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Del atacante del viernes en la escuela Sandy Hook en Newtown se saben pocas cosas. Y entre los cuatro datos que se divulgaron –además de su nombre, edad y constitución familiar– todo el mundo sabe que padecía el síndrome de Asperger, un tipo de autismo.

Muchos señalan a esta enfermedad como la causante de la masacre, pero los expertos se esfuerzan por asegurar que no tiene nada que ver y que, en todo caso, el problema está en la falta de atención a los enfermos mentales en general.

“Son capaces de preocuparse verdaderamente de los demás, pero no se expresan de esa forma”, declaró al Washington Post Lynne Lotenberg, madre de un niño autista de 13 años. Tanto ella como los expertos coinciden en que, si bien hay distintos tipos de autismo, casi ninguno es de por sí violento.

Ian Pergol, director de los Servicios Comunitarios de Montgomery County para Autistas Adultos y Niños, declaró a ese mismo medio que su organización, que funciona desde hace 30 años, nunca vio un caso como el de Lanza. “No hay ningún vínculo entre la violencia planificada y ese diagnóstico”, declaró.

Lo mismo aseveró, pero al Huffington Post, Elizabeth Laugeson, profesora en la Universidad de California. Y si bien los estudios muestran que entre los autistas hay una mayor tasa de violencia que entre el resto de la población, los arranques de estas personas “no son planeados ni intencionales como en el caso de Newtown”, declaró Eric Butter, del hospital de niños Nationwide de Columbus. “Las tragedias de este tipo fueron realizadas por gente con diversos tipos de personalidad y con perfiles psicológicos diferentes”, agregó.

De hecho, los expertos coinciden en que los autistas, cuando tienen una crisis, generalmente se retraen o lastiman, pero no son violentos con los demás.

Un problema mayor

Pero si bien todo lo anterior es cierto, no es menos veraz que algunos de los que han protagonizado ataques del estilo del del viernes tenían algún tipo de problema mental y su tratamiento –o la falta de– es ahora otro foco de debate que se suma al de la tenencia legal de armas.

“Comparto esta historia porque soy la madre de Adam Lanza. Soy la madre de Dylan Klebold y Eric Harris. Soy la madre de James Holmes. Soy la madre de Jared Loughner. Soy la madre de Seung-Hui Cho”. La que escribió, Liza Long, en realidad es la madre de Michael, un niño de 13 años, enfermo mental y con arranques violentos.

Los que nombró en su carta publicada en The Blue Review eran jóvenes que vio parecidos a su hijo. Dylan Klebold y Eric Harris fueron los autores de la masacre de Columbine en 1999 y tenían depresión; James Holmes, el guasón de Colorado, parece que también tenía algún trastorno mental, y así los demás.

¿Qué hace un padre con un hijo enfermo? “Cuando le pregunté a la trabajadora social qué podía hacer, me dijo que mi única opción era atribuirle cargos a Michael. ‘Si ingresa al sistema, le crearán un expediente. Esa es la única forma que tienes de conseguir algo. Nadie te prestará atención hasta que no sea culpable de algo’”, relató que le dijeron.

“No creo que mi hijo deba estar preso. Pero parece que los Estados Unidos están usando la prisión como la única solución para los enfermos mentales”. Agregó que, según Human Rights Watch, la cantidad de presos con problemas mentales se cuadruplicó entre 2000 y 2006.

“Nadie quiere mandar a un genio de 13 años, fanático de Harry Potter y de los animales, a una cárcel. Pero nuestra sociedad, con su estigma sobre las enfermedades mentales y su sistema de salud corrompido, no nos da otra opción (…). Estoy de acuerdo con que se tiene que hacer algo. Es hora de tener una conversación nacional y seria sobre la salud mental. Esa es la única manera de que podamos curarnos de verdad”, concluyó la mujer.

Desde el Congreso, ya comenzaron a hacerle caso. El republicano Jason Chaffetz dijo en un programa televisivo de NBC que se debe lidiar con el asunto de la salud mental.

“Tenemos que atacar la intersección entre la compra y el uso legal de armas y los enfermos mentales. En especial, debemos prestar atención a los adolescentes”, comentó. “No hemos hecho lo suficiente. El problema de fondo es que este país no ha atacado bien la cuestión de la salud mental”, consideró.

Dolor

En Newtown, en tanto, los niños ayer volvieron a las escuelas después de días sin clases. Todas las de la localidad reabrieron sus puertas a excepción de Sandy Hook, donde ocurrió el tiroteo. Los niños que acudían allí fueron realojados en una que estaba en desuso y es posible que la escuela no vuelva a funcionar en el mismo lugar.

El jefe de la policía estatal de Connecticut, Paul Vance, explicó ayer que la investigación sobre la escena del crimen aún está en curso y podría durar meses.

La principal interrogante, hasta el momento, es por qué Lanza mató primero a su madre y luego actuó con tanta sangre fría en la escuela a la que había asistido.

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