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Los afanes independendistas del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y de los dirigentes que le acompañan en esa cruzada, presiones y polémicas, comienzan a pasar factura al periodista y exalcalde de Girona.

Es que el martes, más allá del dique virtual que separa a los secesionistas y aquellos que están a favor de continuar en España, había un relativo clima de fiesta en esa región hasta ahora autónoma.

Se suponía que en esa jornada, Puigdemont declararía la independencia catalana de manera unilateral, lo que provocó una euforia quizá desmedida.

Pero luego que el presidente catalán anunciara su intención de posponer la declaración por algunas semanas, mientras espera poder dialogar con el gobierno español, se transformó en muestras de descontento y pesar.

Sobre todo de aquellos sectores que lo apoyan y de hecho le han permitido gobernar Cataluña, al asegurarle la mayoría en el Parlamento regional.

Uno de esos grupos es la Candidatura de Unidad Popular (CUP), una coalición de partidos de extrema izquierda, que apoya la independencia, y cuya bancada de 10 diputados opuso un férreo rechazo a la decisión del gobierno catalán.

De hecho, uno de los sectores que integran la CUP, Endavant Osan, acusó al gobierno regional de haber traicionado "la soberanía" popular expresada en el referéndum del 1° de octubre, informó el diario El Mundo.

La referencia es clara. Le advierten a Puigdemont que cedió ante el "chantaje" de la banca, la patronal y la Unión Europea.

Instituciones financieras como el banco Sabadell y Caixa España anunciaron el cambio de su sede en Cataluña a otras ciudades por la situación de inestabilidad política en esa región.

Pero también se sumaron a esa idea empresas como Gas Natural y Freixenet, entre otras.

Por otra parte, la Unión Europea apoyó desde un primer momento al presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, y dijo desconocer el resultado de la consulta popular.

A través de un comunicado, el grupo político indicó que el mensaje enviado por el titular de la Generalitat es "claro y triste" porque "las opiniones de unos pocos tienen más valor que los votos de una mayoría".

"La soberanía, para el soberanismo gubernamental, es negociable y transaccionable", acotó.

Pero también lo criticaron por haber demorado en su intención de declarar la independencia. En ese sentido, señalaron que eso dio tiempo a empresas y bancos a plantear una "auténtica guerra psicológica".

De alguna forma, Puigdemont comienza a estar entre la espada y la pared y sin que tenga una aparente solución a la crisis.

El presidente del gobierno catalán jugó todas sus fichas a una mediación y al diálogo con Rajoy, pero este se negó, a menos que retorne al camino de la legalidad.

Por tanto, mientras los plazos se acortan, el gobierno español está decidido a aplicar el artículo 155 de la Constitución, que permite intervenir una región autónoma.

S&P advierte sobre "recesión"

La tensión política entre Cataluña y el gobierno central puede impactar en la economía regional, al afectar la falta de confianza de empresas y consumidores.

Asimismo, podría provocar una recesión económica, de acuerdo con un informe de la calificadora S&P, divulgado este jueves.

No obstante, señaló que la situación actual no implicará un cambio en la calificación de la deuda española aunque advirtió que si el clima de confrontación se mantiene o agrava, las consecuencias serán peores para Cataluña.

En ese sentido, dijo que no descarta rebajar la calificación crediticia de Cataluña.

Según indicó, "el posible aumento regulatorio y la inseguridad jurídica" causó la salida de numerosas compañías, señaló la analista Elena Iparraguirre.

"En este escenario adverso, Cataluña afrontaría una desaceleración que podría desembocar en recesión económica", señala el texto.

65.000 personas

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