El 11 de junio de 2010, en el estadio Green Point de Ciudad del Cabo, Uruguay debutó en el Mundial de Sudáfrica con cinco hombres en el fondo y dos volantes de contención. Aquella helada noche africana, en la que la euforia por los éxitos de los celestes todavía estaba en precalentamiento, sirvió para comprobar el espíritu con el que el técnico de la selección, Óscar Washington Tabárez, afronta las fases de grupo de los torneos y no le tiembla el pulso si tiene que salir a ser conservador. El partido ante Francia terminó 0-0 y marcó el rumbo.
Apretó las clavijas
La fría despedida de Uruguay sirvió para comprobar que Tabárez cambió la fórmula, ajustó algunos puntos flacos, y presentó un equipo más seguro