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1. El exceso de presión. Scolari impuso a su equipo un nivel de exigencia máximo y generó un nerviosismo desaforado entre los jugadores. Brasil vivió angustiada su periplo mundialista con la obligación de hacer olvidar el “Maracanazo”. Los nervios, el miedo a perder, fueron patentes en diversos momentos . Se desataron antes de la tanda de penales contra Chile, cuando varios jugadores lloraron, y fueron patentes en semifinales, con la impotencia para reaccionar ante Alemania.

2. La “europeización” de Brasil. No siempre le fue mal a Brasil pareciéndose a los europeos. Un esquema más cauteloso le valió los títulos de 1994 y 2002. Después del fracaso de Dunga, en Sudáfrica 2010, Mano Menezes se hizo cargo del plantel y buscó tomar alguna de las buenas cosas del Barcelona que por ese momento ganaba todo, con apuesta a la posesión y al ataque. Fracasó en la Copa América, y la dirigencia apeló a Luis Felipe Scolari, que estableció un equipo más equilibrado, y sobre todo sin el talento de algunos de los mejores jugadores de su generación (ver punto 8).

3. La ausencia de un líder. La joven selección brasileña echó de menos un líder en el grupo, un jugador con galones y experiencia para calmar la ansiedad. Se discutió mucho acerca del llanto de Thiago Silva en los penales con Chile, pero sobre todo el hecho de que los mirara alejado de sus compañeros. Pero en el partido más importante ,el equipo sintió la ausencia de su líder anímico, sobre todo en esos seis minutos fatales en que Brasil hizo todo mal y Alemania todo bien. Los otros veteranos, como Julio César o Fred, tampoco fueron capaces de transmitir tranquilidad ni de asumir el protagonismo.

4. Preparación deficiente, según la prensa brasileña. Brasil se entrenó poco. Scolari canceló varias sesiones dobles, minimizó la carga física de los ejercicios y en especial redujo el trabajo de los titulares, que pasaron tres días sin tocar el balón después de octavos de final y tan solo realizaron una práctica ligera antes jugar con Alemania. Scolari solo cerró tres entrenamientos a la prensa para preparar tácticas especiales y en el resto no entrenó jugadas ensayadas. El vigor físico y la intensidad de juego fueron claves el año pasado para explicar el triunfo en la Copa Confederaciones y la bajada de revoluciones durante el Mundial destapó todas las deficiencias del equipo.

5. La dependencia de Neymar. Brasil nunca llegó a un mundial con una estrella tan aislada, con un único jugador que tuviese sobre sus hombros el peso de la responsabilidad y menos aún tan joven como Neymar. Fue el único que aportó algo de magia y alegría dentro del planteamiento industrial de Scolari. El partido ante Colombia, donde Brasil encontró otras respuestas, parecía que empezaba a marcar otra tendencia, pero, sin Neymar ante Alemania, el equipo se derrumbó definitivamente.
6La renuncia al balón. Hay una estadística curiosa: Si bien Brasil es uno de los que más ha tenido la pelota, fue el semifinalista que menos la hizo circular: terminó con 2.249 pases completos, 1.172 menos que Alemania y solo 546 más que España, que jugó la mitad de partidos. Entre los cinco mejores pasadores de Brasil figuran cuatro defensas, Marcelo, David Luiz, Thiago Silva y Daniel Alves, y el medio centro Luiz Gustavo, todo un síntoma de los problemas de juego del centro del campo. Las estadísticas muestran un equipo que conecta la zaga y el ataque con pases largos, sin pasar por los volantes.

7. Un equipo mediocre. Ninguno de los volantes que probó Scolari consiguió hacer funcionar al equipo. Paulinho, primera opción, estaba a un nivel más bajo que en la Copa Confederaciones y jugadores más defensivos como Fernandinho o Ramires no fueron buena alternativa. Hernanes, el centrocampista que toca mejor el balón, fue el que contó menos para Scolari y solo jugó 31 minutos, mientras que Oscar, una de las mayores decepciones, solo cuajó bien contra Croacia.Adelante, Brasil siempre fue tierra fértil para los delanteros, pero llegó al Mundial con un 9 mediocre. Fred tuvo el apoyo incondicional de Scolari, que lo mantuvo en la titularidad a pesar de su sequía goleadora y su falta de movilidad. Su sustituto, Jô, no consiguió siquiera patear al arco, y Hulk se mostró hosco.

8. Faltaron los diferentes. Scolari hizo una apuesta arriesgada al asumir: se la jugó por un equipo solidario y trabajador, pero, a excepción de Neymar, sin el brillo y talento de muchas otras generaciones. Hoy todos en Brasil se preguntan si Ronaldinho, Kaká o Robinho no podrían haber dado al menos un poco más, pese a que ninguno está en el cenit de su carrera. Pero Scolari los tachó como jugadores que no se adaptaban a su esquema táctico.

9. Los problemas en las laterales. Scolari se privó de un instrumento ofensivo al limitar las subidas de sus carrileros, en especial Marcelo, quien sobresale más por sus cualidades ofensivas que defensivas. En defensa, ningún lateral dio tranquilidad, en especial Dani Alves, que terminó siendo sustituido por Maicon, que jugó bien ante Colombia pero fue un colador ante Alemania. La elección de los laterales fue uno de los capítulos más criticados en la convocatoria de Scolari, por la exclusión de Filipe Luís y de Rafinha.

10. El partido del infierno. A pesar de todo lo anterior, Brasil había logrado llegar a semifinales. La ausencia de Neymar era un hándicap gigante, pero nada podía hacer prever una paliza como la que recibió. Los siete goles no fueron normales. De hecho, hasta los 23 minutos, el partido era disputado, si bien Alemania era mucho más peligroso de contragolpe. Pero en la misma jugada del gol de Klose el equipo empezó a derrumbarse. En ese gol, Muller, Kroos y Klose tocaron cuatro veces en el área sin marcas. En el 3-0, Kroos corrió 30 metros solo hasta definir. En el cuarto, Luis Gustavo la perdió insólitamente, y David Luiz miró. El equipo entró en pánico tras el segundo gol, y Alemania lo aprovechó de forma inimaginable.
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