Los docentes de hoy “deben darse cuenta de la relevancia que tienen sobre el aprendizaje de sus alumnos (…) Tienen que sentir la motivación de ser buenos profesores”.
Los docentes de hoy “deben darse cuenta de la relevancia que tienen sobre el aprendizaje de sus alumnos (…) Tienen que sentir la motivación de ser buenos profesores”.
Esta es una de las premisas en las que basa su estrategia de cambio educativo Michael Fullan, un reconocido experto canadiense en reforma educativa que durante 2012 visitó Uruguay – a instancias de las autoridades del Plan Ceibal– con el objetivo se realizar una consultoría sobre el programa que permitiera establecer las metas a alcanzar en la próxima etapa.
En “Ceibal: los próximos pasos”, el informe elaborado a partir de esta experiencia, fechado a enero de 2013, Fullan establece que en la tercera fase (2013 en adelante) el plan debería enfocarse en la “aplicación de calidad” a través de “cambios en los roles y la cultura de todo el sistema”.
Para el experto la primera etapa de la iniciativa (2007–2010) estuvo concentrada en el acceso para reducir la brecha digital mediante la distribución de XO e instalación de Internet.
La segunda (2010–2012) puso énfasis en “el uso pedagógico de la tecnología”, dando apoyo a los docentes. Hoy en día un 90% de los estudiantes del sistema público tienen Internet en el centro.
Desde 1º de escuela a 3º de liceo y UTU, todos los estudiantes cuenta con su XO.
A partir de la meta que fija para la tercera etapa, Fullan propone una serie de recomendaciones, de las cuales destaca la de “desarrollar la capacidad profesional de los docentes y las condiciones de trabajo relacionados para incrementar la capacidad de los docentes individualmente y colectivamente para poner en práctica las prioridades fundamentales”.
Sin ella “no será posible alcanzar las prioridades que hemos fijado”, asegura. Para Fullan, el desarrollo de las capacidades individuales, el trabajo en equipo y la pasión por la profesión son claves para la innovación en la educación.
Para el experto canadiense, que ha acompañado reformas educativas en Gales, Australia y Holanda, la escuela es “una comunidad para el aprendizaje, donde la participación es fundamental en la implementación del cambio”.
No pierde de vista que la tecnología es un agente dinamizador dentro de la enseñanza y lo deja claro en su último libro “Estratosfera: integración de la tecnología, la pedagogía y el conocimiento del cambio”, publicado este año. Allí aboga por el “poder de aunar los avances de la pedagogía, de la tecnología, y del conocimiento sobre el cambio (en cuanto a facilitar y generalizar el cambio)”.
Uso de tecnología en aulas uruguayas
Fullan señala que el desafío ante el cual se encuentra el sistema educativo uruguayo es definir “el nuevo papel del profesor utilizando tecnología para un mayor aprendizaje”.
“No encontramos ninguna idea clara y congruente sobre cuál sería el papel pedagógico de los docentes en la dirección y orientación sobre el uso de las TIC en el proceso de enseñanza y aprendizaje”, asegura, al tiempo que llama la atención sobre el escaso uso que se hace de la tecnología disponible.
Para hacer frente a esta realidad propone definir una estrategia que identifique y difunda buenas prácticas docentes específicas, que utilicen y aumenten la participación y el aprendizaje de los alumnos, al tiempo que optimicen el uso de la tecnología.
“Nuestras observaciones de las escuelas sugieren que (los docentes) están utilizando los nuevos recursos para planificar y dar las clases bastante tradicionales dirigidas por el maestro”, donde este continúa “guiando a los alumnos paso a paso” y donde la tecnología solo se usa para recopilar información, procesar textos y aplicaciones gráficas.
Por eso subraya que hace “falta trabajar más en el desarrollo de una nueva relación de roles entre profesores y alumnos”.
“Los papeles van a cambiar; los profesores ya no van a ser ‘maestros tipo Wikipedia, que solo dan información’ (…) sin embargo no está claro cómo se vería este ‘cambio de mentalidad’ en la práctica”, aclara.
Menciona también la necesidad de reposicionar los roles de liderazgo de los inspectores y directores de la escuela.
“Esto representa un enorme cambio en la cultura del sistema”. Hoy en día, “el sistema no está organizado para la mejora, sino más bien para el mantenimiento”, afirma Fullan.
Esta redefinición de roles se deberá hacer fijando nuevos criterios, con mucho desarrollo profesional e identificando y difundiendo las nuevas prácticas, agrega.
Fullan insiste que para mejorar estos aspectos el enfoque debe ser global y “tiene que concentrarse en la integración de los conocimientos de tecnología, la pedagogía y el cambio”.
Advierte que la etapa en la que se está ingresando es “la más crucial de todo el proceso” porque es la que va a determinar el rendimiento de los alumnos medido por PISA. l