“Sentimos que había una oportunidad en Uruguay para hacer libros que tuvieran nuestras palabras, que tuvieran nuestro idioma. Muchas veces nos llegan libros espectaculares, pero con unas traducciones que dificultan la experiencia. Después de trabajar muchos años en el mundo artístico y dirigiendo la editorial del museo, sentíamos que había un recorrido que nos podía facilitar en términos de la producción. Después nos metimos en un mundo que, la verdad, no conocíamos y que tampoco conocemos ahora, lo hemos ido descubriendo con un poco de inconsciencia y un poco de romanticismo”, dice el editor.
Morisqueta tiene por el momento cuatro títulos y dos de ellos fueron incluidos en la BRAW Amazing Bookshelf, una lista anual que se elabora en la Feria Internacional del Libro Infantil de Bolonia, la más importante del mundo en ese rubro. Noguez dice que para ellos es una especie de milagro que, además, les sucedió por partida doble. Este año la editorial lo consiguió con Las canciones de Natacha, de Juana de Ibarbourou con ilustraciones de Alicia Baladán; antes les había sucedido con su primer libro, El rojo orgulloso, con texto de Alejandra González e ilustraciones de Daniel Kondo, de 2023. En estos libros la ilustración tiene mucho peso, tanto como la palabra escrita. Para sus editores se genera un diálogo que de alguna manera enriquece la obra o la transforma.
Otra editorial del interior que hace goles uruguayos fuera de fronteras es Amanuense. Su historia es particular: nació originalmente en Ciudad de Guatemala en 2009, pero sus fundadores, el matrimonio compuesto por Rodolfo Bolaños y Valia Libenson, se radicó en Colonia en 2016 y, poco a poco, su proyecto se transformó en uno que tiene las raíces bien plantadas en ese departamento.
“Nuestra idea, desde un inicio, fue editar autores contemporáneos y mostrar las voces y el trabajo latinoamericano, tanto de escritores como de ilustradores. Queríamos un fondo editorial que mostrara esa diversidad, las distintas perspectivas que hay sobre la literatura infantil y juvenil. En el momento en que nos mudamos, empezamos a conocer más la literatura uruguaya y rioplatense, y al ubicarnos donde estamos, empezamos a trabajar con muchos más autores locales. Hoy algunos de nuestros autores viven en el departamento de Colonia. Nos fuimos haciendo parte de una comunidad cultural y también nos marcó nuestro sello editorial”, cuenta Bolaños.
En su primera etapa, las notas de prensa mencionaban a Amanuense como una editorial guatemalteca radicada en Colonia. Luego empezaron a nombrarla como editorial coloniense y hoy ya son editorial uruguaya. Ellos, por las dudas, en la última página explicitan que sus libros salen de Colonia del Sacramento, Uruguay. Y así es como los mencionaron en los cinco premios que se ganaron sus libros este año entre la Feria de Bolonia, la Bienal de Bratislava,, en Corea del Sur, Estados Unidos y la inclusión en la lista White Ravens, en Munich.
Del otro lado del Río Negro está Editora del Norte. En la ciudad de Paysandú, cuatro socios integran la dirección de esta editorial de “doble sello” —Editora del Norte y No Excluyentes—, que desde 2019 se propone como la alternativa a la publicación de narrativa más lejana a Montevideo que hay en el país.
“La editorial nace por la imposibilidad de hacer un camino autoral desde el interior”, dice Mario Pons, uno de los responsables de la editorial. “Hace unos años crucé camino con Marco Rivero, que tenía un proyecto de libro y no sabía cómo encauzarlo, y yo estaba en la misma. Así que buscamos hacer el camino de la publicación independiente, pero juntos. En el proceso nos dimos cuenta que el equipo que teníamos era todo el que necesitábamos para hacer una editorial. Teníamos correctores de estilo, diseñadores para el arte de tapa, maquetación. Lo único que no teníamos acá en Paysandú, por fuera del equipo tercerizado, era la impresión. Pero nacimos por eso, porque no encontrábamos manera de colarnos en el mundo editorial.”
“Nos dimos cuenta también de que al norte del Río Negro no había una referencia editorial. Y hoy, transcurridos los años, seguimos tejiendo la regionalidad. Tenemos como el objetivo de hacernos fuertes en el norte, tejer una red desde acá para después sí vincularnos con el este y la capital”, agrega.
Morisqueta, Amanuense y Editora del Norte son, entonces, de las pocas editoriales que buscan hacer el camino desde fuera de Montevideo. En ese puñado también están la duraznense Tierra Adentro, que se dedica a textos de no ficción, y la también coloniense Hurí, que trabaja con poesía y narrativa de autores del departamento y que entre sus últimos títulos se puede encontrar El molino quemado, de José Arenas. Y no muchas más.
Nadar a contracorriente
Leonardo Noguez de Morisqueta lo tiene claro: editar desde el interior del país es “trabajar a contracorriente”. Los tiempos, la distribución y el esquema del sector lo impone Montevideo, y muchas veces acoplarse a eso, incluso en un país de extensión reducida como Uruguay, complica los esquemas económicos de estos emprendimiento que son casi todo corazón y pulmón. Pero también tiene una mirada más luminosa sobre lo que, a veces, permite correrse de la hegemonía del mercado.
“Estás lejos de los principales centros de circulación y de visibilización de los libros, cuesta más llegar, mostrarse, sostenerse, establecer ese vínculo que los editores necesitan a nivel cotidiano con las librerías, con los libreros, y desde ese punto de vista sí es una dificultad. Pero también esa distancia a veces te obliga a desarrollar una mirada propia que por ahí no está tan alineada con las tendencias o las lógicas del mercado. Así que tiene sus pros y sus contras. En nuestro caso, Maldonado ha empezado a ser un lugar activo culturalmente, tiene una gran conexión internacional y eso genera un cruce que es interesante. Y esa es un poco nuestra idea: trabajar desde lo local pero tener una proyección internacional.”
Sobre las librerías, según datos de la Cámara Uruguaya del Libro en el interior hay 96 puntos de ventas de libros, frente a 120 que existen en Montevideo. El dato incluye también a los comercios mixtos como las papelerías, lo que en el caso del interior reduce de forma cuantiosa las librerías a las que este tipo de editoriales pueden llegar.
El siguiente mapa elaborado por la Cámara, además, permite ver que la mayoría de esos puntos de venta están localizados en el sureste del país.
Por eso mismo, la aparición de librerías independientes en ciudades del interior que al mismo tiempo sean testigos de una propuesta cultural que crece termina siendo crucial para estos emprendimientos. Porque quieren salir de fronteras departamentales, pero también ser leídos en su territorio.
Esto es algo que ya empezó a entenderse en el resto del mundo, y que en Latinoamérica tiene exponentes destacados. En Argentina, que tiene uno de los mercados editoriales más grandes y ambiciosos de la región, las editoriales del interior proliferan con éxito —Chai, Azogue, Entre Ríos y más—, pero además ahora también han empezado a surgir librerías especializadas en ellas, como el proyecto Salvaje Federal que lidera la escritora Selva Almada.
En el caso de Editora del Norte, la fundación de El prisma de lunares, una librería independiente “hermana” en el centro de Paysandú, fue clave.
“Queremos subirnos a este ecosistema nacional, acoplarnos, pero nos está resultando extremadamente difícil. Gracias a un porfiado movimiento independiente, hay una movida literaria cultural propia de Paysandú, y la ciudad está fuerte en ese sentido. Además, invitamos a gente de la región y estamos fuertes dentro del departamento. Ahora, hacer camino fuera del departamento, subirnos a este circuito editorial nacional, si es que existe, es muy complicado. Estamos en eso, generando vínculos, creando redes, intentando ser una referencia, un vínculo con el norte del país. Ese es el plan”.
Noguez coincide en que las librerías en el interior y los circuitos que se generan en torno a ellas también son cruciales para romper el montevideocentrismo.
“Hay un montón de factores que te llevan a depender de Montevideo. Los medios de prensa, los medios de edición, las grandes librerías, las ferias. En Maldonado han abierto nuevas librerías, librerías con café, con otros ingredientes, pero es muy importante que exista un ecosistema de librerías, de libreros que también sepan lo que están vendiendo, que no sea simplemente vender objetos. Creo que Montevideo tiene una característica, que el interior por ahí no tiene, de todo ese mundo que rodea a los escritores, a las presentaciones, a los libreros, a las editoriales, a los autores, y que es muy incipiente por lo menos acá.”
Pons está de acuerdo, pero indica que para eso es clave solventar la cuestión económica que acarrea editar desde fuera de la capital: los traslados, los precios, la logística.
“La distribución es clave. Porque para un editorial o para un escritor del norte, presentar un libro en Maldonado, en Treinta y Tres o en Rivera es igual o más difícil que presentarlo en Montevideo. Y por eso corremos el riesgo de pensar la escritura desde el interior como un lujo burgués para quien se pueda costear la visibilidad. Nosotros queremos que ese camino sea colectivo y cooperativo.”
Bolaños, de Amanuense, tiene muy fresco el contrapunto de cómo cambió esa relación para ellos.
“Nosotros elegimos vivir en Colonia, y con esa decisión venía la editorial y nuestras dos mascotas. Sabíamos que pasar de Ciudad de Guatemala a Colonia iba a traer dificultades, principalmente logísticas. Hoy es el tema más importante. A veces te puede dar risa, pero el costo de un traslado de libros entre Montevideo y Colonia puede casi ser la mitad del precio entre Montevideo y Estados Unidos. Nosotros tratamos de concentrarnos en un movimiento al mes u optimizar esos costos, porque de lo contrario te comen”.
“Por otro lado”, agrega, “ganamos al vivir en una ciudad del interior por otras razones. Por el momento puedo decir que Colonia a veces se siente muy lejos de Montevideo, y a veces se siente muy cerca. Lo que nos interesaba era el entorno donde ser más creativos y poder trabajar de mejor forma. Y eso ha cambiado muchísimo con las nuevas tecnologías. Prácticamente estamos conectados todo el tiempo con distintos lugares, con distintas personas, no importa el lugar donde estés. Pero estar fuera también te aleja de otras cosas. De discusiones que se están tratando ahora, o de las políticas públicas.”
En ese sentido, Bolaños menciona la discusión por el precio único del libro, o la falta de incentivos públicos para que editoriales del interior viajen a las ferias o a los eventos que se desarrollan en la capital, como sí existe de forma opuesta, de Montevideo hacia el interior.
“No hay ningún tipo de estímulo, así que es difícil poder participar en igualdad de condiciones. Allí es donde creo que falta todavía un poco de comprensión hacia lo que significa editar desde el interior.”
De todos modos, las tres editoriales que participan en esta nota mantienen el entusiasmo y, con premios internacionales que las avalan o por el lugar que empiezan a ocupar como referentes territoriales en la literatura del país, redoblan su apuesta y corren la atención, una vez más, de los centros acostumbrados.
Los últimos libros de las editoriales
Editora del Norte
Dos de los últimos títulos destacados de la editorial de Paysandú son Pequeña memoria: La vida, ese torrente, las memorias de María Elia Topolansky, y Demonios Menores, de Mario Pons.
Morisqueta
La editorial de Maldonado acaba de lanzar dos libros al mercado que recuperan dos títulos de autores fundamentales del país: el premiado Las canciones de Natacha, de Juana de Ibarbourou con ilustraciones de Alicia Baladán, y La pelota, de Felisberto Hernández, ilustrado por Diego Bianki.
Amanuense
En el caso de la editorial coloniense, uno de los últimos títulos es Historia de un árbol, escrito por Ricardo Cie e ilustrado por Wen-Hsu Chen.