Alckmin conquistó el domingo el derecho de disputar la presidencia con el actual presidente Luiz Inacio Lula da Silva en la segunda vuelta electoral y de inmediato se abocó a procurar alianzas que le aseguren la victoria el domingo 29.
Alckmin conquistó el domingo el derecho de disputar la presidencia con el actual presidente Luiz Inacio Lula da Silva en la segunda vuelta electoral y de inmediato se abocó a procurar alianzas que le aseguren la victoria el domingo 29.
"Es un tiro directo a la cabeza", dijo el alcalde de Río de Janeiro, César Maia, archirival de Garotinho, y coordinador de la campaña de Alckmin en este estado. "La fotografía (de Alckmin) con Garotinho desmonta el discurso ético de Alckmin", dijo Maia.
El PMDB decidió no presentar candidato a la presidencia a pesar de las presiones de Garotinho.
Ese apoyo abrió la zafra de búsqueda de aliados y de votos en la que se han embarcado los dos aspirantes a gobernar Brasil en los próximos cuatro años, pero también puso de manifiesto las dificultades de mantener coherencias rígidas en un país donde la política a nivel de estado no siempre condice con los intereses de partido a nivel nacional.
Lula perdió la oportunidad de liquidar el pleito el domingo por falta de unos dos millones de votos, quedó atrás del 50% más un voto por menos del 2% en un universo de poco más de 100 millones de votantes.
Pero Lula ha puesto el pie en el acelerador de su campaña y luego del traspié del domingo empezó a organizar su campaña. En uno de sus primeros movimientos, exigió celeridad en las investigaciones sobre una misteriosa carpeta de documentos que militantes del PT habrían procurado comprar para incriminar a dirigentes del PSDB.
"Los tambores (de guerra) truenan", dijo la analista política Tereza Crunivel, del diario O Globo. "El debate de programas sólo será un telón de fondo".
(AP)