Montañas cuasi lunares, arrasadas por millones de años de sol y sequedad; un desierto filoso de rocas puntiagudas que marcan el horizonte como un electrocardiograma; la aridez se huele en las narinas, machaca en la piel. De pronto, un águila desciende, se para sobre una enorme piedra y contempla la inmensidad, donde una figura oscura recorta una silueta humana. Un hombre de barba, saco, corbata y gorra con visera contempla en réplica al águila, que pliega las alas y espera, quizás, a que el día le dé una presa imprevista.
Adiós, Travis
La muerte del actor Harry Dean Stanton obliga a repasar su vida, su obra, pero sobre todo su película principal: París, Texas