un ser inquieto, que no descansa. Su lema personal es transformar la realidad a través de la acción. Y su propia vida es un ejemplo de ello.

¿Qué proyecto marcó un hito en su vida?
La fundación da Vinci con el antecedente de Montevideo Valley. He encontrado en muchas personas una excusa para un acercamiento muy horizontal, de hablar mano a mano, sin buscar ningún empleo ni tipo de subsidio; gente que tenía ganas de sacar adelante su negocio, muy comprometidos, con mucha energía. Eso cambió mi vida. Conocer extranjeros y uruguayos que estaban apostando, desde su lugar, a cambiar situaciones. Un ejemplo de esto son las historias que están en Fundadores.uy, personas que con su generosidad, a través de su emprendimiento, han querido cambiar realidades, más allá del sano objetivo de tener un negocio rentable.

¿Cómo logra atender tantas tareas?
La colaboración de los otros es imprescindible; no podría hacer todo lo que hago sin ayuda. Después está la parte más obsesiva y tener un sistema que te permita realmente gestionar los proyectos. Soy muy celoso y meticuloso en la gestión de los proyectos y me apoyo en herramientas concretas como Project Manager, Google Drive, entre otros. Sin eso mi vida sería caótica.

¿Cuántas horas trabaja?
24 horas. Durmiendo tengo presente las cosas que tengo que hacer. Yo lo considero así porque mi trabajo es mi vida también. Con esto me relaciono, vivo. Cuando decís trabajo tiene una connotación negativa. Yo entiendo que todo lo que estoy haciendo da sentido a mi vida. En esas 24 horas pongo a mi familia, mi esposa Lourdes, mis amigos, mi criadero de gatos. Para mí, trabajo es vida. Es transformar.

¿Cómo describiría su filosofía de vida?
Mi gran lema personal es hacer que las cosas pasen con sentido. Un gran regalo que tenemos en nuestra existencia es hacer, transformar. Todas las personas tenemos la oportunidad de transformar nuestro ambiente, contexto. Yo trabaje en una verdulería, en un supermercado –en Henderson & Cia- y no fue una cuestión anecdótica, sino porque mi familia tenía ciertas condiciones económicas y era necesario que yo saliera a trabajar. Eso me posibilitó a hacer otras cosas, que, en buena medida dependieron de mi entorno y las oportunidades que estaban ahí y, por otro lado, de lo que yo hacía.

De hecho, luego fui novicio jesuita –orden religiosa Compañía de Jesús-. Sentí que podía volcar mi vida para ese rumbo. Me embarqué en ese proyecto, con el cual estuve en Argentina atravesando el noviciado, pero después resolví que no era la decisión de vida para mí. Volví a Uruguay y a los meses conocí a mi actual esposa, Lourdes. Y ahora estamos felizmente casados.

Mi consejo es "dale para adelante y hacé con sentido". Lo que más nos traba es el miedo y los cuestionamientos que llevan a la inacción, la incertidumbre y la desconfianza.

¿Qué cree que le falta al ecosistema local?
Está en un estado de madurez, de desarrollo. Tenemos casos de éxito, aunque también estamos esperando esos éxitos internacionales, integraciones, que pongan a Uruguay en la primera plana de la prensa, de los inversores y de más actores del ecosistema.

Pero hemos ahondado un camino. Reconozco toda la labor que han hecho Enrique Topolansky (coordinador del Centro de Innovación y Emprendedurismo de la Universidad ORT), Desem, Endeavor, que han estado desde la década del 90 en Uruguay proyectando el espíritu emprendedor.

Poco a poco se han sumado el resto de las universidades. Desde la sociedad civil también nos hemos sumado, y hay diferentes organizaciones que están apoyando; al igual que el Estado, con ANII, por ejemplo.

Un ecosistema emprendedor está saludable cuando ves que a través de los diferentes sectores, público, privado y de la sociedad civil hay un interés.

¿Cuál es ahora el principal desafío?
El desafío permanente es seguir fortaleciendo la coordinación de los esfuerzos; que aquellas organizaciones, actores e iniciativas que se focalizan en diferentes aspectos del ecosistema emprendedor se coordinen más, para que haya una verdadera sinergia. Que no sea la autosinergia, sino la unión de los esfuerzos de diferentes cabezas, voluntades, recursos, sensibilidades.

¿Le quedan proyectos por hacer?
Creo que sí. O mismo mejorar las cosas en las que ya estoy involucrado, eso es lo que me motiva a levantarme con ganas cada día. Sin lugar a dudas, en mi cabeza pasan muchas ideas y proyectos. Sí, hay mil cosas que hoy quiero hacer, que tengo pendientes. Se van a sumar más, definitivamente. Pero hay que tener sentido y dirección.

¿Qué planes específicos tiene a futuro?
Seguir llevando adelante los proyectos en los que hoy estoy involucrado: la investigación, docencia, la agencia de marketing, la incubadora, la fundación. Quiero terminar el MBA, la licenciatura en Psicología.

Con la Fundación, estamos trabajando en un nuevo libro junto con otra organización, y en lo que es da Vinci Labs estamos avanzando en la segunda generación de incubados. También estamos en la octava edición de Montevideo Valley y tenemos Hackers/ Founders.

En lo personal, seguir avanzando con la familia, puede ser que en el horizonte vengan hijos. La tónica es hacer con sentido. Tengo para entretenerme.

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