¿Con qué se encontró este martes en su recorrida por el asentamiento Chacarita de los Padres?
Se ve un abandono social tremendo, gente que el Estado aún no alcanza a cobijar. Es una isla que significa un reto muy importante para el pueblo uruguayo, porque ellos también son el pueblo uruguayo y hay que atenderlos. Entiendo que existen proyectos muy importantes para que la rama cultural alcance a esta gente.

¿Qué fue lo que le llamó más la atención?
La basura. Lo segundo es la indiferencia con que la gente que habita allí ve la basura y las condiciones en que habita, como si pareciera no importarles mucho salir del problema. Pero si se les ofrece una vida más digna, seguro que se los podría cobijar. Es un reto para el alcalde que la intervención del Estado alcance su fin y logre integrar a esta gente a las demás personas que viven en Montevideo. A veces, una barra los separa. No vi complejos deportivos ni oportunidades de distraerse. No sé qué otra cosa puede hacer una persona que vive en esas condiciones que encerrarse en su casa o pepenar (hurgar) la basura.

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Esos ambientes suelen ser propicios para la delincuencia y el narcotráfico.
Son puntos infecciosos, vulnerables para que germine la cultura del narcotraficante. La marginalidad y el abandono social es un terreno fértil para que se aprovechen los narcotraficantes y hagan un ejército que ellos sí cobijan. Ofrecen ingresos inmediatos con un trabajo relativamente sencillo.

¿Lo percibió en Chacarita?
Yo soy médico y trabajo en el Hospital de Ciudad Juárez, donde he tratado con miles de adictos. Los sé distinguir. Y por supuesto que vi varios (en el asentamiento).

Las diferencias entre Montevideo y Ciudad Juárez son enormes.
Uruguay todavía está a tiempo de frenar una cultura como la que se generó en mi ciudad.

¿Cuándo se generó esa cultura en su ciudad?
Hace 20 años hice mi servicio social de médico en la sierra Tarahumara (en el estado de Chihuahua, donde está Ciudad Juárez). Allí se cultivaban grandes cantidades de estupefacientes. Es más, fui aprehendido por sembradores que pensaban que iba a decirle al gobierno dónde estaban sembrando y también por soldados que pensaban que era narcotraficante. Ahí imperaba la ley del más fuerte. Todo el mundo a partir de los 14 años tenía una ametralladora, cosa que no se veía en el país en ningún lado.

¿Cómo era Ciudad Juárez entonces?
Pero, padrísimo, era una cosa pacífica. Sabíamos que había narcotraficantes, pero los cobijábamos como parte de la sociedad, que consideraba que había narcos buenos, que cooperaban con la iglesia del pueblo, y narcos malos. Eso minó el Estado de Derecho de la ciudad y finalmente del país porque corrompió al gobierno, a la Policía y a los jueces. Y cuando empiezan los homicidios se disuelve el Estado de Derecho y ya no hay a quien recurrir. La intervención social (que prepara el gobierno) va encaminada a frenar la avalancha que puede venirse para el pueblo uruguayo.

¿Cómo está Ciudad Juárez hoy?
Mucho mejor. En 2007 el Estado estaba muy debilitado y el cartel del Pacífico se vio interesado en la plaza de Ciudad Juárez, siendo una ciudad de paso para Estados Unidos, del que nos separa nada más que un río. Eso generó un tsunami de violencia, una guerra de guerrillas con el cartel local. El 17 de febrero de 2008 el gabinete de México llegó al lugar más lejano del país y comenzó a aplicar políticas integrales. Se generaron centros comunitarios donde se cultiva el deporte y se atiende a víctimas. La cultura de la legalidad trata de permear la periferia. Hay una zona en Ciudad Juárez, una medialuna, donde se concentra el delito, en la que no había ni una sola (escuela) preparatoria ni una universidad y muy poquitas secundarias. Abrieron escuelas, se generó empleo. En 2010, llegamos a tener entre 280 y 300 homicidios dolosos al mes. Hoy estamos en 35 homicidios por mes.
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