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La salida de la crisis argentina y la atenuación de sus coletazos en Uruguay dependen del eventual rescate por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y de que el gobierno del presidente Mauricio Macri logre recuperar confianza dentro y fuera de fronteras. Alcanzar esa meta dista de estar asegurado. Un primer paso indispensable es que el FMI apruebe un crédito standby por hasta US$ 30.000 millones, que actualmente se negocia en Washington, a ser desembolsado en tramos pero solo a medida que la administración Macri vaya poniendo orden gradualmente en una economía desquiciada por la herencia kirchnerista de despilfarro, falta de inversión y corrupción en el desmedido gasto público.

Más problemático es restablecer confianza. La población está preocupada por la disparada del dólar y castigada por el creciente costo de vida, con una inflación de alrededor del 20%. La alimentan en gran parte los constantes aumentos de tarifas en servicios públicos, para adecuarlas a la realidad luego de más de una década de subsidios irreales concedidos por el matrimonio Kirchner. Y las inversiones financieras tienden a abandonar Argentina por dos causas. Una es la incertidumbre sobre si el país podrá zafar del actual pantano fiscal y de credibilidad. La otra es el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos, que ha tornado más atrayente salir de países emergentes en dificultades y retornar a un mercado menos redituable pero más seguro.

El resultado de estos factores ha sido la aguda alza del dólar en Argentina, reflejada en menor grado en Uruguay, en busca de refugio en una divisa que se viene fortaleciendo en todo el mundo. El posible crédito del FMI, como prestamista de última instancia y a tasas más llevaderas que las de los mercados, pondrá a prueba la capacidad del gobierno de Macri para estabilizar las cuentas públicas y la actividad económica y restablecer la calma perdida. Lograrlo requerirá un ajuste ordenado del gasto, en el que con seguridad insistirá el FMI, restringiendo la inversión en obras públicas ya aprobadas y otras medidas, lo cual a su vez conlleva el costo de mayor desempleo.

Desde muchos sectores, incluyendo economistas privados, se acusa al gobierno de Macri de haber reaccionado tarde a un ahogo previsible, al punto de haber tenido que recurrir a último momento al paso impopular de pedir ayuda del FMI. Al margen de que los cargos sean fundados y haya habido dilación oficial, Macri ya no tenía otra opción. Para Uruguay es importante que logre encarrilar la economía, estabilizando sus principales indicadores. Si bien nuestro país ha reducido considerablemente su dependencia de los vaivenes en nuestros vecinos y tiene actualmente un razonable blindaje financiero, la persistencia de la crisis en Argentina afectaría inevitablemente al flujo turístico desde ese país, a la actividad portuaria y a las inversiones de ese origen, especialmente en el agro y la construcción.

Todo dependerá de que se concrete la asistencia financiera del FMI y de que el gobierno argentino sea capaz de utilizarla para abatir el alto déficit fiscal, avanzar en su programa gradual de reformas macroeconómicas y, sobre todo, salir de la cuerda floja que hoy genera dudas y temores del aparato productivo, los consumidores y los inversores.
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