Caminaba por las sierra de Tarahumara, en el estado de Chihuahua, al norte de México, cuando se topó con plantaciones de marihuana y amapolas y con niños armados que lo apresaron por temor a que fuera un buchón de la Policía. Corría el año 1992 y Arturo Valenzuela Zorrilla era un flamante cirujano que estaba realizando el servicio social en las sierras. Ya de regreso en su ciudad natal, Ciudad Juárez, ubicada al norte de Chihuahua, en la frontera con Estados Unidos, incumplió su promesa y denunció a los narcotraficantes. ¿Cómo era Ciudad Juárez entonces? “Pero, padrísimo, era una cosa pacífica”, contó a El Observador.

Mientras por Ciudad Juárez pasaban toneladas de drogas hacia Estados Unidos, por el quirófano del hospital de la ciudad desfilaron narcos baleados, policías acribillados, políticos moribundos y niños con el cráneo agujereado. Los narcos habían conquistado la ciudad. Compraron armas, niños, policías, gobernantes y jueces. Hasta que el cartel de la Sinaloa, uno de los más grandes de México, comenzó a disputarle en 2007 la ciudad al cartel local. “Fue una guerra de guerrillas”, dice Valenzuela. El quirófano se convirtió en morgue.

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Por esa época, Valenzuela fundó la Mesa de Seguridad de la ciudad, un grupo civil independiente del gobierno al que podían recurrir las víctimas de la extorsión de los narcos. El pueblo estaba atemorizado, desamparado, desconfiado. “No había nadie más a quien recurrir”. Los narcos llamaban a empresarios, decían que tenían de rehén a un familiar y que si no aparecía tanta cantidad de dinero corría sangre. A veces, los rehenes no existían. Era una farsa. Otras, ya habían pasado a mejor vida antes de que sonara el teléfono. El cirujano medió entre secuestradores y las víctimas. Se ganó el respeto de las autoridades, la confianza de la sociedad y logró derrocar a algunos pandilleros.

La comunidad de Ciudad Juárez, con Valenzuela como referente, puso el grito en el cielo. Pero los dólares y las amenazas de los narcos habían maniatado a las autoridades. Tras una marcha multitudinaria, el 17 de febrero de 2008 desembarcó el gabinete nacional en la ciudad con medidas sociales, económicas, educativas, policiales. “Hubo mucha mano dura, a veces excesiva”, recuerda.

Valenzuela, como la mayoría de los juarenses, también recibió amenazas. “Pero ya ves, acá estoy”, dijo el miércoles a El Observador en el Ministerio del Interior.

El ministro Eduardo Bonomi participó en octubre de un congreso de seguridad en Italia, donde se reunió con su par mexicano, Miguel Ángel Osorio Chong, quien le recomendó que recurriera a la experiencia de Valenzuela. El coordinador de la Mesa de Seguridad de Ciudad Juárez llegó el martes a Montevideo, se reunió con Bonomi, visitó el asentamiento Chacarita de los Padres, participó de la coordinación de la Mesa Local de Convivencia y Seguridad en el barrio Villa Española, dio una charla a policías comunitarios, entrevistas a periodistas y una conferencia en el Paraninfo de la Universidad. El gobierno mantiene así su política de invitar a expertos internacionales (ver nota aparte).

La reunión de este martes con Valenzuela duró media hora. Bonomi le expresó su preocupación por el aumento de ajustes de cuentas entre bandas de narcotraficantes, razón que atribuye al récord de asesinatos de este año. Basado en la experiencia de Ciudad Juárez, el cirujano le recomendó implementar políticas integrales en barrios donde hay poca o nula presencia estatal, propicios para que se conviertan en trinchera de narcotraficantes, reforzar la Policía Comunitaria e incentivar la participación social.

Sobre las dos primeras sugerencias, Bonomi ya está trabajando. El gobierno pretende reforzar la participación ciudadana.

“El problema de fondo no se combate a balazos”, sentencia Valenzuela, convencido. Y agrega que se combate con políticas estatales y participación ciudadana. “Pero lograr la participación en estos temas donde no se están pisando las brasas no es tarea fácil. Corresponde una estrategia de comunicación para plantear el problema claramente a los ojos de todo Uruguay, que lo pueda leer cualquiera y que se dé cuenta de que es un problema que lo compromete como ciudadano, en el que tiene que participar. Con una participación muy pequeña, los uruguayos están a tiempo de evitar un problema muy grande como el que tuvimos en Juárez”.

Además de tener un millón y medio de habitantes, Montevideo y Juárez comparten otras características. “Uruguay es un puerto importante. Por aquí pasa un torrente de droga que viene de otros países, igualito que en Ciudad Juárez, por donde pasaba y pasa mucha droga que viene de Latinoamérica hacia EEUU. A nosotros nos pasó que de repente les gustó convertir a la ciudad que era paso en un área de consumo y se convirtió en una plaza jugosa y se pelearon con armas de asalto de alto calibre. Si eso llegara a pasar aquí, si ese flujo de droga por alguna razón se detiene y los narcotraficantes no saben qué hacer con su mercancía, seguramente van a intentar colocarla aquí, se van a pelear y si no están prevenidos pudiera ser…”.

Se detiene, y concluye: “No quiero ser alarmista ni profeta. Solo señalo las condiciones similares que puede tener Uruguay con nosotros, les digo lo que pasó con nosotros y la posibilidad que existe de que suceda acá”.

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