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El Mercosur debería apostar a un acercamiento con el grupo de países de la Alianza del Pacífico y viceversa en el corto plazo, si el continente pretende mitigar las consecuencias de un nuevo de ordenamiento del comercio y las inversiones a nivel global que laudarán los grandes acuerdos transregionales que se están negociando actualmente, según alertó un trabajo que divulgó esta semana la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal).

El documento titulado “Alianza Pacífico y el Mercosur. Hacia la convergencia en la diversidad” se presentó el pasado lunes en Santiago de Chile a los gobiernos del continente como contribución a la integración regional.

El estudio del organismo latinoamericano sostiene que a las iniciativas de “integración profunda” que se han desarrollo en Asia, Europa y América del Norte, reciente surgieron otras “transregionales de vasto alcance” como el Acuerdo de Asociación Transpacífico (más conocido por la sigla TPP), el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión entre Estados Unidos y la Unión Europea (TTIP) y el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Japón. Según la Cepal, en estos tratados, el objetivo es “armonizar” o hacer “compatibles” las reglas del comercio y la inversión, como consecuencia del estancamiento de la Ronda de Doha y el fenómeno de las “cadenas de valor” que determina que una industria opere con insumos de distintas partes del mundo.

“Esto no puede hacerse de manera eficiente mediante los tradicionales acuerdos comerciales bilaterales, por lo que las negociaciones plurilaterales o multilaterales constituyen una mejor opción, explica el documento. Sin embargo, la “credibilidad” y el falta de avances en la OMC, ha definido la necesidad de “definir nuevas reglas para el comercio en las cadenas de valor”.

Llamado de atención
Para la Cepal, en caso de tener éxito las negociaciones megarregionales, “tendrán un fuerte impacto en la distribución geográfica y la gobernanza de los flujos mundiales de comercio e inversión en los próximos años”. Además, la Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), quedaría por fuera de la OMC y definida “por un número limitado de países, básicamente aquellos que tienen una mayor participación en el comercio en cadenas de valor. Esto por sí solo debiera ser motivo de preocupación para los países de la región, que —con algunas excepciones— participan poco tanto de la dinámica de las redes de producción como de las negociaciones megarregionales”, alerta el trabajo del a Cepal.

En ese sentido, sostiene que las “consecuencias de las actuales negociaciones megarregionales para América Latina y el Caribe “son variadas y complejas”.
Los países comprometidos en dichas negociaciones representan en su conjunto cerca del 70% del comercio de bienes de la región, medido tanto en términos de exportaciones como de importaciones. Se trata asimismo, de los principales inversionistas extranjeros en América Latina y el Caribe. “Por ende, si dichos procesos tienen una conclusión exitosa, la magnitud, composición y dirección de los flujos comerciales y de IED (Inversión Extranjera Directa) de los países de la región con seguridad se verán modificadas”, asegura.

Agrega que el impacto de este nuevo ordenamiento global en las reglas del comercio y la inversión pegara en los países, en función de su grado de participación en cadenas regionales o mundiales de valor y de su red de acuerdos comerciales, entre otros factores.
En particular, el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión entre EEUU y la UE, puede definir nuevas reglas sobre temas emergentes del comercio internacional, dado el fuerte peso económico e influencia regulatoria que tiene cada una de las partes. Puntualmente en este caso, la Cepal considera que existe el “riesgo de que en dicho foro o en el TPP se negocien nuevas normas y requerimientos (ambientales, de calidad o trazabilidad, entre otros) que resulten de difícil cumplimiento para los exportadores de la región.

Por ejemplo, el resultado de las discusiones entre los EEUU y la UE sobre temas como la comercialización de cultivos genéticamente modificados, el uso de hormonas en la crianza del ganado o la regulación de los biocombustibles tendrá importantes consecuencias para varios países de la región que exportan dichos productos”, asegura.

El trabajo da por sentado que este tipo de megaacuerdos afectará los flujos de comerciales y de inversión en la región, pero también quitará espacio al diseño de las políticas públicas de los gobiernos de América Latina y el Caribe. Las nuevas reglas actualmente en negociación sobre propiedad intelectual, flujos de capital, manejo de información personal en internet, empresas del Estado, asuntos laborales y medioambientales son solo algunos ejemplos, resalta el documento.

“Las negociaciones megarregionales bien podrían acentuar los costos de transacción asociados al comercio, generando desviación de comercio y de inversiones y duplicando o sobreponiendo normas no necesariamente convergentes. Tal situación plantearía especiales dificultades a las economías y empresas de menor tamaño. Tampoco es posible descartar que tras normativas exigentes negociadas en esas instancias se oculten tentaciones proteccionistas bajo nuevas formas”, alerta la Cepal.

Reacción en bloque
“El fenómeno del megarregionalismo desafía a América Latina y el Caribe a profundizar su propio proceso de integración, como una herramienta para mejorar su inserción en la economía mundial. En dicho proceso, la convergencia entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur resulta ineludible”, sugiere la Cepal.

La Alianza del Pacífico y Mercosur representan combinados más de 80% del comercio exterior regional, así como de su población (600 millones), y más de 90% de su producto interno bruto (PIB) y de sus flujos de inversión extranjera directa, según la Cepal. En 2013, el comercio total entre ambos grupos de países alcanzó los US$ 47.400 millones. Sin embargo, en materia de comercio intrarregión aún queda mucho trabajo por hacer (ver infografía).
“La gradual convergencia entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur no sólo traería aparejados beneficios para sus países miembros; ella constituye una oportunidad histórica de avanzar hacia una integración de verdadero alcance regional”, resalta el estudio de la Cepal.

Las debilidades y las fortalezas de la región
En la última la región de América Latina y el Caribe mostraron avances significativos en sus indicadores socioeconómicos. Entre 2002 y 2013, la pobreza se redujo del 43,9% al 27,9% de la población, mientras que la indigencia disminuyó del 19,3% al 11,5%. Por otro lado, la región cuenta con un volumen importante de recursos estratégicos como cobre, hierro, plata, plomo, níquel, oro, entre otros. Además, es la segunda región con reservas de petróleo probadas y concentra el 52% de la producción mundial de soja, 16% de carne y maíz, y 11% de leche.

Sin embargo, también muestra algunas debilidades. En los últimos años las exportaciones de bienes a nivel mundial muestra señales de estancamiento con una participación que fluctúa entre 5% y 6%. Una de las falencias es el la alta dependencia de las materias primas, en particular en América del Sur. Una tercera debilidad del desempeño regional es la baja proporción de empresas exportadoras. “Los elevados costos logísticos que presentan algunos países de la región afectan no sólo su comercio actual, sino también sus posibilidades de insertarse en cadenas regionales o globales de valor”, advierte la Cepal.

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