"Le preguntaron a Pérez Esquivel qué quería para el homenaje y nos pidió a nosotros. Le dijeron si quería algo más y dijo que solo La Catalina", contó Cardozo. "Estábamos allá, ensayando, y cuando terminamos vimos que en Instagram nos había empezado a seguir Bizarrap. Después nos mandó un mensaje por Instagram, diciendo que tenía un plan, que quería hacernos una invitación, si nos podía llamar. Le pasé mi número y hablamos. Ahí nos contó".
Cardozo le dice "Gonzalo" y enseguida aclara: "Bizarrap", en referencia al nombre real del artista argentino más escuchado en el mundo: Gonzalo Conde. "Nosotros nos preguntamos como pasó esto", dice el director de la murga con una carcajada. "Pero se le ocurrió a él. Había visto cosas de La Catalina, nos tenía muy escuchados", reveló.
"Más allá de la sorpresa inicial, y de que yo tengo 45 años y estoy aprendiendo a recibir esta música, el género urbano, en mi vida, nos empezó a contactar gente de ese palo, y hicimos distintas colaboraciones, y eso debe haber tenido que ver", agregó. "Bizarrap estudia mucho a los artistas a los que llama para colaborar, nos contó que nos seguía, tenía referencias, y aunque venimos de mundos distantes terminó todo funcionando bien, porque él tiene bien claro lo que tiene. Fue increíble la confianza, y nos dio total libertad".
La única condición que puso Agarrate Catalina para su participación fue que su intervención "sonara a murga". Y Cardozo considera que el género estuvo "lo mejor defendido posible". Junto a la aparición de la murga se escuchó también una clave de candombe, otro guiño uruguayo en una presentación que tenía como concepto central la celebración de lo latinoamericano, en una ceremonia que por primera vez se hacía fuera de Estados Unidos.
Así, aparecieron ingredientes como el tango, la murga argentina, una percusión brasileña, un poema de César Vallejo, y a Shakira representando a Colombia.
"Fue una movida del lado de Bizarrap y su equipo, porque fue llevar a 15 personas a Sevilla durante una semana, con el costo económico que significa pero también el costo de horas, el tiempo que implicó preparar todo", consideró Cardozo. "Pero fue llevar a la murga a un lugar en el que no había estado, aunque fuera poco tiempo. Y fue también mostrar la ductilidad que tiene, contar que este género sabe y puede vincularse con cualquier expresión musical, nosotros cantamos en barrios, en teatros, con la sinfónica, y pasamos a esto. Y colaboramos con cualquiera. Cerraba por todos lados".
La Catalina llegó a Sevilla el pasado 12 de noviembre, y ya el día de la llegada tuvieron el primer ensayo. Así inició una sucesión de maratónicas jornadas de preparación, de varias horas, donde cada movimiento era repetido una y otra vez, con los integrantes de la murga siempre portando su vestuario y maquillaje completo. "Tuvimos solo un día libre, después siempre ensayando, cumpliendo órdenes".
Hasta que llegó la ceremonia. Cardozo dice que la vivieron como si fuera un sueño. No porque no pudieran creer lo sucedido, sino por esa lógica onírica de que uno acepta el disparate que le propone el sueño y la da por buena sin más. "Lo vivimos desde ese lugar, y desde la alegría", dijo.
El viaje además tuvo una carga emotiva extra, porque los integrantes que viajaron son "la barra fundacional, los que están desde el primer ensayo", explicó el murguista.
"Fue un viaje que fue una montaña rusa, no podíamos contar nada por acuerdos de confidencialidad, ni a la familia ni a los que se quedaban. Y encima, en camino al aeropuerto nos enteramos de la de muerte del "Chato" Ambrosio, padre de Martín, uno de nuestros integrantes. Como parte de su proceso, eligió ir. Fue muy intenso". Y encima, el show coincidió con el partido de Uruguay y Argentina. "Chusmeábamos en cuanto podíamos para ver como iba el partido", comentó.
"Para nosotros fue lindo ver como funcionaba, como responden otras sensibilidades a la murga, al menos a lo musical y lo visual, y ver que conecta está buenísimo", agregó sobre el resultado del espectáculo.
Cardozo contó también que hubo cruces con músicos y productores, que consultaban y tocaban con los integrantes de la murga. La experiencia Grammy además significó situaciones divertidas como que cada vez que salían del hotel se generaba un tumulto de público, buscando avistar a alguna figura célebre. "Ver las caras de decepción era muy gracioso, y una forma de graficar también que no estamos en ese universo, pero fue lindo ver que atrás de eso hay gente que arma y ejecuta música por amor puro a la música, que se queda cantaroleando en el lobby de un hotel para horror de recepcionistas. En estos eventos nos damos cuenta de eso, que atrás de todo hay música y eso me encanta. Por un rato nos entendemos aunque no hablemos el mismo idioma", relató.
El director de la Catalina, que en 2024 no participará del concurso oficial de Carnaval, dice que viven los años sin competencia como años "rarísimos".
"El concurso cansa mucho. Lo jugamos con lealtad y entusiasmo, lo sabemos jugar, pero también demanda y no siempre tenemos esa energía. Concursar estando flojos de energía es peligroso, cada tanto nos tenemos que abrir y obligarnos a extrañar, ver a los colegas, no tener el cristal de la competencia". De todas formas, aclara, "todo esto de las giras y los shows está genial, pero lo último que van a ver de la Catalina es subiendo a un tablado. Igual cuando no competís ves el cartel de un tablado, ves la primera murga y te queres matar", contó con una risa.
"Todos los años tienen cuota de incertidumbre, porque decidimos no en base a agenda, sino en base a energías nuestras, lo debatimos y en base a eso se arma agenda del año, para suplicio de nuestro manager".
Cardozo y el platillero de Agarrate Catalina junto a Milo J y su madre La murga tiene por delante en la agenda dos shows junto a León Gieco, el próximo 24 y 25 de noviembre en el Teatro Solís. Cardozo anticipó que seguramente Milo J - que viene a Montevideo para participar del festival América Rockstars - esté en el público.
El rapero argentino recibió de regalo de Cardozo la camiseta de básquetbol de Nacional. "Sabía que Milo es futbolero, hablamos antes y se la llevé. No fue por evangelizar, fue compartir una pasión y algo que nos gusta. Un compañero le llevó un kilo de yerba, llevamos alfajores y mate para compartir. A Bizarrap no se la llevé porque sabía que tenía la camiseta de Nacional, todos charlamos mucho de fútbol en ensayos", reveló.