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Cuando en 1970, con 16 años, Graciela López tuvo que salir a trabajar y se inició como maquinista de hilandería en la fábrica textil Fibratex, todo indicaba que escogía una excelente opción. Se trataba de una industria que en la década anterior había dado trabajo a unas 32.000 personas y que le permitía, aún siendo menor de edad, mantener a una familia compuesta por su madre y sus tres hermanos menores. “En esa época los salarios más altos eran los de bancarios, textiles y del transporte”, comentó López, actual secretaria general del Congreso Obrero Textil (COT). Cuatro décadas después, la realidad es muy diferente.

Con 58 años, López es parte de los 320 trabajadores que Fibratex dejó sin empleo en 2007, cuando la fábrica cerró. Sin posibilidad de volver a insertarse en una industria que se ha despedido a 6.000 empleados, López se encuentra tramitando una prejubilación que le aportará unos $ 3.000 por mes. La dirigente del COT tiene la suerte de poder apoyarse en su marido, pero a la mayoría de sus ex compañeras -mujeres de más de 50 años- no les queda otra opción que trabajar en casas de familia o de salud y “en negro”. Como recordatorio de su frustración, la fábrica en la que pensó que iba a trabajar toda la vida se ubica a cuatro cuadras de su casa. “Evito pasar por la puerta, la veo y me dan ganas de llorar”, se lamentó.

Graciela López solo es una de las miles de personas que perdieron su trabajo en Uruguay en los últimos años en sectores de la industria que no han podido subirse al tren del crecimiento económico. Mientras tanto, el país continúa su marcha favorable caracterizada por el aumento del consumo, el desempleo en mínimos históricos (5.5%) y el turismo devenido en la primera industria nacional.

La bajada del dólar y la consiguiente pérdida de competitividad frente a los mercados internacionales, la importación masiva e indiscriminada de productos asiáticos, las crecientes medidas proteccionistas de los países del Mercosur, la crisis mundial y las subas salariales, figuran entre los principales motivos esgrimidos por las industrias que se encuentran en crisis. Entre ellas están el sector de la vestimenta, el textil, del calzado y la marroquinería, la plástica y metalúrgica, la pesca y la dedicada a la madera.

Las industrias que por el contrario han salido bien paradas, son principalmente las del sector agroalimentario, que, pese al alto costo país, se han visto beneficiadas por la subida de los precios a nivel mundial. Así fue el caso de la industria de la carne, donde la tonelada de res exportada cerró 2011 con una valorización de 29,2% superior al año anterior. La soja, por su lado, aumentó un 22% en relación a 2010.

Los apoyos del gobierno
Con motivo de revertir la tendencia negativa en ciertos sectores, el gabinete productivo del gobierno analizará este mes las acciones tendientes para apoyar a tres industrias: calzado, marroquinería y pesca. A pesar de que otra de las ramas más sensibles es la de la vestimenta, esta no será alcanzada debido a ley especial que ya la beneficia con un subsidio por US$ 27 millones.
“Son sectores que muestran problemas estructurales, que arrastran complicaciones desde las crisis de 2002, de la internacional de 2008 y 2009 y que suman las actuales dificultades”, explicó a El Observador el director de Industria, Sebastián Torres.

El jerarca también adelantó que los beneficios que reciban los industrias en problemas deberán traducirse “en contrapartidas”, algo que calificó como un “salto cualitativo” en las políticas aplicadas hasta el momento. “Si una industria es intensiva en mano de obra y recibe apoyos del Estado, se le pedirá a cambio que mantenga la plantilla de personal”, ejemplificó Torres.

Desde los sectores descritos reconocieron haber tenido conversaciones con el Ministerio de Industria hace unos meses, pero negaron tener idea de qué tipo de medidas se van a tomar ni de cuándo van a implementarse.

La noticia no fue muy bien recibida por empresarios de otros sectores en crisis que no son tenidos en cuenta para estos apoyos. “Acá hay un Dios que dice quien puede vivir y quien no”, señaló el asesor del rubro textil Carlos Cibils, una industria que en cuatro años perdió más del 50% de sus trabajadores.

“Tuvimos miles de reuniones, pero no nos presentamos más en el Ministerio de Trabajo porque no nos sentimos escuchados”, sostuvo Beatriz Romariz, presidenta de la Asociación Uruguaya de Industrias del Plástico (AUIP).

Invasión de zapatos
“Vemos que la Argentina se va a cerrar a exportaciones y eso puede complicar”, comentó el presidente José Mujica augurando el futuro de las exportaciones en 2012, en la reunión informal que mantuvo a principios de mes con empresarios de distintos sectores, según informó radio El Espectador. Los dichos del presidente no hacen sino dar cuenta de la situación de creciente proteccionismo de los países vecinos, que se repite constantemente en el discurso de los empresarios de industrias ligadas al Mercosur.

El sector del calzado y de la marroquinería es uno de los más afectados, pues a las trabas externas se le suman las internas, producto de la importación indiscriminada.
Unos 18 millones de pares de zapatos fueron importados a Uruguay en 2011, de acuerdo a datos de la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU), un récord histórico que equivale a que ingresan unos seis pares de zapatos por persona, cuando en el resto de los países es de dos pares y medio. Según Daniel Tournier, Presidente de la Cámara del Calzado, en la actualidad solo existen entre 90 y 100 empresas de calzado uruguayo, mientras que hay unas 340 importadoras que traen productos de baja calidad a precios de dumping.
A esto se le suman las medidas proteccionistas de los países del Mercosur. La empresa argentina Alpargatas, que empleaba a más de 100 personas en Uruguay –comentó Tournier-“cerró porque no podían entrar la mercadería. Ahora están fabricando allá porque igual de Argentina a Uruguay en 24 horas lo tenés”, señaló.

Néstor Cejas, dirigente del Sindicato del Cuero (SIC), que lleva más de tres décadas en el sector de la marroquinería, agregó que los obreros no pueden trabajar el año de corrido y que las condiciones de los trabajadores también se han deteriorado mucho. Cejas trabaja para la firma Garnie, cuyas carteras de cuero valen en promedio $ 5.000. Él cobra unos $ 12.000 por mes. “La empresa vende las cosas a muy buen precio y nosotros ganamos sueldos de hambre”, se quejó.

Vestimenta y textil
Al igual que el calzado, el rubro de la vestimenta es un sector con mucha demanda, pero el principal problema que aqueja a esta industria es la informalidad, que domina el 58% del mercado. A pesar de la ley de la Vestimenta que tiene el sector, el presidente de la Cámara de la Vestimenta, Elbio Fuscaldo, consideró que la legislación no va a solucionar los problemas porque es una medida con resultados a largo plazo y solo incide un 2% en términos reales: “Cuando uno baja el subsidio a la realidad se da cuenta que es aromaterapia económica”.

Para Fuscaldo, una de las medidas estructurales que habría que tomar es eliminar los aportes patronales, para bajar los costos y desalentar la informalidad. “Brasil acaba de eliminar los aportes patronales a la vestimenta, Argentina protege su industria de forma exagerada. El mundo va para un lado, nosotros vamos para otro. Sino somos el bobo de la clase”, indicó.

Desde el área textil el reclamo también viene por la apertura a las importaciones y el “atraso cambiario”. Pero una queja de este sector, que se repite también en el reclamo de las vestimenta, el calzado, la marroquinería y de la industria plástica, es la incapacidad de competir contra las importaciones que, según los empresarios, entran sin ningún tipo de control, tanto en la calidad como de sus procesos productivos y condiciones laborales.

“No controlan nada para que baje la inflación”, acusó el asesor textil Carlos Cibils, quien se quejó de que el país beneficia a las importaciones y a la primarización de las exportaciones en detrimento de una producción que tenga más valor agregado, un reclamo también presente en la industria de la madera y de las curtiembres. “Acá entra mercadería de policarbonato, que es un plástico que es tóxico´, que si va al microondas aumenta doblemente su toxicidad”, señaló Esperanza Romariz, empresaria de la industria del plástico.

“Somos un país que nos estamos convirtiendo en exportador de productos sin nada de valor agregado. Mañana pasa cualquier cosa y nos vamos a comer la lana y las ovejas. País productivo las bolas y justicia social las pelotas”, dijo Graciela López, convertida en una sindicalista desempleada.

Dentro del complicado panorama de la industria textil y de la vestimenta se encuentra la situación de los fabricantes de ropa de mesa, baño y cama. El vocero de este gremio denunció a El Observador que las mantas de pelo largo que se fabrican en Uruguay con materia prima traída de China, están siendo objeto de una investigación de dumping por parte de Brasil -donde se vende el 70% de la producción-, a pesar de que el proceso cumple con todos los parámetros exigidos por el Mercosur.

“Brasil dio el 14 de febrero como fecha límite para exponer cuál va a ser la resolución. Mientras, todas las ventas están congeladas y nadie del gobierno nos dice qué está pasando”, señaló el vocero del gremio, quien pidió no publicar su nombre. Con Argentina, la situación también está trancada por la congelación de las licencias de exportación. “Y si queremos atacar el mercado interno, importan la frazada hecha más barata de lo que nos cuesta el tejido”, indicó el vocero de esta industria que ha perdido el 30% de su plantilla en 2011, y con vistas a empeorar si la situación en el Mercosur no se resuelve.

A la sombra de la crisis mundial
Otros de los sectores que manifiestan problemas son el de la madera y la pesca, pero en su caso principalmente por la bajada del dólar y las repercusiones negativas de las ventas por la crisis internacional.

Por otro lado, en el sector metalúrgico lo que se vive es un estancamiento frente al desarrollo de la economía, como señaló Hugo Domínguez, presidente de UNTMRA.

Según los datos difundidos el miércoles por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la industria uruguaya -excluyendo la refinería de ANCAP- registró en noviembre un crecimiento de 4,6% respecto a igual mes del año anterior; el crecimiento se concentró en menos empresas.

En el último mes, más de la mitad de los rubros relevados registraron caída. Las industrias con peor desempeño respecto a 2010 fueron las vinculadas con las prendas de vestir (-22,3%), la madera y productos de la madera (-21,6%) y las metálicas básicas (-18,9%).

Vea la descripción de cómo ven la crisis cada unos de los sectores
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