Fue en un tiroteo en el Cerro”, explicó el joven al médico que le pedía que moviera la punta de los dedos del pie derecho. Desde allí y hasta el muslo tenía colocado un yeso. “Fue una siete milímetros. Me quedó un pedazo (de bala) y al rato se me rompió el hueso”, precisó. Su caso no es diferente a lo que se encuentra por las habitaciones del Instituto Nacional de Ortopedia y Traumatología (INOT). Ese hombre, de poco más de 20 años, había sufrido una fractura múltiple en uno de sus miembros inferiores en un hecho sobre el que habló con conocimiento balístico mejor que el del traumatólogo tratante. Óscar de los Santos, el médico, reconoció: “La balística pertenece a la especialidad del médico de guerra y ahora estamos nosotros con esto”.
Aumento de disparos en las piernas señala alza en los ajustes de cuentas
Traumatólogos atienden cada vez más casos de heridos en sus extremidades inferiores