Alerta temprana de inundaciones permitió a Durazno controlar caos
Un sistema desarrollado por Ingeniería pronostica crecida del río hasta 72 horas antes de la tormenta
El jueves 12 una alerta roja se encendió en Durazno. Todavía no había nubes a la vista pero el Centro Coordinador de Emergencias Departamentales (Cecoed) activó el plan de evacuación. Al otro día se inició una tormenta que terminó cinco días después con . Mientras que , Durazno esperaba con calma que saliera el sol.
La diferencia es que Durazno cuenta con un sistema de alerta temprana de inundaciones desarrollado por el Instituto de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental (IMFIA) de la Facultad de Ingeniería que pronostica hasta 72 horas antes cuánto crecerá el río y hasta dónde se desbordará.
Su responsable técnico, Luis Silveira, busca recursos para perfeccionarlo y brega para que se aplique en zonas prioritarias para mitigar los impactos socioeconómicos de las inundaciones, un fenómeno cada vez más frecuente en el país.
Logística de emergencia
El modelo usa los datos relativos a precipitaciones y niveles del río que UTE transmite en tiempo real en tres puntos de la cuenca (Sarandí del Yí, Polanco del Yí y Durazno) a través de su red telemétrica.
También se utilizan los pronósticos de lluvia que realiza el Grupo de Clima del IMFIA, basados en datos de agencias estadounidenses y brasileras. Por el momento, no puede incluirse el pronóstico de la Dirección Nacional de Meteorología porque su información no es cuantitativa. Se informa sobre la probabilidad de “lluvias copiosas” pero no de cuantos milímetros lloverá.
El IMFIA acordó con la directora de Meteorología, Beatriz Cuello, para que se proporcionen los datos numéricos relativos a las precipitaciones esperables para un plazo de cinco días si la Organización Meteorológica Mundial (OMM) financia la segunda fase del proyecto.
Con estos datos se elaboran gráficos que predicen la evolución del nivel del río y el nivel máximo que alcanzará –con un margen de error de medio metro considerado “admisible” por Silveira– y la fecha en la que ocurrirá ese evento. Además, el sistema genera un mapa que muestra cómo se inundarán las distintas fincas, permitiéndole al Cecoed preparar un operativo de evacuación adecuado al grado de riesgo.
Ese jueves se activó una alerta roja ante la eventual caída de 165 milímetros de lluvia (el promedio mensual es de 120 milímetros) que harían crecer el río por encima de los 8,60 metros, el límite para la afectación de los vecinos de Durazno. Jesús María Rodríguez, director del Cecoed, supo antes de que cayera la primera gota que debía evacuar solamente a las familias más cercanas al cauce. “Siempre manejamos la información de que el río iba a llegar a un nivel tolerable”, dijo.
Finalmente, el Yí se estabilizó en 8,50 metros (correspondiente a una alerta amarilla sin que implique la afectación de la población) y solo cuatro personas dejaron sus hogares, no porque se les haya inundado, sino porque “no esperaron a mojarse”. Salieron con sus pertenencias en un camión municipal antes de la tormenta. Otras 10 personas se fueron de sus casas por decisión propia. El nivel medio del río Yí suele ser 2,15 metros a la altura del puente nuevo de ruta 5.
El domingo, cuando más arreciaba el viento y la lluvia, comenzaron las evacuaciones en Treinta y Tres y Cerro Largo. Los únicos datos certeros que se tenían era que desde el viernes habían caído más de .
“Para nosotros es de una importancia vital tener este programa”, manifestó Rodríguez. Una alerta roja dispara el protocolo de evacuación: se hace en orden, durante el día y sin que haya ocurrido aun la inundación. “Antes había caos. Evacuábamos sin saber hasta dónde iba a llegar el río y evacuábamos las 24 horas del día. Ahora podemos planificar, manejando menos camiones, con más tiempo, con más seguridad”, relató.
En 2007 y 2010 se tuvo que asistir a 6.000 personas. Rodríguez agregó que una evacuación nocturna es más problemática puesto que, en el apuro, se sufren más daños materiales. Hacerla antes de que el río crezca evita que los camiones no puedan acceder a determinados barrios. Si esto sucede, “la gente sale con lo puesto y es la más vulnerable”, afirmó.
Un pronóstico más exacto
Para el desarrollo del sistema la OMM aportó US$ 154.000. La financiación que se le pidió para la segunda etapa es US$ 200.000 y se espera una respuesta para octubre.
Para perfeccionar el pronóstico se necesitan más datos. “Esta cuenca tiene 8.750 kilómetros cuadrados y los puntos de medición están sobre el río Yí. No sabemos nada de la distribución espacial”, señaló Silveira a El Observador. La idea es ajustar una vez cada 24 horas el pronóstico a partir del registro de lluvia acumulada de la red de pluviómetros de UTE.
Para aplicarlo a otras cuencas, un obstáculo a salvar es la dotación de instrumentos que permitan la transmisión de datos en tiempo real. Treinta y Tres se interesó en el sistema pero no cuenta con infraestructura. Cada equipo de la red telemétrica tiene un costo aproximado de US$ 1.500 y se precisan entre 15 y 20 para la simulación de la crecida. En total, las comunas deberían invertir US$ 100.000 para su adquisición y operación.