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Según cuenta la leyenda, Ulises, la novela del escritor irlandés James Joyce (¿acaso se puede afirmar con precisión que es una novela?), es el libro fundamental del siglo XX, el que canalizó, porque es como una verdadera vía de agua, el movimiento modernista y experimental dentro de la literatura y lo metió en embudo en una obra. También dicen algunos que se precian de ser fanáticos que la mejor forma de admirarlo es leerlo y nunca terminarlo. Hasta Jorge Luis Borges, al dar una conferencia sobre Joyce y el Ulises, se vanagloriaba de que solo lo había leído hasta la página 11.

El mito se apoderó del libro y el libro se apoderó de una fecha: el 16 de junio. ¿Por qué? Porque el 16 de junio de 1904 se desarrolla la larga, demencial, astronómica y a la vez cercana odisea de una sola jornada en el que los dos personajes principales, Leopold Bloom y Stephen Dedalus, atraviesan Dublín, la provincia capital de la Irlanda ocupada todavía por los ingleses. Esa vuelta al día en equis cantidad de mundos, donde se superponen los géneros, los recursos de estilo, el humor y la perversión, el naturalismo y el porno, la descripción psicológica, la corriente de la conciencia y el pentámetro yámbico, es el Ulises.

Desde 1954, Dublín es el epicentro de una serie de festejos y recordatorios que se realizan cada 16 de junio, un día bautizado para el mundo literario como "Bloomsday", en honor al personaje protagonista.

Según sigue contando la leyenda (y reafirma Wikipedia), la primera mención al Bloomsday la hizo el propio Joyce, cuando en una carta de 1924, apenas dos años después de publicado el libro, decía que ya había gente en Dublín que conmemoraba el 16 de junio.

Como Ulises, es también un canto de amor a la ciudad y el aspecto geográfico es muy notorio por la cantidad de referencias a calles, plazas, puentes, cementerios, hipódromos, comercios y otros callejones, los organizadores del Bloomsday realizan recorridos guiados por el sendero urbano de Bloom y de Dedalus, así como recrean algunas acciones descritas en el libro. La más jugosa de ellas: un desayuno con riñones fritos. Actores con disfraces de época, carruajes, lecturas en los sitios por donde "pasaron" los personajes, música y hasta una maratón suceden cada 16 de junio en Irlanda.

Pero, con el tiempo, el Bloomsday se ha transformado en un evento internacional. Europa, América y también Oceanía se sumaron a los festejos joyceanos y cada 16 de junio muchas ciudades conforman una cadena mundial para recordar al Ulises.

Luego de algunos festejos por parte del departamento de literatura inglesa de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República, Montevideo había quedado ausente por varios años del Bloomsday.

El martes pasado, la tradición volvió en formato pequeño pero valioso. El café Lalá, ubicado en Frugoni casi Rodó, organizó a través del escritor Ramiro Sanchiz un festejo del Bloomsday. La convocatoria fue muy sencilla. Con una ambientación adecuada de mesas de madera, sillones antiguos y botellitas de vidrio con velas, un puñado de admiradores de Joyce se juntó a escuchar al escritor Amir Hamed, quien leyó un fragmento del célebre monólogo final de Molly Bloom, la esposa de Leopold, quien en un estado entre el sueño y la vigilia piensa en sí misma, en su marido, en sus amantes, en el destino terrenal de la mujer y en cada detalle que se cruza por la mente.

Seguro que hubo otros que, sin asistir a conmemoraciones, abrieron en algún lugar la obra voluminosa (las ediciones en español, que son varias y de diversa calidad en su traducción, casi todas sobrepasan las 700 páginas), leyeron algún fragmento o capítulo, como quien ingiere una hostia literaria, y comulgaron con uno de los libros más emocionantes que salieron de la cabeza y las manos de un escritor. Porque como dijo Hamed el otro día: "El Ulises está vivo".
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