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El nuevo impuesto a la tierra que impulsa el gobierno fue cuestionado ayer por el presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), José Bonica, porque desalienta la inversión y porque podría tener un efecto contrario al deseado de evitar la concentración.

Durante el discurso de cierre de la 106ª Expo Prado, Bonica dijo que recibían con naturalidad el anuncio de que será derogado el impuesto municipal del 1% a la venta de semovientes, “que en esta misma tribuna el año pasado había sido acordado por la ARU y el gobierno en forma explícita”.

En relación al tema de mantener carreteras y caminos, afirmó que hay que “hablar de Rentas Generales, que están abastecidas por la lógica de un impuesto a la renta. Nos dicen que no hay espacio. Tenemos que transitar por el otro camino: el que usa, paga. No hay otra posibilida para este tema”.

Sobre la impuesto a la concentración de la tierra, recordó un documento firmado en setiembre de 2004 en plena campaña electoral, incluyendo a quien resultó electo como primer presidente de izquierda, Tabaré Vázquez, que le dedicó un párrafo especial para tributar sobre la renta. Luego vino la reforma tributaria, “sin que existiera ningún movimiento en el gabinete y todos recordamos quiénes eran en ese momento el ministro de Ganadería y de Economía”.

Bonica citó posteriormente los compromisos asumidos por el gobierno frente a inversores extranjeros en dos encuentros realizados en el hotel Conrad de Punta del Este, donde “se habló de seriedad y de cumplir”.
Sin embargo, dijo Bonica, “hoy se está hablando de un impuesto a la tierra que va a trascender a los productores que lo van a pagar y al país entero, porque afectará a todos y cuando hay cambios solo ganan los especuladores”.

Bonica dijo que no se puede sostener que existe “concentración de tierras” en el país. “No es suficiente la información de Dicose, ni del Banco de Previsión Social. Pero sí decimos, ante la eventualidad que la hubiera, que la herramienta que ha elegido el gobierno no es idónea”.

Puso como ejemplo un estudio de 1994, que indicó que cuando se establece un impuesto fijo que no tiene nada que ver con los mercados, con la sequía o la lluvia, es una señal de que baja la rentabilidad. “Si baja la rentabilidad, baja el precio de la tierra y si eso ocurre aparecen actores económicos de largo plazo que empiezan a comprar. En nuestra concepción este impuesto va a tener, desde el punto de vista de la concentración de la tierra, un efecto neutro en el mejor de los casos, o negativo. Va a acentuar la concentración, si esta existiera”, apuntó.

Bonica sostuvo que afectará especialmente a la ganadería y en especial a la actividad de la cría. “Si desalentamos la inversión para esa ganadería (...) y no tenemos más terneros, no son buenas noticias para la industria frigorífica y para sus empleados. No es bueno para la imagen del país, para los empresarios ni para la población, no es bueno de la primera a la última letra, señor presidente, no es bueno”, dijo, tras lo cual fue muy aplaudido.

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