El mortal atentado terrorista en Bogotá, el sábado 17, empañó un hecho inédito de la historia de Colombia como es el desarme definitivo de las FARC, el grupo guerrillero más antiguo de América Latina en actividad –que aún así se adelantó y terminó de concretarse esta semana–, y al mismo tiempo, mostró sin sutilezas que el acuerdo de paz, firmado por el presidente Juan Manuel Santos y el jefe insurgente Rodrigo Londoño Echeverri alias Timochenko, es un gran paso para la concordia, pero no significa el fin de la violencia en un país muy polarizado.
Acuerdo de paz sigue adelante, pese a los obstáculos y un clima enrarecido
Atentado en un shopping mostró que el pacto no significa el fin de la violencia en el país