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En un clima alterado por un nuevo accidente ferroviario, ocurrido el sábado 19, y en el que hubo casi 100 heridos, de los cuales seguían internados hasta ayer un pasajero y el maquinista, Argentina se zambulle en la última semana de campaña electoral hacia los trascendentes comicios legislativos del domingo próximo.

Desde que el extinto expresidente Néstor Kirchner ganara las elecciones y asumiera el poder el 25 de mayo de 2003, es la primera vez que el kirchnerismo se enfrenta a un posible serio revés en las urnas.

Con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner –quien sucedió en el poder a su esposo en 2007 y fue reelecta en 2011– en reposo médico y sin apariciones públicas en la recta final de la campaña, las perspectivas no parecen ser las mejores.

Pero si la conmoción por la salud de la presidenta agregó un ingrediente inesperado a la carrera por las bancas del Parlamento, un nuevo accidente en el cuestionado sistema ferroviario argentino se sumó a los polémicos debates de una política argentina sumida en un clima de confrontación constante.

Por si fuera poco los reveses que debe asimilar el gobierno, las encuestas dan cada vez mayor ventaja a la oposición, que amenaza con quitarle la mayoría parlamentaria para lo que resta del período.

La intención del gobierno de seguir con esa mayoría radica en hacer viable una reforma constitucional que permita a la presidenta presentarse para un tercer mandato consecutivo.

Sin embargo, las primarias de estas elecciones legislativas, el 11 de agosto, significaron una gran decepción para el gobierno K. Si bien el oficialismo se mantuvo como la fuerza política más votada en todo el país, el caudal de sufragios conseguido no fue el mismo de épocas anteriores, ya que perdió seis de los 12 millones de votos que había cosechado en las presidenciales de 2011.

Además, el kirchnerismo cayó en la vital provincia de Buenos Aires, principal distrito a la hora de conseguir un buen número de bancas en el Congreso.

El próximo domingo la ciudadanía determinará el recambio de la mitad de la cámara de Diputados y un tercio del Senado.

Acusaciones

El accidente de tren en la estación de Once, mismo lugar de la tragedia de hace 20 meses y en la que murieron 51 personas, trajo consigo una serie de acusaciones cruzadas entre el oficialismo y la oposición.

Mientras no pocos aprovecharon la situación para criticar el papel del gobierno y responsabilizarlo por el mal estado de la red ferroviaria, desde el Poder Ejecutivo se sembró la duda al vincular el episodio con la cercanía de las elecciones.

Según la edición digital del diario El Cronista, el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, dudó ayer sobre las causas del accidente de Once y no descartó que tengan que ver con la campaña electoral.

“Mi abuelo decía: ‘no creo en las brujas, pero que las hay, las hay’. Antes de las elecciones siempre pasan cosas que dejan dudas. No digo que este haya sido el caso, pero no sé”, expresó el secretario de Seguridad a radio Nacional Rock, según El Cronista.

Asimismo, El Cronista informó que “de esta manera, el funcionario se abroqueló junto con el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el dirigente oficialista Luis D’Elía, en dudar de fallas mecánicas o técnicas de la formación Chapa 5 del tren Sarmiento, o bien del mal estado de las mismas, y no descartó la teoría de sabotaje electoral vinculado a las próximas elecciones”.

En tanto, Sergio Massa (candidato para el triunfo electoral), Raúl Alfonsín, Pino Solanas y Margarita Stolbizer se refirieron al gobierno y a su manejo de las líneas de trenes.

“Cuando en el tiempo no tenemos políticas de carácter permanente, lo termina pagando la gente”, afirmó Massa ayer en radio Mitre.

Massa, intendente de Tigre, reclamó que el “transporte sea una política de Estado”, así como “dejar de lado la mezquindad política y trazar un plan a 10 años como país y cumplirlo gobierne quien gobierne”.

Duro examen

Alejada de todo este ruido, en la quinta presidencial de Olivos Cristina balconea el duro examen del domingo.

La presidenta sufre el desgaste de 10 años de gobierno kirchnerista a los que bautizó la “década ganada” por las reformas en favor de un Estado de bienestar. En cambio, la oposición, atomizada entre socialdemócratas, liberales derechistas y peronistas disidentes, tiene como caballitos de batalla una inflación anual que supera el 25%, la criminalidad que se cobra víctimas mortales cada día, y las denuncias de corrupción.

“La gente nos tiene confianza porque antes no había un mango (un peso) en el país, los trabajadores estaban sin empleo, los estudiantes sin porvenir y los científicos se habían ido”, dijo la mandataria en una de sus últimas apariciones públicas antes de la operación a la que fue sometida el 8 de octubre.

El Frente para la Victoria que fundó Kirchner fue el emergente de la peor crisis económica y política de la historia en 2001 cuando el país declaró un default de la deuda por más de US$ 80.000 millones.

Durante la llamada “década ganada”, el kirchnerismo creó cinco millones de empleos y un subsidio por hijo que beneficia a cuatro millones de personas en la pobreza, además de impulsar el consumo sin freno con alzas salariales y volver a estatizar decenas de empresas, entre ellas la petrolera YPF.

El gobierno impulsó la reapertura de los juicios por los crímenes de la dictadura (1976-1983) con el resultado de centenares de condenas a militares y policías, además de renovar la Corte Suprema con figuras de prestigio y ganar partidarios por habilitar la transmisión gratuita en televisión de los partidos de fútbol.

Pero la inflación supera el 25% anual pese a las desprestigiadas estadísticas oficiales que marcan un 10%, y la inseguridad por la violencia criminal se cobra vidas cada día, mientras que las acusaciones judiciales por negociados golpean a allegados al gobierno e incluso al vicepresidente, Amado Boudou.

Otro frente de malestar social apareció cuando la fuga de capitales persuadió al gobierno de instrumentar una veda en la venta de dólares para ahorro que enfureció a la clase media habituada por décadas a buscar refugio en el billete verde contra la inflación.

Las calles se llenaron varias veces de millares de personas, en su mayoría de clase media, en ruidosas protestas organizadas por las redes sociales, con duros insultos a la presidenta, mientras que el poderoso sindicalismo peronista se dividió entre adeptos y opositores a Cristina.

Encuestas

Todas las miradas están dirigidas en lo que pueda suceder en la provincia de Buenos Aires entre el principal opositor, Segio Massa y el oficialista Martín Insaurralde.

Massa se perfila como ganador, con el 42,7% de la intención de voto, por encima del 34% de Insaurralde, según una encuesta de Federico González y Cecilia Valladares Consultores, divulgada por el diario Perfil.

A sólo una semana de la cita electoral, el sondeo concede a Massa una ventaja mayor que la de encuestas publicadas en los últimos días por Clarín y La Nación, para quienes el exjefe de gabinete kirchnerista y ahora líder opositor, ganaría con 7 y 8 puntos porcentuales de diferencia, respectivamente.

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