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El sistema tiene que ser amigable para la gente y para las vacas y si los muchachos trabajan más de ocho horas en el tambo hay que pagarlo, como también hay que pagarles la nocturnidad. Hay que invertir en mejorar el sistema para que se trabaje menos de ese horario, como lo hacen los países desarrollados.

El concepto fue manejado por el asesor y administrador de establecimientos rurales, Alejandro Brancato, durante una disertación realizada el jueves 6 de noviembre pasado en la Sociedad de Productores de Leche de Florida. Fue en el cierre del ciclo Agro en Foco 2014, que organizaron el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Blasina y Asociados y El Observador.

Frente a las características especiales de la actividad en un tambo se preguntó qué alternativa existe para que el sistema sea amigable con los trabajadores y con los animales, incluso para que la gente tenga estabilidad.

Citó un ejemplo recogido al visitar un tambo en Durazno, donde su propietario le comentó que ahora tiene una buena relación con su personal y que la clave fue que sus empelados, después de trabajar siete horas, se vayan todos los días para su casa en la ciudad, donde puede estar con su familia. “Los llevamos y los traemos, y esa fue la clave del cambio”, le dijo el tambero a Brancato.

El asesor dijo que es un tema a tener presente, como la vivienda, la caminería y el acceso a las casas. Hay que tener jornadas diarias de menos de siete horas para la gente que trabaja y para las vacas. Las vacas tienen que estar en el campo, no les gusta estar arriba de un piso de hormigón. Están allí porque saben que tienen que dejar la leche y se tienen que ir a las pasturas. También es muy complicado para la gente tener jornadas muy largas.

Vacas y empleados contentos
Pero además está la ley de ocho horas en el campo. Hay muchos tambos donde se trabaja más de ocho horas; y está la normativa sobre nocturnidad que está vigente desde 1962.
“Conversando con mis amigos tamberos pudimos comprobar que nadie paga horas extras, ni tampoco nocturnidad.

Esto es algo que hay que tenerlo presente, porque estas exigencias se vienen para los empresarios rurales que tienen que cumplir con la ley y que yo estoy de acuerdo. Pero para estar de acuerdo tengo que invertir para que el ordeñe sea rápido, con máquinas que estén acordes en limpieza y el funcionamiento, y que la gente esté contenta. Hay un tema que no es menor: es difícil pagar una hora extra; es algo contraproducente. Si alguno de los trabajadores entiende que por enlentecer un ordeñe media hora luego se la van a pagar el doble, puede ser complicado.

Por lo tanto, no nos peleemos con los muchachos, trabajemos con ellos y tratemos de invertir para no llegar a tener esa discusión. Que las vacas estén contentas y la gente también. Además hay que documentar bien (el pago de) los jornales, para lo cual hay asesoramiento administrativo necesario”.

Brancato afirmó que todo esto hay que resolverlo rápido. La gente tiene que trabajar menos de ocho horas y si trabaja más hay que pagarle horas extras, como también la nocturnidad y hay que tenerlo presente. “Y si las inversiones en el campo no lo tienen presente, lo van a tener que pagar igual”. El asesor sostuvo que no se puede enlentecer el proceso productivo diario, de la alimentación y cuidado de las vacas, de las patas de las vacas, de la caminería de la gente, de la energía eléctrica. Es un todo. En el mundo es así. “Nosotros estamos atrasados con respecto a la ley de ocho horas, que es algo normal en los países desarrollados. Y Uruguay es dentro de Latinoamérica uno de los países más desarrollados”, recordó Brancato.
Tenemos que estar atentos

“Estamos en 2014 y duele decir que la ley de ocho horas salió ahora. Hay muchos que no estarán de acuerdo, pero el mundo es así. Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, a donde vayan se trabaja menos de ocho horas y, si trabajan más de ocho horas, se documenta y se paga. Tenemos que estar atentos”, dijo el asesor.

Para concluir el tema describió una reunión en la que estuvo presente el dirigente sindical de la bebida, Richard Read, quien les trasmitió su visión y remarcó que en su estrategia de relacionamiento con las empresas trabaja desde “dos frentes de ataque: exigiendo que los empresarios cumplan con sus obligaciones, pero también que cumplan con amonestar a los empleados que no cumplen sus funciones”. Brancato advirtió sobre el pago de bonificaciones a tareas que son obligaciones enm un tambo.

Brancato trabajó siempre con empresarios argentinos y paraguayos, asesorando y administrando sus establecimientos, haciendo sus primeros años con ganadería de carne para finalmente dedicarse a la actividad tambera.

Contó su experiencia conocida como sistema estacional que inicio en 1995 en un tambo de Colonia y que luego continuó en otros establecimientos, atendiendo actualmente dos tambos en el departamento de San José.


Adaptación


Alejandro Brancato presentó la información del establecimiento que desde hace una década desarrolla el sistema de producción estacional de otoño. Las vacas paren en un máximo de 70 días, desde fines de febrero hasta mayo. “No inventamos nada, es lo que hacen en Nueva Zelanda a fines del invierno y que nosotros lo adaptamos a las condiciones de nuestro país”. Han llegado a más de 10.000 litros de leche por hectárea, considerando que han alcanzado los 730 kilos en sólidos por hectárea, contó el asesor.

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