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Un viaje al agro del país más feliz del mundo

La tecnología en la que los finlandeses están más despegados es en relaciones humanas y educación

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31 de agosto de 2018 a las 05:04

Por Blasina y Asociados, especial para El Observador
¿Cuánto personal ocupa esta industria? La pregunta básica y elemental hecha en lo que  podríamos llamar una pyme finlandesa genera una respuesta futurista: “50 personas y 5 robots, el sexto robot llega en breve”.
La pequeña empresa en cuestión fabrica simplemente cables y tiene básicamente un solo cliente, que es una empresa familiar con fuerte presencia en Uruguay. Esa empresa, ya global a pesar de tener menos de 50 años de fundada, es líder en  cosechadoras y forwarderers forestales y se llama Ponsee. Disputa a nivel global el liderazgo con las gigantescas John Deere de EEUU y Komatsu de Japón. Y aunque su foco no está en el crecimiento de corto plazo, viene incrementando su tamaño y sus ventas en más de 10% anual en los últimos años.
En esta pequeña empresa,  o en la más grande o en cualquier empresa lo que contrasta con la realidad de Uruguay es la abismal diferencia en las relaciones laborales. La gente trabaja tranquila, sabe lo que está haciendo, se respira paz. Y la historia de la empresa revela esa paz. La empresa pequeña de cables fue fundada hace poco por dos ex funcionarios de Ponsse que querían dejar de ser asalariados, tener su propio emprendimiento, lo que se hizo sin traumas y en beneficio mutuo. Ahora son proveedores de Ponsse y sobre esa base crecen.0

Con tradición, pero futurista

Visitar la forestación de Finlandia supone trasladarse al pasado de sus bosques milenarios, con sus pinos,  abetos y abedules, pero también a un mundo futurista de automatización, robótica, realidad virtual y todo eso aplicado a la eficiencia en una producción agropecuaria milenaria: cosechar madera y agregarle valor de una manera cada vez más eficiente y automatizada.
La presentación por parte de la empresa Ponsse de su nueva línea de cosechadoras forestales y forwarders fue la oportunidad para dar una recorrida por un país de vanguardia en varios planos. Y un país que construyó su competitividad luego de años de invasiones y guerras.
Mientras nosotros festejábamos Maracaná, ellos se preguntaban cómo construir un país desde cero. Y lo hicieron a través de valorizar los productos de la tierra. Y no sólo la forestación, también exportan lácteos, producen trigo y se ven ganados Hereford que al final del otoño están por ser mandados a las cabañas donde pasarán el invierno.
Y como es sabido, Finlandia, además de estar a la vanguardia en la producción y el uso de la madera y sus derivados es líder en educación y calidad de vida, cuidado del ambiente y lidera el índice de felicidad mundial de Naciones Unidas.
Dicho de otra manera, todo lo que se ve es interesante, todo el tiempo. Porque la forestación es lo que domina el paisaje y en las visitas a industrias como Ponsee se ve el estado del arte en el uso de las herramientas contemporáneas: la realidad virtual, la robótica, el big data, pero también en la conservación de los recursos, el esfuerzo por revertir el cambio climático y el construir desde una zona rural del mundo una empresa de alcance global.


En un gigantesco depósito, por ejemplo, la mayor parte del área está en penumbras, pero las luces se encienden cuando un operario va. “Es un efecto muy pequeño, pero todo suma y cuenta en el  largo plazo”, nos explican.


Los equipos de cosecha y traslado son más veloces cada vez. Talando y trozando los árboles y transportándolos.
Por ejemplo Ponsse es vanguardia en superar a la caja de cambios, algo que empieza a llegar a los automóviles. Esto es  a través del denominado CVT, continuously variable transmission –transmisión continuamente variable–, que elimina los cambios y permite la aceleración super veloz de los equipos.
También la comodidad de los operarios es un esfuerzo permanente. Se diría que hay toda una ciencia del asiento que uno no imagina hasta que entiende lo que pueden ser los vaivenes para quien tiene que cosechar en un territorio escarpado, con rocas, raíces y altas pendientes. Entonces tiene lógica tanta inversión en un asiento que permite que quien trabaja lo haga con máxima comodidad, con su atención centrada específicamente y únicamente en su tarea.
En el foco de esta empresa, nacida en 1970 y que lleva el nombre del perro del fundador, está la tecnología que permite una velocidad y simplicidad asombrosas en el trabajo. Cortar, sacar las ramas y trozar un árbol de unos 80 años de edad lleva 40 segundos. Esto lleva a que en un monte una cosechadora pueda talar y procesar 60 árboles por hora.
Pero, además, con base en el uso de big data y en los precios de acuerdo a la densidad y el diámetro de los troncos, la máquina sabe exactamente de qué largo debe hacer cada tronco, de manera que un árbol que tiene unos 30 metros de altura queda porcionado de manera que el comprador optimice el valor de esa madera.
Y las máquinas son cosechadoras cada vez más gigantes de información que se almacena y eventualmente se envía también a distintos destinos, para ir preparando las innovaciones siguientes, detectar pérdidas de eficiencia o causas de desperfectos.

Pino, abeto y abedul

La forestación finlandesa es radicalmente opuesta a la uruguaya. Se trabaja principalmente con tres especies nativas: el pino, el abeto y el abedul.
Finlandia genera unos 70 millones de metros cúbicos de madera por año y cosecha unos 60 millones. Un monte se tala aproximadamente a los 80 años de la tala anterior y la gran mayoría de los bosques están en propiedades pequeñas y medianas.
“La actividad debe cumplir tres funciones: remunerar a los productores, abastecer a la industria y mejorar el ambiente”, me explica uno de los integrantes de la empresa, al mismo tiempo que una lagartija se cruza en nuestro camino. El suelo parece una esponja milenaria, la bota se hunde pero sin romper un tapiz verde donde se mezclan musgos helechos y berries, frutas nativas –a veces rojas, a veces verdes– que aparecen infaltablemente en los postres finalndeses.
Los dueños de los campos construyen ocasionalmente nidos de madera en los árboles para las aves y esos árboles no son talados. Y en realidad la tala es necesaria como parte de la regeneración de los bosques, algo que sino se haría incontroladamente a través de incendios.
Esos tres objetivos de la actividad forestal, que coinciden con los objetivos nacionales de altísima tecnología, subirse al tren bala de la inteligencia artificial, determinan la competitividad en un mercado como el de la maquinaria agrícola forestal en el que la competencia es durísima por lograr la ventaja tecnológica sobre los  demás.
Uno puede pasar varios días en Finlandia y buscar empecinadamente la bolsa de nylon tirada en el campo o la ciudad: no la encontrará. Los vasos descartables, las bolsas, los empaques han migrado al papel. Y la madera está también en todas partes: las sillas, las mesas, las paredes de las casas, los pisos. Madera y más madera. Es que en tiempos de calentamiento global, la salida de los derivados del petróleo y la sustitución por madera es una lógica evidente.

El ejemplo de Ponsse

El caso de Ponsse es interesante por varias razones: la firma permanece estrictamente familiar aunque ha trascendido largamente las fronteras de Finlandia: tiene fuerte presencia en el mercado de maquinaria para cosecha y post cosecha en los montes de Uruguay, como en una cantidad vasta de países. Compite con multinacionales globales como John Deere de EEUU o Komatsu de Japón que tienen una vasta gama de máquinas vinculadas a la agricultura y la vialidad y son mucho más antiguas. Y sin embargo el crecimiento que tiene la empresa finesa es impresionante.
Fundada en 1970 por Einari Viggren, quien empezó yendo a cortar madera a serrucho, transportándola en carros tirados por caballos, a comprar sus primeras máquinas y repararlas él mismo, a diseñar las soluciones y a finalmente hacer máquinas según su criterio, que fueron muy bien recibidas.
En 2017 la exportación es más importante que el ya muy relevante mercado interno y fue notablemente destacado el crecimiento de las ventas a Rusia, cuyo sector forestal es el más grande del mundo y en crecimiento. Por supuesto que Uruguay es muy importante, como lo es toda América del Sur.
Ponsse se mantiene focalizada en el sector forestal y el presidente del directorio y accionista mayoritario es de profesión maestro, uno de los hijos del fundador, Juha Vidgrén. El Óscar Tabárez de la forestación finlandesa, en cierta manera. Cuando le pregunto como aplica lo que aprendió en la carrera de maestro en su tarea de conducción de la empresa, apunta a que el ser maestro le permite explicar  con claridad todos los “porqués” que surgen en la empresa: por qué no se contrata más gente, por qué se toma tal o cual decisión. Los trabajadores tienen que entender claramente la razón de todo lo que sucede en la empresa y se explicarlo con claridad”, apunta.
Por otro lado, Juha explica que la empresa es totalmente igualitaria: es importante el trabajo del gerente, el de la persona que limpia, el de los mecánicos, no hay tareas más y menos importantes, simplemente hay tareas distintas y sí es necesario el que esté disponible quien debe hacerla.


Un igualitariasmo que se observa en el comedor, donde todos hacen la cola y se sientan a disfrutar de un momento colectivo de pausa al mediodía.


Es que tal vez la tecnología en la que los finlandeses estén más despegados respecto a nosotros es en relaciones humanas y educación. Las relaciones laborales que son llanas, sinceras y altamente productivas. Una sinergia. Como la que hicimos quienes desde distintos lugares del mundo fuimos a ver la nueva ola de productos y la nueva planta industrial de esta empresa admirable.

La utilidad de empezar desde menos cero

El invierno finlandés en el final de la segunda guerra mundial, en una zona rural perdida al norte de Helsinki, es obviamente de las situaciones más inhóspitas imaginables. De esas que galvanizan para cualquier desafío que venga después.
Y seguramente eso fue al menos parte de lo que forjó el camino que inició Einari Vidgrén, quien empezó cortando troncos con su sierra en el bosque para parar la olla de la familia, años después compró su primera máquina cosechadora, aprendió a repararla e imaginó mejores soluciones que las que se ofrecían en el mercado hasta que generó su máquina propia.
Así empezó Ponsse en 1970 y se fue superando incesantemente en base a saber escuchar y explicar. En la empresa todavía se mantiene muy presente la frase de su fundador que dice que “la práctica es el mejor maestro. Y los mejores especialistas son los operarios de las máquinas. Hay que presar toda la atención a lo que ellos dicen y mantener sus palabras en la mente”.
La orientación al cliente y a escuchar a los trabajadores continuamente respecto a cómo trabajar más cómodos y cómo hacer los procesos más simples se vio claramente. Y se respira libertad. Cabelleras cortas y largas, piercings y operarios que se desplazan en algo parecido a un skate. Pero nadie perdiendo el tiempo.
Desde aquellos tiempos de cortar a sierra y transportar a caballo a este presente de empresa mundial que ya tiene más de 180 máquinas trabajando en Uruguay.
Y en el país líder en las pruebas Pisa, el director de la empresa al presentarla aclara que no preguntemos mucho de los bosques porque no es experto en árboles, ni mucho en números porque no es economista ni contador. El es maestro. Juha Vidgrén es el presidente del directorio y el mayor accionista de la compañía.
“Ser maestro me resultó muy útil para poder explicarle a cada uno de los trabajadores el porqué de las decisiones que se toman, por qué no se pueden tener más empleados, por qué cada uno gana lo que gana y no más o menos, siempre explicar a todos el porqué de lo que se hace”, reflexionó.

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